Sin embargo, la capacidad de los paneles es limitada para ciertas actividades cotidianas, para la nevera o la licuadora. Si se usa el televisor, al mismo tiempo no se puede usar el celular.

Beatriz Hernández de la vereda Llano Verde relata que cada vez que enciende el panel trata de ser muy cuidadosa y no consumir mucha energía para economizar el poco recurso que se tiene.

La vereda Llano Verde está desconectada del resto del mundo. Una trocha de vía destapada,  un peñasco, un sendero y una larga subida hacen parte del recorrido que cada día sus habitantes realizan unas dos o tres veces para entrar y salir. 

Un caso parecido al de la vereda Villa de Leyva, en Orito ubicada a 30 kilómetros del municipio La Hormiga

Ambas, alejadas de la civilización, recibieron paneles, pero ninguna cuenta con la energía que requiere para que la vida transcurra de manera normal.

El programa de la ART llegó a la Vereda Llano Verde y Villa de Leyva por qué priorizó las  veredas con los más altos índices de violencia, pobreza, debilidad institucional y cultivos de uso ilícito.    © Brenda Guerrero.

 

Las precarias condiciones de vida en estos municipios hicieron que  habitantes como Don Jaime Congote armaran su propia planta de generación de energía a base de gasolina para alumbrar y para conseguir agua ya que lo más cercano al acueducto es un pozo que queda a cinco kilómetros.“Están bien los paneles pero no alcanzan. Necesitamos energía comercial, es para vivir digno, no para nada más”, agregó don Jaime.

A pesar de que los enfrentamientos entre grupos armados ha disminuido un poco desde los acuerdos, aún hay violencia en el sector. Se habla de la existencia de Grupos Armados Posdesmovilizados (GAPD), según el más reciente informe del Centro Nacional de Memoria Histórica. Adicionalmente, el bajo Putumayo sigue siendo azotado por una disidencia de las Farc: el Movimiento Independentista Revolucionario (MITR) hace presencia en veredas como Llano Verde. Vestidos de civiles, estos grupos al margen de la ley aún perturban a sus habitantes como lo hizo el bloque sur de las Farc al imponer normas y decidir por el campesino.

Pero no solo son la guerrilla y los paramilitares los que amenazan a los campesinos. Habitantes de la  vereda Villa de Leyva cuentan que la fuerza pública quema casas a su merced en busca de laboratorios de coca. “El lunes 29 de julio a las 10 de la mañana, quemaron una casa y nosotros vimos como lo hicieron. El Ejército quema sin necesidad, porque aquí no hay laboratorios de coca. La gente pobre tiene que huir porque quién vive así”, agregó Don Jaime.

Los paneles solares son un avance en los derechos básicos de las comunidades rurales, pero no dejan de ser un paliativo del olvido estatal. Rogar por tener luz o agua sigue siendo el común denominador en Putumayo donde, de diferentes formas, la oscuridad sigue presente.

RADIOGRAFÍA DE VIOLENCIA EN EL BAJO PUTUMAYO 

Jaime Congote fue el primero en hacer rancho en la vereda Villa de Leyva. Es testigo hace 29 años de cómo su territorio ha sido sacudido por grupos al margen de la ley. Vio secuestros, vivió épocas de fumigaciones y desplazamiento y ahora cuenta cómo es su vida con la luz que trajeron los paneles solares.

Este hombre de 68 años originario de Cali, cuya profesión era sastre, llegó a la vereda en 1990 porque unos familiares suyos vivían allí y él venía a visitarlos. “Me quedé por aquí porque conseguir dinero en la ciudad es difícil. Entonces me encapriché y me quedé en el monte. Pero me arrepiento, allí la vida era buena”. Agrega que “aquí el gobierno nos da muy duro… Siempre es críticas, humillaciones, fumigaciones, grupos al margen de la ley y  paramilitares”. 

Jaime vivió el secuestro de su hermano tres veces. La primera fue la guerrilla, le sacaron 500 millones de pesos que, según la familia, fue por vacuna. “Fuimos lo rescatamos, se vendió el carro, se pasó plata en Cali y se pagaron los 500 millones de pesos. Luego llegaron los paramilitares, lo cogieron y le dijeron que si tenía plata para pagarle a las FARC, a ellos les debía el triple. “2.000 millones de pesos nos sacaron”. 

Y la última, en 2008, cuando paramilitares y otros grupos armados al margen de la ley se organizaron para delinquir. Entonces, desaparecieron a su hermano  en Santo Domingo de Corabas. “Me decían ‘usted sabe, paga o lo matamos’. Pero ya no teníamos más plata, aquí es un abuso con la gente civil”. Congote duró tres años buscando a su hermano por cielo y tierra. Él vive solo, tiene su tienda y su casa, su esposa vive aún en Cali. Tiene un hijo en Orito y una hija en Pitalito. La guerra poco a poco fue separando  su familia.

Dice que el posconflicto no les ayudó en nada, que la guerra siempre les arrebata lo que tienen, que sus ranchos y veredas son trajeadas por el estado. “Con la firma de paz se acabó un grupo, pero quedan otros, aquí han venido a chantajearme,  a decir que ellos son los que mandan, que les tengo que dar esto o les desocupo el lugar. Entonces uno siempre está bajo su dominio”.

“Los impuestos siempre los termina pagando el campesino. Ya que si un grupo al margen de la ley cobra impuestos, el agricultor le sube a la papa, a la yuca y por ende los supermercados aumentan sus precios, Le suben por una vacuna, esa es la excusa, pero siempre la plata sale del pobre campesino”.

La economía del Putumayo depende del ganado y el cultivo de coca. Don Jaime siembra pimienta, plátano y cacao, pero eso no le da para comer. Por eso miles de familias se dedican a cultivar coca, porque les genera mayores ganancias. “Un tipo se puede echar tres arrobas y en 3 meses saca 400.000 pesos, que es lo que da una hectárea de cacao al año. Pero cuando los ‘paras’ vienen, le piden a uno lo de dos arrobas. Siempre bajo el dominio del más fuerte”.

Las zonas que rodean la vereda Villa de Leyva son tropicales, en las que el sol y la lluvia aparecen de forma constante. La coca es un producto que no da racimo, como el plátano o el cacao, sino que da hojas como la hierba.  “Usted nunca espera un racimo, sin embargo del plátano llegan miles de enfermedades a largo tiempo.  En cambio la coca, usted como la cultiva cada dos meses, únicamente le arranca la hojita y ya está”. El clima convierte al departamento en un buen terreno para el ganado y la coca.

Los campesinos necesitan energía y recursos. Sacar racimos de plátano no es rentable, ya que  les toma 3 o 4 horas de camino traerlos y les cobran 30 mil pesos por cada uno, y en el pueblo los venden a 50 mil. Les sale mejor no sembrar nada, porque no hay forma de transportarlo. “Antes había mucha gente, entonces consumían, había trabajo y así la gente consume. ¿Qué se hace hoy en día si no hay gente pa trabajar? La única forma son los cultivos y por eso la gente se está desplazando”.

Jaime, que no encuentran trabajo aquí, ha sido testigo de cómo su vereda se convirtió en un pueblo fantasma desde cuando se fumigó coca por primera vez, hace cerca de 20 años. “Yo no me he ido y aquí he bregado a sobrevivir, ya me acostumbré a estar acá, a mí la humanidad me quiere bastante, yo aquí soy don Jaime y uno como que se encariña, además ya estoy viejo, pero yo me voy a ir, este año estoy haciendo un rancho en Orito y me voy para allá”.

No contar con servicios básicos y vivir en constante amenaza por cuenta de la seguridad de la zona, ha hecho que las personas se vayan de estas veredas. Don Jaime cuenta que antes había un promedio de 60 alumnos, 3 profesores y buenas aulas de clase. Pero hoy, usted va y hay 6 alumnos “la gente por medio de la erradicación se fue a Nariño, Cauca, esa población quedó desolada”.

“Nosotros vimos como el Ejército quemó una casa y les dijimos por qué hacen eso y ellos dijeron ‘nosotros no fuimos’. Es un abuso, pero como es la ley, uno no puede decir nada o lo callan. Entonces uno tiene que irse desplazando por que qué más, así la ART traiga sus plantas solares, ahí les quedará tirado, porque uno qué se va a poner a cargar eso si en el pueblo ya hay forma de sobrevivir”. 

Don Jaime hace parte de esos campesinos que andan con una escopeta en su cuarto. Pero también es de los que confían en que algo bueno llegue a la vereda y les cambie la vida. Sin embargo, de tanto esperar ya van tres décadas al cabo de las cuales, apenas tuvo acceso a la luz eléctrica.

https://elespaciodebrenda.com/en/campesinos/especial-luz-electrica-un-privilegio-en-putumayo/

16/09/2020