España, gobernada por manadas de mediocres corrompidos

Viernes, 20 de mayo 2022

Los mediocres están destrozando España. Los partidos políticos, que básicamente son asociaciones de mediocres unidos para adueñarse del poder, han llenado al país de imbéciles y han puesto las grandes instituciones y empresas en manos de gente sin valores, méritos, capacidades e inteligencia suficiente, tipos cuyos principales méritos han sido ser hábiles pelotas y sumisos mayordomos de sus líderes de partido.

España es el país de Europa donde el dominio de los mediocres y corruptos es más intenso y descarado. Los mediocres, gente que son el apoyo de sus partidos nunca habrían sobresalido, ocupan los mejores puestos y disfrutan de los más suculentos sueldos y privilegios.

El problema es que la mediocridad está conduciendo a España hacia la pobreza y el fracaso.

Hay miles de españoles en puestos de responsabilidad que no tienen méritos ni capacidades suficientes para ejercer sus cargos. Son mediocres promocionados por los partidos políticos, organizaciones que sólo premian la sumisión y la obediencia al líder. Esos miles de mediocres que dirigen ministerios, alcaldías, grandes empresas y programas públicos son la desgracia de la nación y la gran agresión a España, perpetrada por unos partidos políticos donde los inteligentes son vetados y donde sólo pueden prosperar los escasos de valores.

La gente con valores que destaca en inteligencia y otras capacidades no tiene sitio en la política española porque los partidos los rechazan. Los líderes se rodean de gente con escasa inteligencia y pocos escrúpulos para que no les disputen el poder ni les hagan sombra. Por culpa de los partidos, España padece el castigo de estar dirigida por una banda de estúpidos y deficiente corrompidos, dispuestos siempre a obedecer sin pensar para subir en el escalafón.

Los ciudadanos comprueban cada día que están siendo gobernados por personas sin sensibilidad, sin altura moral y sin valores, una realidad que produce desconfianza, angustia y frustración porque los principales culpables de que eso ocurra es la misma ciudadanía, que elige en las urnas a indeseables.

No se puede blindar por completo la política para impedir la llegada al poder de torpucios, rufianes, canallas y sinvergüenzas, pero si se les puede dificultar el acceso a las altas responsabilidades públicas. Bastaría con establecer exigencias para alcanzar altos puestos en el servicio público, como se hace en las empresas, donde a los directivos se les exigen títulos, valores, conocimientos y habilidades. Esas exigencias para convertirse en servidores públicos con altas representaciones en el Estado deberían ser notables y normales en una democracia, pero los partidos políticos españoles impedirían todos los filtros democráticos y exigencias porque a ellos les conviene más colocar a sumisos, mediocres y cretinos en el poder.

Con una clase política nutrida de gente preparada y decente, no resultaría tan fácil cobrar impuestos injustos, financiar ilegalmente a los partidos, robar, trucar concursos públicos, manipular las subvenciones para que las reciban los amigos y colocar a sueldo del Estado a miles de amigos, compañeros de partidos y familiares. Con gente limpia, decente, preparada y ética en el poder, el actual sistema político español saltaría por los aires y los partidos políticos españoles, habituados a nadar en el lodo, no podrían subsistir.

Con un rotundo mediocre situado al frente del gobierno, un tipo que ha falseado su currículo, se ha inventado títulos y ha presentado una tesis doctoral tramposa, es lógico que España sea un desastre de país, una especie de parque temático de idiotas con poder.

España está plagada no sólo de corruptos, sino también de ineptos y tontos que ocupan altos cargos en los partidos, en las instituciones públicas y en el gobierno. Políticos sin idiomas, rectores de universidades que copian y plagian, diputados y senadores con pasado conflictivo y acusaciones ante la policía, decenas de miles de políticos incapaces de justificar sus patrimonios, membrillos y cenutrios con altas responsabilidades públicas y toda una legión de mediocres puestos por sus partidos en ministerios, alcaldías, consejerías, concejalías, empresas públicas y otros sectores sensibles de la nación constituyen una masa negativa y un lastre profesional y ético que causa pérdidas de miles de millones de euros a la economía, un gran desprestigio mundial y gravísimos perjuicios a la nación y a los ciudadanos.

La única solución al drama de los políticos tarados y mediocres consiste en establecer duras exigencias a los que ejerzan el poder. Todo cargo público debería aportar certificado de penales, título universitario, certificado de experiencia laboral en el mundo empresarial o autónomo, conocimientos avanzados de idiomas y un historial ético y decente, incluyendo el pasado fiscal. Además, deberán someterse a controles anti drogas y anti alcohol, como se les practican a los conductores y a los deportistas de élite porque un político drogado puede hacer cien veces más daño que un conductor borracho o un atleta dopado.

Todas estas medidas no garantizan tener buenos políticos, pero expulsarían del poder a muchos sinvergüenzas, canallas, rufianes, cretinos y mediocres.

¿Por qué los partidos políticos se niegan a establecer exigencias a sus cuadros y a los candidatos a ocupar puestos de responsabilidad en el Estado? Porque los partidos políticos españoles se nutren de mediocres y personas con graves deficiencias profesionales y éticas, que no podrían superar un sencillo test de competencia y preparación. Es muy fácil demostrar que el sistema político español, aunque nadie lo admita, está diseñado para que mediocres, cretinos y rufianes tengan vía libre y prosperen. Basta con echar un vistazo a lo que hay y a sus obras para sentir lástima de España.

Francisco Rubiales

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