Las inundaciones de Yemen dejan sin nada a unas 300.000 personas

24/08/2020

En torno a 300.000 yemeníes han perdido sus hogares, sus cosechas, su ganado y sus pertenencias en las catastróficas inundaciones que desde hace tres meses han asolado un país de por sí diezmado por la guerra, el hambre y la enfermedad, acreedor una vez más de la descripción de la mayor crisis humanitaria de la actualidad, según ha informado este viernes la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Hay ocho provincias especialmente afectadas por las inundaciones: Marib, Amran, Hajjah, Al Hodeida, Taiz, Lahj, Adén (la sede del Gobierno reconocido por la comunidad internacional, en lucha contra la insurgencia huthi) y Abyan, y al menos 148 personas han muerto por los deslaves y desbordamientos que han acompañado a las lluvias torrenciales.

En Hababa, por ejemplo, la súbita ruptura de la presa de Al Roone provocó un torrente de 250.000 metros cúbicos de agua que afectó a miles de desplazados en los campamentos de Al Tahsin, Souq al Lill y otros más.

«Entre los nuevos desplazados se encuentran personas que ya habían escapado de sus hogares por la guerra y que una vez más se ven obligadas a reconstruir sus vidas y sus comunidades», ha lamentado el portavoz de la organización, Andrej Mahecic, durante una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones de Ginebra (Suiza).

El portavoz ha descrito sin paliativos una situación crítica en la que muchos de los desplazados «ya vivían en la pobreza abyecta, a menudo en refugios improvisados o superpoblados, hechos con láminas de plástico o barro que han sido arrastrados o han sufrido daños importantes».

Decenas de miles de afectados buscan ahora refugio en mezquitas, escuelas o con familiares, en edificios abandonados, algunos de los cuales corren el riesgo de derrumbarse, o en lo que quede de sus hogares dañados, prácticamente a la intemperie. «Los niveles de desesperación están aumentando a medida que ésta crisis, la peor crisis humanitaria del mundo, alcanza nuevas profundidades», ha lamentado.

La agencia ha mostrado además su preocupación porque las comunidades desplazadas son extremadamente vulnerables a la pandemia de COVID-19, y muchas de ellas no pueden practicar el distanciamiento social o físico, acceder a agua potable para lavarse las manos o adoptar otras medidas para prevenir la transmisión del virus.

Asimismo, ACNUR advierte de la posibilidad de que miles de personas más se vean afectadas en las próximas semanas porque la temporada de lluvias todavía no ha terminado y muchas presas están al borde del colapso tras años de abandono debido al conflicto. En Marib, por ejemplo, la presa ha alcanzado el nivel de desbordamiento y pone en peligro no solo a los campamentos de desplazados, sino a las partes más bajas de la propia ciudad.

Aunque ACNUR ya ha puesto en marcha operaciones para contener los daños, la agencia de la ONU avisa de que su capacidad «sigue estando limitada por una grave falta de financiación». «En los niveles actuales, nuestras reservas de refugio y artículos de socorro se agotarán en cuestión de semanas», ha avisado el portavoz, quien recuerda que más del 80% de la población total de Yemen necesita asistencia humanitaria, y que cerca de cuatro millones de desplazados internos, repatriados, refugiados y solicitantes de asilo dependen ahora de la ayuda humanitaria regular para sobrevivir.

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25/08/2020