Número 255 – Enero 2022

No existe ni ha existido nunca una enfermedad pandémica provocada por un coranovirus llamado SARS-CoV-2, es más, ni siquiera está demostrada su existencia y, por tanto, sus supuestas <<variantes>>. Y lo peor es que incluso si existiera ese coronavirus todas las medidas políticas y sanitarias adoptadas en los dos últimos años –mascarillas, confinamientos, distancia social, “pasaporte Covid”, fármacos y vacunas- han carecido –y carecen- de sentido. Se trata simplemente de un gigantesco montaje que lleva años preparándose, la inmensa mayoría de la sociedad se ha creído y forma parte del intento de imponer un Nuevo Orden Mundial. La Covid-19 ha sido solo la <<llave>> para poner en marcha el Gran Reinicio o Gran Reseteo que quiere acabar con los sistemas democráticos y obligar a la gente a aceptar lo que llaman la <<nueva normalidad>>.

Lo explicamos en un artículo dedicado a ello en este mismo número de la revista que fue, por cierto, la primera publicación del mundo en denunciar la farsa de forma global documentándolo rigurosa y extensamente. Veamos pues un breve resumen esquemático de lo que hemos publicado. Resta añadir que este breve resumen corresponde básicamente a las noticias y reportajes elaborados –entre otros- por nuestros compañeros Antonio Muro, Jesús García Blanca y quien esto firma por lo que algunos de los párrafos son textuales.

Seamos claros y concisos: la Covid- 19, presunta enfermedad pandémica achacada a un supuesto coronavirus denominado SARS-coV-2, es una completa farsa y estas son las razones:

  • ¡No existe ni ha existido nunca una pandemia!

El Fondo de Población de las Naciones Unidas aseveraba a 8 de diciembre de 2021 que en el mundo había registrados 266.504.411 <<casos>> de Covid-19 y habrían fallecido por su causa 5.268.849 personas (https://www.unfpa.org/es/data/world-population-dashboard). Pues bien, como en la Tierra hay según ese mismo organismo 7.875 millones de habitantes se habría infectado el 3,38% y muerto el 0,066%. En pocas palabras, tras casi dos años de supuesta pandemia el 96,62% de la población no se ha << infectado>> y el 99,93% ha sobrevivido a tan <<peligrosísimo virus>>.

Eso aceptando que las cifras oficiales sean reales cuando ni eso es verdad porque cuando se habla de casos <<confirmados>> de contagio lo que se está reflejando es cuántas personas han dado <<positivo>> a los test y la fiabilidad de estos es NULA como hemos explicado ampliamente en varias ocasiones y luego comentaremos.

Y cuando se habla de muertos <<por>> Covid-19 se está reflejando cuántas personas dieron positivo a los test tras fallecer y eso lo que indicaría –en el supuesto de que fueran creíbles, que no lo son- es que murieron <<con Covid y no <<por>> Covid. De hecho, la inmensa mayoría de los poco más de cinco millones de fallecidos que se achacan al SARS-CoV-2 eran personas de más de 70-80 años que padecían simultáneamente varias <<enfermedades>>, estaban polimedicadas y sus sistemas inmune se encontraban muy deteriorados. Todo profesional de la Medicina sabe que solo hay una manera aceptable de saber de qué ha muerto alguien, y es haciéndole una autopsia. Pretender que alguien ha muerto <<por>>  Covid-19 solo porque dio positivo a un test de antígenos o a una PCR es una auténtica burla, una tomadura de pelo que solo fue posible porque las autopsias las desaconsejó/prohibió de forma expresa desde el principio la Organización Mundial de la Salud (OMS) alegando –demagogica y falsamente- la <<peligrosidad>> de ese acto ante el asombro –expresado públicamente- de multitud de patólogos. Todo indica pues, que la OMS prohibió las autopsias en el mundo precisamente para poder alegar que todos los que dieron positivo a los test murieron por Covid-19 y nadie pudiera cuestionarlo mediante análisis forenses. Es más, no consta que se haya encontrado el virus en cadáver alguno y se haya cultivado para comprobar su patogenicidad.

En resumen, ni siquiera admitiendo las cifras oficiales de supuestos <<contagiados>> y <<muertos por>> Covid puede afirmarse que existe en el mundo un peligroso coranovirus que ha provocado una pandemia porque oficialmente –insistimos- la supervivencia es del ¡99,93%!

  • Con la antigua definición la Covid-19 no habría podido considerarse una enfermedad pandémica

La Covid-19 fue declarada una enfermedad pandémica por la OMS el 11 de marzo de 2020 –el 30 de enero  ya la había considerado <<una emergencia de salud pública de preocupación internacional>> y fue posible porque once años antes –en mayo de 2009- ese organismo decidió cambiar los criterios para declarar una pandemia y así imponer más fácilmente sus propuestas y medidas a los gobiernos, algo que sugiere que esta <<pandemia>> lleva muchos años planificándose.

De hecho, la OMS  ya había alertado en apenas unas décadas del peligro de muy distintos virus: el VIH al que se achaca el SIDA, el Aphthovirus al que se achaca la fiebre aftosa, el SARS-CoV al que se culpa del Síndrome Respiratorio Agudo Severo, el H5N1 que se supone dio lugar a la <<gripe aviar>>, el Virus H1N1/09 Pandémico que dicen causó en humanos la supuesta pandemia de gripe A, el MERS-CoV al que se achacó el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, el virus del ébola y el virus Zika. Sin olvidar a los <<re-contra-súper-peligrosísimos>> priones que “obligaron” a ejecutar a decenas de millones de vacas.

Tales <<alertas sanitarias>> fueron igualmente una farsa –el tiempo lo demostró- y si la sociedad las asumió es porque ingenuamente creía –y aún cree- que la OMS es un organismo científico, riguroso, serio y fiable ignorando que hoy está controlada por un pequeño grupo de personas, entidades y empresas que se autocalifican de altruistas y filantrópicas, y son las que proporcionan el 82% de su presupuesto (los estados solo aportan ya a la OMS el 18%). Entidades filantrocapitalistas entre las que están la Fundación Bil y Melinda Gates, la Alianza GAVI –que también controlan los Gates y en la que trabajó  el actual Director General de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus-, TEPHINET –red de intervención en programas de entrenamiento en Epidemiología y Salud Pública creada en 1980 por la propia OMS pero controlada por Bill Gates al ser el principal <<donante>>, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) y el Epidemics Intelligence Service (EIS), división especial de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos que cuenta con unos dos mil agentes en puestos claves de los servicios de salud y otros departamentos estatales, agencias internacionales, escuelas, universidades e instituciones privadas estadounidenses así como de organismos de muchos otros países, incluida España en la que influye primordialmente desde el Instituto de salud Carlos III de Madrid creado en 1986.

Y es que Bill Gates lleva tres décadas creando una tupida red de organizaciones sanitarias que controla tanto mediante inversiones como haciendo “donaciones” y su intención –confesada públicamente- es inocular vacunas a toda la población del planeta “por su bien” y de ahí que promoviera la llamada Agenda de Inmunización 2030 de la OMS (https://www.who.int/immunization/IA2030­_draft­_4_WHA_SP.pdf).

Obviamente la farsa de la Covid-19 no hubiera sido posible sin la estudiada escenografía que tuvo lugar en todo el mundo con clara implicación de organizaciones internacionales, gobiernos, parlamentos, partidos políticos, sindicatos, colegios de médicos, enfermeros, farmacéuticos y biólogos, sociedades <<científicas>>, periodistas, fuerzas de seguridad del estado y otros colectivos cuyos responsables o son unos ignorantes o cómplices directos que saben y apoyan el verdadero objetivo de todo este gigantesco tinglado. Destacando muy especialmente en él los más importantes medios de comunicación del mundo porque son los que controlan el 95% de la información del planeta y pertenecen a los mismos grupos de poder. Quien piense que las grandes cadenas de televisión, radio y prensa del mundo son independientes, objetivas y ecuánimes ¡vive en la más completa inopia!

  • La existencia del supuesto SARS- CoV-2 ni siquiera está demostrada.

Lo llevamos denunciando desde que empezó la farsa y las razones son estas:

  • No hay un solo trabajo riguroso publicado que demuestre que el presunto SARS CoV-2 ha sido aislado, purificado y secuenciado por lo que su existencia sigue sin demostrarse. En su día pedimos directamente a varios responsables de la OMS y otras instituciones las pruebas de ello y siempre nos remitieron al trabajo del propio equipo chino que aseguró haberlo aislado y secuenciado cuando en realidad nunca ha dado a conocer en detalle su trabajo.
  • Se han publicado micrografías que aseguran ser del virus pero no prueban nada por sí mismas ya que para validarlas deben ir acompañadas de los experimentos y manipulaciones que permitieron obtenerlas indicando en ellas a qué trabajo pertenecen. Micrografías, por cierto, cuya similitud con las de otros supuestos virus es bien patente.
  • En los meses siguientes aparecieron decenas de miles de grupos que aseguraron haber obtenido el ARN del SARS CoV-2. Según un documento técnico de la OMS publicado en noviembre de 2020 se habían puesto ya a disposición pública000 supuestos genomas del SARS CoV-2. Sin embargo, lo que realmente hicieron fue detectar cierto ARN utilizando técnicas genéticas como la PCR. Se limitaron pues a asumir que la secuencia de ARN del equipo chino era correcta y ver si los test lo <<detectaban>> en las muestras.
  • Recordemos que China comunicó a la OMS el 31 de diciembre de 2019 que había detectado “casos de neumonía de etiología desconocida en Wuhan” entre 12 y 29 de este mes. Habían dado todos <<positivos>> a distintos virus asociados a enfermedades respiratorias pero apenas una semana después –el 7 de enero. Achacaron todos los casos a “un nuevo coranovirus” que además ¡habían logrado aislar! Una rapidez inusitada poco creíble porque la mayoría de los virus presuntamente patógenos conocidos que se dice existen ni siquiera han sido aislados y secuenciados ¡a día de hoy!
  • Se olvida interesadamente que los virus son casi indistinguibles de las partículas celulares de desecho y de los exosomas, microvesículas celulares que producen nuestras células cuando se estresan debido a la presencia de sustancias tóxicas, radiaciones electromagnéticas, infecciones y reacciones defensivas del sistema inmune.
  • ¿Cómo pueden creerse los médicos, microbiológicos y virólogos que en las últimas semanas de 2022 hayan podido aislarse y secuenciarse tantas “nuevas cepas” del presunto SARS CoV-2? ¿Se ha logrado en tan poco tiempo cuando siguen sin aislarse y secuenciarse virus que oficialmente llevan décadas contagiando? Incluso tienen la osadía de asegurar que ya tienen test para detectar cada una de las variantes. Es tan ridículo que mueve a risa.
  • Igualmente mueve a risa aceptar que el supuesto SARS- CoV-2 exista y dos años después siga sin resolverse la polémica de si es de origen natural –y cuál fue el hospedador intermedio- o artificial, creado y modificado en laboratorio como postulan el Premio Nobel Luc Montagnier, el profesor de la Universidad de Illinois Francis Boyle o el biólogo español Máximo Sandín, entre otros. Claro que ¡ninguno de ellos ha trabajado con el virus! Lo que hizo Montagnier por ejemplo es comparar la secuencia publicada por los chinos del supuesto ARN del SARS-CoV-2 con otras secuencias genómicas, entre ellas la que se achaca al presunto VIH que dicen causa el SIDA. En suma, ninguno de ellos ha aislado el virus y trabajado con él.

En la revista lo hemos explicado detalladamente: el supuesto SARS CoV-2 es en realidad un constructo incapaz de infectar y no un coronavirus. Lo denunciaron ¡en junio de 2020! Una treintena de virólogos de los Centros para la Prevención y el Control de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, del Centro de Referencia Mundial de Virus de la Universidad de Texas y de otras instituciones estadounidenses en un artículo publicado en Emerging Infectious Diseases (revista oficial de los CDC); es más, constataron que la presunta <<cepa americana>> del SARS CoV-2 se construyó uniendo fragmentos de unas 400 letras genéticas mediante un programa de ensamblaje denominado ABySS. Es pues una construcción artificial especulativa y no real. Y eso explica por qué las imágenes que se presentan del coronavirus son siempre recreaciones hechas por dibujantes y programas informáticos o fotografías en las que es imposible identificar lo que aparece en ellas.

Los recientes trabajos del virólogo alemán Stefan Lnaka en el que queda claro que el SARS CoV-2 no es un virus real, sino un constructo informático, que no se ha secuenciado su ARN sino que se ha inventado mediante sofisticados programas de ordenador, que es pues imposible que haya nuevas cepas producidas por mutaciones que a su vez se hayan secuenciado, que la famosa proteína spike no puede ser una característica propia, que los test detectan son fragmentos de ARN que están en muchas células sanas –incluidas las humanas- y de ahí tantos <<falsos positivos>> y <<falsos negativos>>, que el inexistente SARS CoV-2 no puede ser por tanto cusa de enfermedad infecciosa alguna, que las medidas de prevención carecen de sentido porque no hay ninguna epidemia y que las <<vacunas>> son por consiguiente una completa estafa.

  • Sobre las pruebas y test de detección.

Durante meses se afirmó que es posible detectar una infección por el supuesto SARS CoV-2 mediante test de antígenos o anticuerpos pero luego se reconoció que carecían de fiabilidad y se precisaba para <<confirmarlo>> una RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa), técnica considerada oficialmente hoy “la más fiable” a pesar de que puede dar “falsos positivos” y “falsos negativos” incluso cuando se ha diseñado correctamente. Los propios Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reconocieron pronto sobre esta prueba -y así lo dieron a conocer en su web- que <<los resultados positivos son indicativos de infección activa con 2019-nCoV pero no descartan infección bacteriana o coinfección con otros virus>>. Y agregan: <<El agente detectado puede no ser la causa definitiva de la enfermedad>>.

De hecho, cuando alguien se hace en España un test de Serología Covid-19 el laboratorio añade tras el diagnóstico de Negativo a anticuerpos IgG e IgM esta advertencia: <<Un resultado NEGATIVO no excluye la posibilidad de infección por Covid-19. Ante un resultado NEGATIVO y persistencia de sintomatología clínica se recomienda realizar test adicionales>>. Y si el Negativo es a la RT/PCR de secuencias de los genes víricos ORF1 ab y N se dice: <<Si a pesar del resultado negativo de la prueba de RT-PCR usted tiene clínica compatible con infección por Covid-19 es aconsejable un nuevo análisis, especialmente con otros tipos de muestras, como las de vías respiratorias bajas>>.

Lo que el público ignora es que en la RT-PCR apenas se utilizan unas 200 letras genéticas de las casi 30.000 de un virus. Se usa pues un pequeñísimo fragmento que representa menos del 0,7% del ARN y sin demostrar además que las letras utilizadas sean exclusivas del mismo por lo que el test puede dar positivo y la secuencia detectada pertenecer a otros virus, a bacterias e incluso ¡al propio genoma humano! ¿Cómo va a ser pues una prueba fiable? Sin embargo, si alguien da hoy “positivo” a ese test se le incluye entre los “contagiados” y, si muere, en la lista de fallecidos <<por>> el SARS CoV-2 aunque en realidad haya muerto de senectud, ictus, ataque cardiaco, cáncer terminal o cualquier otra patología.

Se ha obviado además, que el propio inventor de la PCR –el premio Nobel Kary Mullis–  manifestó muchas veces que esa técnica no sirve para diagnosticar y, por tanto, todas las cifras de presuntos <<contagiados>> y <<muertos por>> son falsas.

Hoy se sabe que la inmensa mayoría de los supuestos muertos achacados a la Covid-19 fallecieron en realidad por otras causas, y que las cifras de presuntos <<contagiados>> son una estafa incluso para quienes admiten la utilidad de las PCR porque casi todas se han realizado con más de 35 ciclos de amplificación y eso da infinidad de <<falsos positivos (se ha denunciado que hasta un 97% lo serían).

En suma, en el caso de la Covid-19 las cifras sobre supuestos contagiados y muertos carecen de la más mínima credibilidad. Se basan en test sin fiabilidad alguna que además, en el caso de la PCR, se manipulan a voluntad. Cuando la OMS –en complicidad con los gobiernos y las autoridades sanitarias- quiere que las cifras de supuestos contagiados y muertos aumenten para justificar algunas de sus absurdas medidas se ordena a los laboratorios hacer los test a treinta y tantos ciclos y si quiere que disminuyan que se hagan de 25 a 28 ciclos.

Es más, hemos explicado que los test rápidos de antígenos han dado positivo a la papaya, al vino tinto, a las colas y a simples refrescos de manzana y la PCR a tejidos de cabras, ovejas, visones, hurones, conejos, tigres, gatos y pájaros. Incluso dio positivo a aguas residuales recogidas mucho antes de la supuesta pandemia. Lo dio a conocer un equipo de la Universidad de Barcelona dirigido por el catedrático de Biología y presidente de la Sociedad Española de Virología Albert Bosch explicando que las muestras se recogieron el 12 de marzo de 2019. El descubrimiento puso <<patas arriba>> la versión oficial y fue de inmediato criticado con el estúpido e infantil argumento de que <<no se trata de un estudio sometido a revisión por pares>> mientras otros optaron por poner gratuitamente en duda el método y hasta la profesionalidad de esos investigadores. Tuvieron que callarse cuando un equipo del Instituto Superior de Sanidad de Italia dirigido por Lucía Bonadonna afirmó haber detectado con la PCR el supuesto SARS CoV-2 en aguas residuales de Milán y Turín obtenidas en diciembre de 2019, algo que confirmaron luego dos laboratorios diferentes utilizando métodos distintos. Y es que las mentiras tienen las patas muy cortas.

  • Sobre las cifras de contagiados y muertos.
  • En definitiva, que las autoridades, los sanitarios y los medios de comunicación hablen desde hace más de año y medio de <<infectados>> o <<contagiados>> para referirse a quienes han dado <<positivo>> a un test de escasa o nula fiabilidad es una falacia y una intolerable falta de ética. Como igualmente lo es hablar de muertos <<por>> en lugar de muertos <<con>>. No pueden achacarse al SARS CoV-2 todas las muertes de quienes dieron positivo a un test, ni siquiera en el caso de que fueran fiables porque habría que confirmarlo con biopsias o autopsias y eso ¡no se hace nunca!
  • Si los test no son fiable las cifras de presuntos contagiados y muertos por el SARS CoV-2 tampoco porque se basan en ellos.
  • La alarma mundial se basa en la convicción de que las cifras de contagiados y muertos son ciertas, creíbles y significativas cuando volvemos a repetir que eso se basa en la fiabilidad de los test… y en que no se haya manipulado su recuento. Es de eso de lo que depende saber si estamos ante una pandemia real o ante una completa farsa. Llama de hecho la atención que las cifras oficiales de infectados y muertos que se achacan al SARS CoV-2 disminuyeran precisamente ¡cuando los gobiernos cambiaron en mitad de la pandemia los criterios para contabilizar los casos! Y resulta igualmente clarificador que el número de “infectados” aumentara cuando se realizaban más test a pesar de que la cifra de enfermos y muertos permanecía constante o incluso disminuía.
  • ¿Y entonces por qué ha habido “tantos” muertos en estos dos años?

Es la pregunta habitual cuando alguien se le explica la verdad pero lo cierto es que no ha habido tantos muertos aunque la gente se haya tragado ese bulo. Se trata de la mentira más descarada de toda esta farsa. Ya hemos explicado que según las propias cifras oficiales en estos dos años habrían fallecido por la Covid-19-a 8 de diciembre de este año- 5.268.849 personas y como hay en el planeta 7.875 millones el porcentaje de muertes sería del 0,066% por lo que habría sobrevivido el 99,93%. Solo hubo un aumento desproporcionado de muertes en marzo y abril de 2020 y tienen explicación. Se debió:

…a haber dejado morir sin tratamiento a muchas personas –en los hospitales, residencias de mayores y domicilios particulares- por falta de medios, médicos y tratamientos. De hecho, se aplazaron o suspendieron –en todo el mundo- cientos de miles de intervenciones quirúrgicas por muy distintas causas. Hoy sabemos además, que a buena parte de los ancianos que murieron en las residencias se les sedó <<para que fallecieran sin sufrir>> en una acción que muchos expertos consideran una auténtica eutanasia masiva encubierta. Y encima fallecieron solos y sin permitirles despedirse siquiera de sus familiares y allegados.

…al gran número de personas infectadas –por todo tipo de patógenos y no ya por el SARS CoV-2- en los propios hospitales. No olvidemos que el pánico generado por la OMS, las autoridades y los medios de comunicación hizo que los servicios de urgencias, las salas de espera, los pasillos y hasta las UCI estuvieran abarrotadas de personas sin protección que convirtieron todos los centros sanitarios en gigantescos focos de infección. Durante las primeras semanas sobre todo.

…a que numerosas personas murieron por los tratamientos médicos recibidos. La inexistencia de protocolos eficaces -algo reconocido por la OMS- hizo que los profesionales sanitarios no supieran exactamente qué hacer, y en muchos casos utilizaron procedimientos que luego se constataron no ya ineficaces –que también- sino que agravaron el problema llevando a muchos pacientes a la muerte. Fue cuando se dio la orden inmediata de incinerar masivamente los cadáveres sin permitir autopsias con la peregrina e insostenible excusa de posibles contagios entre los patólogos.

…a que muchas personas mayores que vivían solas fallecieran en sus domicilios sin atención, porque cuando llamaron para que alguien fuera a socorrerles nadie acudió. Y a las pocas que pudieron llegar hasta un hospital se les impidió entrar con todo tipo de excusas, enviándolas de nuevo a casa porque así lo habían <<sugerido>> las autoridades a fin de <<ahorrar material sanitario>>, en una actuación no ya negligente sino criminal. Las propias cifras oficiales corroboran que la mayor parte de las muertes se produjeron al iniciarse la farsa entre los ancianos, fundamentalmente entre los que vivían en residencias pero otros muchos en sus propios domicilios.

…a que los cuadros de miedo, ansiedad y depresión que causó el estado de alerta y las medidas adoptadas hicieron que el sistema inmune de muchas personas –incluidas algunas jóvenes y sanas pero especialmente las afectadas por patologías previas graves- se deprimiera provocando inmunodeficiencias que aceleraron o provocaron su muerte.

  • Sobre el confinamiento

La estrategia de frenar el avance de la presunta pandemia confinando en sus casas a la población fue criticada desde el principio por expertos de todo el mundo cuyas voces se silenciaron rápidamente. Muchos profesionales advirtieron desde un punto de vista exclusivamente sanitario que el <<remedio>> podía ser peor que la <<enfermedad>>. Para Wolfgang Wodarg por ejemplo, presidente de la Subcomisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, “la alarma creada en torno al coronavirus no se basó en ningún peligro médico extraordinario”. El Dr. John Loannidis denunció por su parte que se ofrecieran datos sesgados que impedían hacer una valoración real de la situación recordando, por ejemplo, que otros coronavirus considerados <<leves>> también llevan a la muerte al 8% de las personas mayores. Y el Dr. Peter Goetzsche –nada menos que cofundador de Colaboración Cochrane y autor de varios libros sobre corrupción en el ámbito de la Medicina- llegó a denunciar que se declarara una pandemia ¡cuando ni siquiera se sabía si el riesgo de morir por el coronavirus recién descubierto era mayor que el de una gripe y muchas otras infecciones víricas!

En fin, razones sociales, económicas y psicológicas, aparte la principal crítica al confinamiento es que si se hubiera aislado solo a las personas <<mayores>> y enfermas –y aun eso es discutible- el resultado habría sido el mismo como demuestra el hecho de que el 90% de los afectados y muertos tiene o tenía más de 70 años. Otros opinan además, que el confinamiento ha impedido que la mayoría de la población se inmunizara naturalmente aumentando mucho el riesgo de nuevos brotes masivos.

El instigador de los confinamientos fue Neil Ferguson, persona ligada al Imperial College de Londres que a su vez está financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates. Ferguson ya hizo predicciones catastróficas en relación con la fiebre aftosa en 2001 asegurando que morirían cientos de miles de personas si no se sacrificaba a 6 millones de animales y finalmente solo se registraron 177 muertes. Y volvió a hacer lo mismo en 2009 calculando en 65.000 los muertos por gripe cuando luego no llegaron a quinientos.

  • Las “vacunas Covid” no son eficaces y pueden hasta llevar a la muerte.

A pesar de tratarse de la falacia más entendida en el mundo de la Biología y la Medicina, ninguna vacuna ha demostrado jamás ni su seguridad ni su eficacia. En Discovery DSALUD llevamos 22 años denunciándolo. Puede comprobarse leyendo el centenar de reportajes que hemos dedicado a ello –además de numerosas noticias- ya que están agrupados bajo el epígrafe El grave peligro de las vacunas de la sección de Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com.

Y eso incluye a las llamadas “vacunas Covid”. No solo no inmunizan –como después de meses de asegurarlo mintiendo con absoluto descaro ha comprobado ya todo el mundo y oficialmente se admite- sino que son muy peligrosas porque pueden provocar hipersensibilidad, dolor, moratón, hinchazón, enrojecimiento, eritema y prurito en el lugar de la inyección así como fatiga, malestar, febrícula, fiebre, escalofríos, inflamación, trombos, miocarditis, pericarditis, Síndrome de Guillain Barré, eritema multiforme, glomerulonefritis (inflamación renal) y síndrome nefrótico.

Y son solo algunos de los posibles efectos adversos porque ya explicamos que en las propias fichas técnicas de las vacunas se reconoce que pueden provocar trastornos del sistema inmune, trastornos de la sangre y del sistema linfático, trastornos vasculares, trastornos del sistema respiratorio, torácico y medianístico, trastornos psiquiátricos, trastornos del sistema nervioso, trastornos gastrointestinales y trastornos musculoesqueléticos y del tejido conjuntivo. Las dolencias concretas –numerosas- dependen de cada vacuna y las damos a conocer en un recuadro publicado en el reportaje que con el título ¿Existen componentes tóxicos no declarados en las “vacunas Covid”? aparece en este mismo número. En suma, quienes se vacunan corren el riesgo de sufrir todos esos problemas a muy corto plazo ¡pero también en los próximos meses o años!

Claro que la verdad les importa un rábano a quienes han orquestado todo esto. La gente está tan desinformada y aborregada que ni siquiera reacciona al explicársele –con los propios datos oficiales- que las vacunas no inmunizan, que los vacunados –incluso con tres dosis- pueden contagiarse y contagiar, que su inoculación pueden provocarles daños muy graves e incluso llevarles a la muerte, que es falso que los efectos adversos sean menores entre los vacunados y que incluso estando vacunados deben seguir llevando mascarillas (bozales). Se ha llegado al esperpento de hacer creer a la masa que la culpa de que los vacunados enfermen se debe a los no vacunados y hay pues que aislarles y obligarles a vacunarse. Y eso que en diciembre de 2021 hay en los hospitales –porcentualmente- ¡más infectados y muertos entre los vacunados que entre los no vacunados!

Hemos explicado detalladamente que en el mundo existen tres grandes sistemas de notificación: el VAERS (Vaccine Adverse Event Reporting System) estadounidense, el EudraVigilance (European Union Drug Regulating Authorities Pharmacovigilance) de la Unión Europea –que no de Europa- y el Yellow Card Scheme (Tarjeta Amarilla) de Reino Unido. Pues bien, estos eran sus últimos datos en el momento de cerrar este número:

  • El VAERS reconoce que entre el 14 de diciembre de 2020 y el 10 de diciembre de 2021 las vacunas provocaron solo en Estados Unidos 244 muertes y 965.841 eventos adversos.
  • EUDRAVigilance reconoce por su parte que a 16 de diciembre de 2021 las vacunas habían provocado en los 27 países de la Unión Europea 649 muertes y 3.003.296 eventos adversos, de ellos 1.409.643 graves. Sin contar pues las muertes y casos de los otros 23 países del viejo continente. Y.
  • El Yellow Card admite que a 16 de diciembre de 2021 en Reino Unido las vacunas habían producido 852 muertes y 404.783 efectos adversos.

En suma, solo en esos 29 países –y hay 194- se reconocen oficialmente 54.745 muertes y 4.373.920 efectos adversos (la mitad de ellos graves) ¡A CAUSA DE LAS VACUNAS!

Bueno, pues aun así en España se decidió a primeros de diciembre de este año -2021- vacunar a los niños de 5 a 11 años. Les da igual que según los datos de los CDC y del VAERS LOS MENORES DE 12 AÑOS TENGAN 188 VECES MÁS PROBALIDADES DE MORIR POR LAS VACUNAS COVID QUE POR LA ENFERMEDAD. Como les da igual que el VAERS haya reconocido que solo en los primeros seis meses las “vacunas Covid” produjeron en Estados Unidos el doble de muertes que todas las vacunas convencionales administradas en ese país en los treinta años anteriores.

Claro que ya en abril pasado el propio Ministerio de Sanidad español tuvo la desfachatez de poner en marcha en los medios de comunicación una campaña con el propagandístico lema de #YomeVacunoSeguro dedicada a convencer a la gente de que las vacunas son seguras y debía acudir confiadamente a inoculárselas. Es decir, mintiendo descaradamente a los ciudadanos a los que ni siquiera se les ha explicado oficialmente que se trata de vacunas experimentales y van a hacer pues de cobayas humanas. Y se les ha animado a hacerlo violando la legislación porque la inoculación de una vacuna debe ser prescrita por un médico y firmando el receptor –o su representante legal si son niños o personas impedidas- el correspondiente consentimiento informado. En suma, las autoridades han animado a la sociedad a vacunarse masivamente sin proporcionarle la información adecuada y rigurosa que exige la ley, sin explicarles con campañas informativas los posibles efectos adversos y sin decirles que hay alternativas tanto preventivas como curativas en caso de enfermar. Es además indignante que se diga a la ciudadanía que las vacunas inmunizan cuando es radicalmente falso. Nadie ha demostrado tal cosa por mucha fanfarria estadística que se muestre. Estar vacunado no es sinónimo de estar inmunizado. De hecho, ni los propios fabricantes de vacunas se atreven a aseverar tamaña falacia en sus fichas técnicas.