Archipiélago gulag campos de concentración rusos cárceles soviéticas

ARCHIPIELAGO GULAG
CAMPOS DE CONCENTRACIÓN RUSOS

GULAG es una sigla que significa: Administración Suprema de Campos Correctivos de Trabajo y fueron creados en 1930 por la policía secreta de la URSS para controlar y adminitrar los campos de concentración, en donde eran enviados los prisioneros para realizar trabajos forzados, ya que el gobierno necesitaba recursos humanos para lograr su objetivos industriales, fundamentalmente en la etapa de Stalin, quien no dudo en explotar hasta la muerte a millones de detenidos (zeks en ruso) confinados en frías e inhumanas cabañas y con una magra dieta de comida que apenas podían permanecer en pie.

Los campos administrados por el Gulag se establecieron originalmente en Carelia, a lo largo de la costa del mar Blanco, y en Vorkuta y Pechora, en las regiones árticas de la Rusia europea. A finales de la década de 1930 ya existían campos de trabajo en casi todo el territorio soviético, incluido Moscú.

El papel del Gulag en la industrialización de la URSS se hizo cada vez más importante y hacia 1938 estaba encargado de la mayor parte de las explotaciones madereras y de la minería del carbón, del oro y del cobre. El Gulag desapareció en 1956, si bien los campos siguieron existiendo aunque con una nueva denominación, la de “colonias de readiestramiento por medio del trabajo”.

Según cálculos conservadores, existían entre 1.500 y 3.000 campos de trabajo en la ex URSS; al menos 20.000 eran presos políticos entre los dos millones de prisioneros, intelectuales, funcionarios del partido y oficiales del Ejército Rojo acusados falsamente. Se tiene la certeza que murió cerca de 1.000.000 de ellos.

Esparcidas por el territorio soviético como una cadena de islas, los campos eran conocidos en su conjunto como archipiélago Gulag: GULAG es la abreviatura rusa de Administración Central de Prisiones y Campos de Trabajo.

La vida en estos campos fue descrita vívidamente por el escritor y premio Nobel Alejandro Solzhenitzyn, quien fue prisionero durante 11 años. En dos obras, Un día en la vida de Iván Denisovich y El archipiélago Gulag, revela las inhumanas condiciones en que los presos vivían y trabajaban.

Con jornadas de hasta 16 horas, seis días a la semana, sin alimentación adecuada ni medidas de seguridad, los presos eran obligados a realizar trabajos forzados.

En 1970, por ejemplo, los reos trabajaron en minas de uranio sin ropas de protección. Miles de ellos murieron y muchos más sufrieron serios daños en su salud. Además, los prisioneros estaban sujetos a tratos humillantes e incluso sufrían torturas.

Estos lugares de exilio para criminales y presos políticos también existían en la Rusia zarista, pero la red creció bajo el terror de Stalin, en el que se cree que murieron 10 millones en los campos.

Al escribir en El archipiélago Gulag lo que él llamó “40 años de terrorismo sin precedentes del Estado soviético”, Solzhenitsyn se basó en los recuerdos de testigos y dedicó su monumental obra a “todos aquellos que no vivieron para contarlo”.

Por sus revelaciones acerca de los campos, Alejandro Solzhenitsyn fue expulsado de la URSS. Ahora vive en Estados Unidos.

UNIDAD 731 EN JAPÓN EXPERIMENTOS CON HUMANOS EN LA GUERRA MUNDIAL – SHIRO ISHII

UNIDAD 731, JAPÓN – Shiro Ishii se graduó en la Universidad de Kioto en 1920, tras lo cual se enroló en el ejército.

En 1924 regresó a la Universidad de Kioto para cursar estudios especializados, contrayendo matrimonio con la hija de Torasaburo Akira, rector de la Universidad.

Obtuvo el doctorado en 1927.

Un año después fue enviado a Europa como agregado militar, viajando también en diversas ocasiones a Estados Unidos, familiarizándose con las investigaciones biológicas que se llevaban a cabo en los países occidentales.

A su regreso a Japón se consagró a promover entre sus superiores la necesidad de la investigación y fabricación de armas biológicas.

Creía firmemente que la guerra moderna solo podía ser ganada a través del uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva.

Algo que, paradójicamente para él, vendría a ser demostrado algunos años después en Hiroshima y Nagasaki.

Un hecho fortuito contribuyó decisivamente en que fueran escuchadas finalmente las teorías de Ishii.

Tras su regreso de Europa se desató una epidemia de meningitis en Shikoku.

Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó decisivamente a frenar la expansión de la enfermedad.

Este éxito hizo que su capacidad como bacteriólogo comenzara a ser reconocida, sobre todo en el ejército, donde supo aprovechar los réditos de su actuación en Shikoku para que fueran escuchadas sus teorías sobre armamento biológico.

Shiro Se doctoró en 1927. Viajó a Europa y en varias ocasiones a América durante dos años, familiarizándose con las investigaciones biológicas de los países Occidentales.

A su regreso a Japón se consagró a promover, investigar y fabricar armas biológicas. Su teoría se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva. 

Un hecho fortuito ayudó a implantar las teorías de Ishii: tras su regreso de Europa, un tipo de meningitis hizo su aparición en Shikoku.

Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó a parar la expansión de la enfermedad. 

Su capacidad como bacteriólogo comenzó a ser famosa, sobre todo en el ejército, donde presentó la epidemia como una muestra del resultado que podían dar sus armas científicas.

Las armas biológicas industriales resultaban una solución ideal para un país como Japón cuyos recursos naturales son sumamente escasos.

En plena carrera armamentística y con una campaña de expansión imperial a la vista, poco importaba la evidente falta de moralidad del proyecto.

Ishii se hizo rápidamente con un nutrido grupo de poderosos patrocinadores: el coronel Tetsuzan Nagata, jefe de asuntos militares; el coronel Yoriniichi Suzuki, jefe de la sección táctica del Estado Mayor del Ejército Imperial; el coronel Ryuiji Kajitsuka, jefe del buró médico del ejército, y el coronel Chikahiko Koizumi, cirujano jefe del ejército.

El espaldarazo definitivo vino de la mano de Sadao Araki, ministro del ejército y líder de la facción fundamentalista del ejército conocida como «proceder imperial».

• ►LA UNIDAD 731:

Tras la invasión de Manchuria por parte de Japón, el 18 de septiembre de 1931, Ishii fue destinado a la remota zona de Pingfan, donde fue puesto al mando de la denominada eufemísticamente Unidad Antiepidémica de Suministro de Agua 731, que en realidad no era sino un destacamento de investigación sobre guerra biológica.

A finales de 1932 Ishii fue promovido a coronel y recibió un presupuesto de 200.000 yenes.

Se estableció una segunda unidad de este tipo al mando de Yujiro Wakamatsu, que tenía su sede en Mengchiatun, cerca de Changchun, bajo el nombre de Sección de Prevención de la Enfermedad Veterinaria del Ejército de Kuantung.

En junio de 1938 la base de Pingfang ocupaba un área de 32 kilómetros cuadrados y tenía empleadas a 3.000 personas entre científicos y técnicos.

Pronto la unidad cosechó sus primeros éxitos.

En agosto de 1937 el Ejército japonés usó gas venenoso contra las tropas chinas.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Japón usó al menos en cinco ocasiones, productos de guerra bacteriológica contra China: el 4 de octubre de 1940 un avión dejó caer bacterias en Chuhsien causando la muerte de 21 personas; el 29 del mismo mes otro avión lanzaba bacterias sobre Ningpo, matando a 99 personas; el 28 de noviembre del mismo año, aviones japoneses llevaron a cabo un ataque biológico sin víctimas sobre Chinhua; en enero 1941 Japón inició sendas epidemias en Suiyuan y Shansi.

En principio, los estadounidenses no tomaron demasiado en serio el programa de armamento biológico japonés.

Antes de Pearl Harbor se consideraba que Japón estaba demasiado lejos y no podría lanzar un ataque masivo contra el continente americano.

Además, los científicos norteamericanos tendían a mantener una actitud de superioridad respecto a sus colegas nipones. Informes de la época afirman que los japoneses serían incapaces de desarrollar armas biológicas sin la ayuda de «científicos blancos».

Los métodos de la unidad 731 constituyen un crimen de guerra que, en muchos casos, supera con amplitud las mayores atrocidades de los campos de exterminio nazis.

Allí se experimentaba con seres humanos, coreanos, chinos y rusos primero y, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, estadounidenses, británicos y australianos.

A su llegada, los internos de este campamento de los horrores recibían un completo examen médico tras el cual, en función de los experimentos para los que estuvieran destinados, se les rociaba con sustancias desconocidas, se les inyectaban diversos sueros o sufrían exámenes más detallados que incluían la introducción de sondas por todos los orificios de su cuerpo.

CRUELDAD INHUMANA:

Entre los prisioneros japoneses capturados por los marines norteamericanos en el Pacífico Sur había algunos médicos que habían pasado por la unidad 731.

Al ser interrogados revelaron que el programa de armamento biológico japonés se encontraba mucho más avanzado de lo que habían sospechado y, por primera vez, los norteamericanos supieron de la existencia de Shiro Ishii.

De pronto, los responsables de la defensa estadounidense se sintieron mucho menos inclinados a tomarse a broma los experimentos nipones.

Mientras, en la siniestra sede de la unidad 731, los prisioneros morían en gran número presa de enfermedades desconocidas.

Los cadáveres de los fallecidos eran diseccionados puntualmente por el equipo de Ishii, que esperaba ansioso nuevas remesas de prisioneros.

Estas prácticas constituían el pan nuestro de cada día en la unidad 731, un imperio de terror y enfermedad regido por Ishii con mano de hierro.

A su cargo no solo estaban las macabras investigaciones con prisioneros como conejillos de indias, sino también la producción de cantidades ingentes de gérmenes y toxinas, más de ocho toneladas al mes en su época de mayor esplendor.

Ishii se encontraba especialmente orgulloso de su granja de pulgas infectadas con la peste bubónica, algunas de las cuales fueron soltadas en varias ciudades chinas iniciando epidemias.

Los prisioneros que tuvieron la desgracia de caer en las garras del equipo de Ishii fueron inoculados con enfermedades como tuberculosis, meningitis, botulismo, ántrax, tétano, peste bubónica y otras aún más exóticas.

Muchos de ellos eran obligados en la fase más aguda de su infección a correr sin parar alrededor del campamento hasta que caían muertos a los pies de los científicos que anotaban eficientemente en sus cuadernos la distancia que habían sido capaces de recorrer.

Otros eran dejados desnudos a temperaturas de cuarenta grados bajo cero para comprobar el comportamiento del virus en climas fríos.

No pocos fueron atados a las mesas de operaciones y diseccionados vivos y sin anestesia.

La atroz cantidad y «calidad» de los crímenes cometidos por la unidad de Ishii les auguraban un trato sumamente severo al finalizar la contienda.

Sin embargo, el general Douglas MacArthur pareció no sentirse especialmente conmovido por la horrorosa suerte corrida por muchos de sus hombres y encaró el asunto de un modo que, cuando menos, resulta sorprendente.

Y es que MacArthur no veía por qué los Estados Unidos no debían aprovechar los descubrimientos derivados de los trabajos de Ishii.

EXPERIMENTOS REALIZADOS POR LA UNIDAD 731:

* Disección de personas vivas para experimentos de laboratorio y en ocasiones asesinados simplemente para documentar la muerte. El número de personas utilizado para este fin iba de las 400 a las 600 cada año.

* A partir de la segunda mitad de 1940, las tropas agresoras japonesas empezaron el uso a gran escala de armas bacteriológicas, y desencadenaron todo tipo de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la pestilencia, ántrax, difteria y bacteria de la disentería.

* Congelaban a los prisioneros y los sometían a técnicas de deshidratación severas y documentaban la agonía.

* Los exponían a bombas para aprender a curar a los heridos japoneses. Bombardearon poblados y ciudades chinas con pulgas infectadas y dieron a los niños golosinas con ántrax. Después entraban para comprobar los daños a la población y se llevaban enfermos todavía vivos para abrirlos y perfeccionar el arma.

* Contaminaron las fuentes de agua.

* Algunos de los experimentos llevados a cabo allí incluían inyectar a los sujetos con la bacteria causante de la peste bubónica producidas en moscas infectadas, para luego registrar la evolución de la enfermedad e incluso disecarlos en estado consciente.

* Los japoneses no dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétano, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis y otras endémicas de China y Manchuria. Realizaron pruebas con cianuro, arsénico, heroína, con veneno de serpientes y de pez erizo. En este programa murieron más de 10.000 personas.

* Algunos murieron como consecuencia de las investigaciones. Otros fueron ejecutados cuando quedaron tan débiles que no podían continuar en la Unidad 731 y en otros tantos puntos se hicieron tests con insectos, y todo tipo de gérmenes. Se probaba la resistencia humana al botulismo, ántrax, brucelosis, cólera, disentería, fiebre hemorrágica, sífilis y también la resistencia a los rayos X.

 

Fuente Consultada:
Top Secret Lo que los Gobiernos Ocultan  –  Iker Jiménez
http://sgm.casposidad.com/

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18/11/2020