Presentan una “vacuna” útil en el 90% de los casos de cáncer

InMucines un fármaco presentado como vacuna que según sus creadores permite destruir las glicoproteínas MUC1 alteradas que protegen las células tumorales gracias a lo cual el sistema inmune puede acabar con ellas; incluso en los casos de algunos cánceres agresivos. Ya se ha experimentado en enfermos con buenos resultados en el 80-90% de los casos. Lo singular es que existe en numerosos vegetales una sustancia, la apigenina, que consigue eso mismo; son los casos del perejil, el apio, el tomillo, la hierbabuena, la menta, la manzanilla, la cola de caballo, la melisa, la verbena, la camomila y el espino blanco entre otros. Hasta el vino tinto contiene apigenina.

Que nadie se llame a engaño: InMucines un esperanzador avance y la enésima constatación de que el cáncer no se debe afrontar agrediendo al organismo con productos tóxicos y radiaciones sino desintoxicándolo, equilibrándolo bioquímica y energéticamente, nutriéndolo para evitar carencias y potenciando el sistema inmune por lo que no es la solución aunque pueda ser útil. De hecho cada vez hay más investigadores que se centran en potenciar el sistema inmune planteándose algunos -como en el caso que nos ocupa- el uso de productos basados en antígenos que potencien -junto a otras sustancias de constatada eficacia- las defensas.

Recordemos que un antígeno es toda sustancia extraña al organismo que hace que el sistema inmune, al detectarla, produzca anticuerpos a fin de inactivarla o eliminarla. Anticuerpos que pueden ser genéricos o específicos, es decir, especializados en ese antígeno concreto. Llamándose epítopo o «determinante antigénico» a la zona en la que el anticuerpo se une al antígeno.

Pues bien, existe en nuestro organismo una glicoproteína llamada mucina 1 (abreviadamente MUC1) que se encarga de proteger a las células de posibles infecciones por patógenos impidiendo que los microbios -y algunas toxinas- lleguen hasta ellas; mucina que se encuentra también presente pero alterada y sobreexpresada en el 80-90% de los cánceres.

Y los investigadores de los que esta vez nos ocupamos lo que han hecho es elaborar una «vacuna» -en realidad un fármaco que hace reaccionar al sistema de defensa- con una cadena corta de péptidos intracelulares derivados de las MUC1 alteradas… que son diferentes a las MUC1 de las células sanas ya que tienen cadenas glucídicas laterales más cortas.

De hecho no es el único antígeno que puede usarse en un fármaco-vacuna para el cáncer. Hay muchos y como no es posible estudiar todos el Instituto Nacional del Cáncer estadounidense puso en su momento en marcha un estudio titulado The Prioritization of Cáncer Antigens: A National Cáncer Instituto Pilot Project for the Acceleration of Translational Research (Priorización de los antígenos anticancerígenos: proyecto piloto del Instituto Nacional del Cáncer para la aceleración de la investigación transaccional) que atendiendo a complejos criterios los clasificaría en función de su interés terapéutico. Y en esa clasificación el segundo lugar lo ocupa el antígeno MUC1 alterado, glicoproteína de alto peso molecular cuya función natural es como decimos dotar de una barrera protectora a las células de muy diversos órganos. Correspondiéndole el primer lugar a la proteína WT1 que en unos casos reprime y en otros activa la transcripción de numerosos genes.

El caso es que se sabe que en el 80-90% de los tumores la MUC1 está alterada y sobreexpresada facilitando el crecimiento de las células cancerosas -y las posibles metástasis- ya que impide que las células del sistema inmune las ataquen. Numerosos estudios han constatado que así sucede al menos en los cánceres de colon, mama, ovario, pulmón y páncreas, entre otros. Y de ahí que desarrollar un producto que impida a la MUC1 alterada de los tumores proteger a las células cancerosas parezca una buena idea. Para lo que se ha pensado, como antes explicamos, usar cadenas peptídicas de esas MUC1 alteradas procedentes de células cancerosas a fin de inocularlas en el organismo y que el sistema inmune las detecte y desarrolle anticuerpos que las inactiven o destruyan. Porque haciendo eso los tumores quedarán sin su protección.

¿Y funciona? Pues al parecer sí. Un equipo de científicos de la Universidad de Georgia y de la Clínica Mayo de Arizona -ambas en Estados Unidos- constataron recientemente -el trabajo se publicó en diciembre pasado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)- que al menos en ratones logra reducir el tamaño de los tumores de mama y páncreas. Según Geert-Jan Boons, profesor de Química, investigador del Centro Oncológico de la citada universidad y coautor del estudio, provocó una respuesta inmunitaria «muy fuerte» que llevó a una reducción media del tamaño de los tumores del 80%. Además constataron que la MUC1 está sobreexpresada en el 90% de los tumores de mama calificados como «triple negativos» -por la falta de expresión de receptores estrogénicos, progestínicos y de erbB2 (her2/neu)-, extremadamente agresivos y difíciles de tratar.

«Es la primera vez -diría Sandra Gendler, coautora del estudio- que se ha desarrollado una vacuna que entrena al sistema inmune para distinguir y eliminar las células cancerosas en función de sus diferentes estructuras de azúcar en proteínas tales como la MUC1. Y estamos especialmente entusiasmados ante el hecho de que la MUC1 ha sido reconocida por el Instituto Nacional del Cáncer como una de las tres proteínas tumorales más importantes para el desarrollo de vacunas”.

INMUCIN

Ese grupo norteamericano no es sin embargo el único que investiga en esta línea ni el que va más adelantado. Una empresa israelí -la Vaxil Therapeutics– ya ha desarrollado de hecho una vacuna bautizada como ImMucin que contiene -como antes adelantamos- una fracción peptídica sintética compuesta de pequeños fragmentos intracelulares de MUC1 que está siendo probada hoy no ya en animales sino en enfermos de cáncer. Julián Levy, el dueño de la compañía, declararía al respecto: «En el cáncer el cuerpo sabe que algo no anda bien pero el sistema inmune no sabe cómo protegerse del tumor como hace ante una infección. Y es que las células cancerosas no dejan de ser células del propio organismo. Además el enfermo de cáncer tiene deprimido su sistema inmune, tanto por la enfermedad como por el tratamiento. De hecho cuando se recurre a la quimioterapia -de terribles efectos secundarios- las células cancerosas mutan para protegerse de los fármacos que se usan para atacarlos ya que poseen una especial habilidad para ello. Nuestra vacuna, en cambio, está diseñada para solventar ese problema«.

«Hemos conseguido -declararía por su parte a BioTuesdays.com el doctor Lior Carmon, cofundador y Director General de Vaxil Therapeuticsuna sólida respuesta específica a la MUC1 a partir de dos tipos de células importantes del sistema inmune: las T-CD4 y las T CD8. En todos los pacientes. Lo que no es un resultado trivial para ninguna vacuna pero menos aún para una como ImMucin que utiliza una secuencia corta del marcador MUC1. Y el hecho de que hayamos sido capaces de inducir así una respuesta inmune tan fuerte contra el MUC1 procedente de tumores nos da ventaja sobre otros métodos que están utilizando secuencias mayores con respuestas inmunes más débiles«. Y es que según los creadores al atacar ImMucin exclusivamente las células que contienen la MUC1 alterada carece de los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos habituales; además al ser muy específica y alta su respuesta se hace menos necesaria en las vacunas una presencia sustancial de productos químicos adyuvantes.

Todo esto empezó con un trabajo titulado ImMucin: A novel therapeutic vaccine with promiscuous MHC binding for the treatment of MUC1 -expressing tumors que explica que cuando se puso en contacto la vacuna con linfocitos aislados de trece donantes sanos la activación de los linfocitos fue del 100% en todos los casos; cuando otras vacunas probadas sólo han logrado la activación del 40-60%. Además, cuando se repitió el experimento con linfocitos aislados de nueve pacientes con cáncer que expresaban altas cantidades de MUC1 la activación se produjo en el 90% de los casos; en los otros sin embargo se activaron sólo en un 20-50%. El siguiente paso se dio con ratones a los que se inocularon células cancerosas y luego se les aplicó la vacuna reforzada con factores estimulantes de colonias de granulocitos y macrófagos a fin de mejorar aún más la estimulación del sistema inmune lográndose una supervivencia mucho mayor que con la vacuna testigo que se utilizó para comparar. Hay que decir sin embargo que los ratones a los que sólo se inyectó la sustancia estimulante tuvieron también una supervivencia bastante buena lo que abre el camino a una reflexión que abordamos más adelante.

ENSAYO EN HUMANOS

Cabe añadir que en la actualidad la vacuna combinada con factores estimulantes de colonias de granulocitos y macrófagos se está evaluando en un ensayo clínico fase II en el Centro Médico Hadassah de Jerusalén; concretamente en pacientes con mieloma múltiple, cáncer hematológico en gran medida incurable que se caracteriza por la acumulación de células plasmáticas malignas en la médula ósea. Para participar en el ensayo los enfermos tenían que haber experimentado una recidiva del cáncer tras un período de remisión por lo que sólo se incluirían en él a quince pacientes de los que en el momento de escribir este texto habían sido tratados diez; y si bien los datos conocidos en la fase intermedia del ensayo se refieren sólo a siete -que son los que ya habrían terminado el tratamiento- los resultados provisionales indican que la vacuna tiene un perfil de seguridad muy alto careciendo de efectos secundarios (a excepción de una leve irritación local que desapareció en 24 horas sin necesidad de tratamiento). En cuanto a su eficacia los investigadores aseguran que demostró su capacidad para generar una respuesta inmune fuerte y específica de T CD4 y T CD8 en todos los pacientes entre la segunda y la cuarta dosis (a todos se les da un máximo de 12 dosis). En algunos de los pacientes se logró además la estabilización o disminución de los marcadores de la enfermedad y una disminución de la carga global al mes del tratamiento. Logrando tres de los pacientes una mejoría casi completa. «Los resultados son muy alentadores pero preliminares – reconocería el Dr. Carmon- ya que hay que hacer nuevos estudios con un mayor número de enfermos«. Añadiendo que a su juicio la vacuna podría aplicarse en el 90% de los tumores, sólidos o no. Habrá pues que esperar.

LA APIGENINA

O no. Porque resulta que existe un bloqueador natural de la MUC1 alterada: un flavonoide conocido como apigenina. Hablamos de una sustancia vegetal de propiedades antioxidantes que se encuentra en el perejil, el apio, el tomillo, la hierbabuena, la menta, la manzanilla, la cola de caballo, la melisa, la verbena, la camomila y el espino blanco, entre otros vegetales; hasta el vino tinto contiene apigenina.

Hace ya tiempo se constató en laboratorio que la apigenina inhibe la proliferación celular en una amplia variedad de tumores sólidos y cánceres hematológicos. En 2005 por ejemplo se publicó en Life Science un estudio en el que se afirmaba que tiene un fuerte potencial frente al cáncer cervical. Y en 2009 un equipo norteamericano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard realizó un estudio comparativo sobre el consumo de flavonoides en mujeres con y sin cáncer de ovario -se publicó en International Journal of Cáncer– concluyendo que la ingesta de apigenina logra «una reducción significativa» del riesgo de desarrollar cáncer de ovario.

Y hay más ejemplos: en 2010 Maikel Peppelenbosch -de la Universidad de Groningen (Holanda)- constató que la apigenina es capaz de detener el desarrollo de dos tipos de células cancerosas en casos de leucemia. «La apigenina -escribió Peppelenbosch en el estudio publicado en Cell Death and Disease- puede ser un agente preventivo útil contra la leucemia pero no debe tomarse al mismo tiempo que la quimioterapia cuando la enfermedad ya está establecida porque podría obstaculizar los efectos positivos del tratamiento«. Y un estudio de la Universidad de Missouri (EEUU) publicado en mayo de 2012 en Hormones and Cáncer constató que la apigenina disminuye un tipo de tumor de cáncer de pecho que es estimulado por la progestina. «Éste es el primer estudio -explicaría el coautor del trabajo Salman Hyder, profesor universitario de Ciencias Biomédicas- que demuestra que la apigenina -que se puede extraer del apio, del perejil y de muchas otras fuentes naturales- es eficaz contra las células cancerosas humanas de pecho que habían sido influenciadas por cierta substancia química usada en la Terapia Hormona Sustitutoria«. En el estudio Hyder y sus colegas implantaron células de un cáncer de pecho humano de mortal y rápido crecimiento conocido como BT-474 en ratones, algunos de los cuales fueron tratados con una progestina común que se receta a las mujeres posmenopáusicas mientras el otro grupo fue tratado con apigenina. Pues bien, los tumores crecieron rápidamente en los ratones que no recibieron apigenina mientras que en los que la recibieron se redujeron. «Sabemos -explicaría Hayder- que la apigenina redujo la progresión de las células humanas cancerosas de pecho de tres maneras: induciendo la apoptosis o suicidio celular, inhibiendo la proliferación celular y reduciendo la expresión de un gen asociado al incremento del cáncer. Los vasos sanguíneos que alimentan a las células cancerosas también tenían un diámetro más pequeño en los ratones tratados con apigenina (comparados con los de los ratones no tratados) provocando una restricción del flujo nutritivo que pudo servir para matar de hambre las células tumorales y limitar su capacidad para extenderse. Sin ningún efecto secundario tóxico incluso a altas dosis. A fin de cuentas la gente la ingiere de forma natural desde tiempos prehistóricos porque se halla en las frutas y verduras«.

En febrero de 2011 un equipo de investigadores del Dana-Farber Cáncer Institute de la Universidad de Harvard (EEUU) diseñó por su parte un protocolo para buscar moléculas que les permitieran bloquear la MUC1 y comprobaron igualmente que la apigenina es un excelente inhibidor de la MUC1-CD (fragmento de MUC1 correspondiente a la zona citoplasmática). «Nuestros resultados demuestran -afirmarían los investigadores- que la apigenina bloquea la formación de dímeros MUCí-CD en las células, disminuye la expresión de MUC1 e induce la muerte celular de las células cancerosas«.

Cabe añadir que en agosto del pasado año un estudio chino demostró que la apigenina inhibe la proliferación e induce la apoptosis en células humanas de mieloma múltiple. «Se ha constatado -aseverarían- que la apigenina, un flavonoide común, inhibe el crecimiento de una amplia variedad de tumores sólidos y cánceres hematológicos«. Reafirmando claramente en las Conclusiones sus posibilidades ante el melanoma: «Nuestros resultados sugieren que el principal mecanismo por el que la apigenina destruye las células de mieloma múltiple es porque se enfoca en las proteínas CK2-Cdc37-Hsp90; lo que pone de manifiesto su potencial terapéutico en el tratamiento del mieloma múltiple«.

Ante todo esto cabe preguntarse por qué si la apigenina bloquea la MUC1 alterada y hasta acaba con las células de mieloma están aún los oncólogos esperando a que la vacuna se apruebe cuando encuentra en numerosos vegetales de forma natural y carece de toxicidad (sabiendo que si se empeñan en dar a sus enfermos quimioterapia deberán valorar posibles interferencias).

¿Tendrán atrofiado el cerebro? ¿O es que sencillamente no quieren enfrentarse a la industria? La respuesta es obvia y así lo denunció abiertamente el ya citado Salman Hyder: «Los ensayos clínicos de la apigenina con seres humanos podrían comenzar mañana mismo pero como se obtiene fácilmente y las compañías farmacéuticas no pueden beneficiarse del tratamiento no van a poner dinero para estudiar algo que cualquiera puede hacer crecer en su jardín«.

FACTORES DE CRECIMIENTO DE COLONIAS

Todo esto pone nuevamente de relieve el valor de las sustancias naturales presentes en los vegetales de uso común a la hora de afrontar el cáncer pero también permite reivindicar -una vez más- el trabajo del investigador español Antonio Brú, injustamente arrinconado por oncólogos e investigadores españoles por tener la osadía de situar al sistema inmune -y más concretamente a los neutrófilos- en el centro de la cura del cáncer (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Antonio Brú: «Hemos demostrado que el cáncer se puede superar potenciando el sistema inmune» y Antonio Brú: «Me estoy planteando abandonar mis investigaciones sobre cáncer porque no he conseguido dinero para desarrollarlas» publicamos en los números 74 y 102 respectivamente).

Porque los creadores de InMucin han añadido a la vacuna ¡factores de crecimiento de colonias de granulocitos! (G-CSF por sus siglas en ingles) -proteínas naturales que produce el cuerpo- porque se sabe que su presencia masiva aumenta la producción de granulocitos, macrófagos y neutrófilos. Y ésa es precisamente la piedra angular de la propuesta terapéutica que hace ya años hizo Antonio Brú y los oncólogos, en su infinita ignorancia y soberbia, despreciaron.

De hecho hoy hay suficiente evidencia científica para sostener que los G-CSF pueden ser útiles en el tratamiento del cáncer porque está demostrado que su administración aumenta la producción de neutrófilos y que éstos producen mediadores citotóxicos que pueden acabar con las células cancerígenas. Pero es que además, tal y como sostiene Brú, el aumento de neutrófilos promovido por los G-CSF provoca tal presión sobre el tumor que provoca su asfixia hasta la necrosis. Hay ya además muchos estudios -en humanos, no en animales- que demuestran que su administración es beneficiosa en casos de cáncer y, sin embargo tal terapia está ¡prohibida!

Y eso que en los últimos años han proliferado los estudios que profundizan en el uso de los factores de crecimiento de colonias de granulocitos como herramienta antitumoral. Un grupo de investigadores italianos especialistas en Dermatología publicó por ejemplo en 2005 en Japanese Journal of Clínica/ Oncology un estudio titulado Completa remisión de metástasis cerebrales en tres pacientes con melanomas en fase IV tratados con BOLD -un combinado quimioterápico y G-CSF– diciéndose en las conclusiones: «Creemos que la brillante respuesta de recuperaciones totales, la larga duración de los intervalos libres de enfermedad y la supervivencia a largo plazo en al menos tres de los ocho pacientes deberían alentar una mayor investigación sobre el tratamiento conjunto de BOLD y G-CSF en el tratamiento del melanoma avanzado«. Además, esos médicos italianos citan en su trabajo otras referencias científicas que avalan la capacidad antitumoral de los G-CSF. «Todas estas observaciones -agregarían en su trabajo- conducen a la hipótesis de que el G-CSF puede ser útil para tratar las metástasis cerebrales no sólo por la prevención de leucopenia sino también por la promoción de la permeabilidad de la barrera hematoencefáüca y la recuperación periférica de las neuronas normales«. Obviamente hay muchos más estudios pero no los citamos por razones de espacio.

Terminamos indicando que cada vez más investigadores reconocen que los neutrófilos pueden jugar un doble papel. Lo explicaría el doctor A. McGarry Houghton -de la Universidad de Pittsburg (EEUU)- en un artículo de 2010 titulado The paradox of tumor-associated neutrophils: FueHng tumor growth with cytotoxic substances en el que asegura -tras revisar la literatura científica existente- que pueden tanto activar el crecimiento tumoral «a través de la liberación de especias reactivas de oxígeno y proteinasas” como «resultar tóxicas para las células tumorales cuando se hallan en altas concentraciones«. Por lo que sugiere buscar un medio seguro de generar neutrófilos citotóxicos en el microambiente tumoral.

Por nuestra parte terminamos siendo claros y concisos: en casos de cáncer hay que desintoxicar el organismo, equilibrarlo bioquímica y energéticamente, nutrirlo y potenciar el sistema inmune. En las frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales, semillas, frutos secos y agua de mar están todos los ingredientes que se necesitan. No espere pues a que alguien se lo demuestre «científicamente”: está fehacientemente constatado.

Antonio F. Muro

https://www.dsalud.com/reportaje/presentan-una-vacuna-util-en-el-90-por-ciento-de-los-casos-de-cancer/

Fuente; Revista Discovery Salud. Número 151-Julio-Agosto 2012

 

22/09/2022