© Marta Fernández Jara – Europa Press. Un joven sostiene una pancarta donde se puede leer ‘Alerta, hay hambre en tu puerta’ durante una manifestación de las entidades ciudadanas que están dando respuesta a las ‘colas del hambre’ ante el Palacio de Cibeles.

La alarma saltó a mediados de la semana pasada: la tramitación de los expedientes de concesión del Ingreso Mínimo Vital (IMV), que se puso en marcha a mediados del pasado mes de junio, está atascada. Los sindicatos hablaron de gestión «caótica» y señalaron que solo se habían resuelto positivamente un 0,5% de los expedientes, por lo que anunciaron movilizaciones si la situación no se revierte.

El Gobierno central aseguró que se trabaja para que las demoras estén solucionadas en septiembre, pero mientras tanto miles de personas en situación de vulnerabilidad lidian con la desesperación y la incertidumbre de llevar casi dos meses esperando una ayuda en cuyo ADN iba impresa la urgencia, dada la coyuntura actual.

Varias personas de diferentes puntos de España que han solicitado el IMV y aún no han recibido una respuesta han contado a 20minutos cómo se las están apañando estas semanas de espera.

José Luis, electricista malagueño de 47 años y padre de tres hijos menores de edad, se quedó en el paro a finales de marzo. Desde entonces, no ha vuelto a trabajar y no confía en hacerlo con estabilidad a corto plazo. «Hay mucho miedo y todas las obras están paradas, no se atreven a tirar para adelante», lamenta.

La situación en su casa empeoró cuando su mujer también se quedó desempleada durante el confinamiento. Y fue peor aún cuando las ayudas que percibían ambos se acabaron: una a finales de junio y otra a principios de julio.

© SERVIMEDIA El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá

«Nunca me había visto en una situación parecida. Siempre he estado un poco así… pero al final siempre había trabajo. No me ha faltado nunca y ahora nos falta ya de todo», lamenta. Ahora sobreviven «a medias», con ayuda de Cruz Roja, del Instituto de la Vivienda de Andalucía y algunos trabajos puntuales por eso confía en que el IMV llegue cuanto antes y los retrasos no les aboquen a una situación aún peor de la que ya hay.

Ignacio, madrileño de 60 años, solicitó el IMV el 17 de junio, poco después de aprobarse. Dos meses después, no tiene ninguna noticia del estado de la solicitud. «Entro a ver por internet a ver cómo está y siempre sale ‘en estudio», explica.

Mientras llega la ayuda, Ignacio, en paro desde hace 14 meses, sobrevive gracias a la ayuda de diferentes organizaciones. «Vivo con lo justo, como buenamente puedo», sintetiza.

Ignacio reside en una vivienda que es propiedad de la familia de un hombre al que cuidaba hasta que se quedó en el paro. «La familia, en deferencia a mis cuidados, me permite vivir en una habitación. Me considero un privilegiado», indica.

En los últimos meses ha acudido algunas veces a Cáritas y también está siendo auxiliado por CC OO Madrid. Esta organización le ayudó con los trámites del IMV. Sindicatos y organizaciones sociales y vecinales están siendo de mucha ayuda a las familias vulnerables a la hora de arreglar el papeleo y de asesorar. Por ejemplo, los vídeos didácticos del IMV que ha subido a Youtube la asociación malagueña Arrabal-AID acumulan más de 30.000 visualizaciones y en sus oficinas sus técnicos han atendido directamente a unas 200 personas.

© EUROPA PRESS/CONSEJERÍA DE SALUD Atención telefónica de Salud Responde

Vanesa tiene 38 años y vive en Málaga con sus dos hijas, ambas menores de edad. Hasta que se decretó el estado de alarma, trabajaba como asistenta en la vivienda de una familia de la capital malagueña y vivía de su sueldo y la ayuda de su madre. Pero con el confinamiento, la mujer para la que trabajaba se marchó a una segunda vivienda y prescindió de sus servicios.

© CEDIDA – Archivo Andalucía sigue sufriendo altos índices de pobreza

Desde entonces ha perdido su fuente principal de subsistencia y va tirando con la ayuda de Cruz Roja y de los servicios sociales andaluces, que complementan los 70 euros mensuales a los que han quedado reducidos sus ingresos.

«Para mí sería muy importante que la ayuda llegara cuanto antes», confiesa Vanesa, a la par que no esconde su temor a que no le concedan la ayuda suficiente por no aceptar uno de los requisitos. En concreto, esta malagueña menciona que los trámites le exigían de alguna forma retomar el contacto con el padre de una de sus hijas, algo a lo que no está dispuesta. Por ello llama la atención sobre la necesidad de que la burocracia entienda la dificultad de algunas situaciones puntuales.

«El IMV lo pedí una semana después de salir y me lo tramitaron desde la asociación Incide porque no tengo ordenador en casa. También son ellos quienes me miran el estado de la solicitud, pero de momento no hay novedades», señala Vanesa.

Hay otros casos en los que el IMV ya ha sido concedido… pero lo que llega no es suficiente. Jesús Hidalgo, gaditano de 31 años, solicitó la ayuda el pasado 26 de junio a través de una gestoría. El 30 de julio le dijeron que estaba aprobada y el pasado lunes le llegó la notificación de la cantidad que le correspondía: 110,50 euros.

Jesús explica que esta cantidad apenas le ayuda con los pagos que tiene que afrontar: un alquiler de 250 euros mensuales, los suministros del piso y la comida. «Estoy frustado», comenta este gaditano, al que el contrato de trabajo se le acabó en febrero. El estallido de la pandemia ha alargado sine die su estancia en el paro y complica su búsqueda de empleo. Su situación es de extremada vulnerabilidad. «Dependo de la familia para comer y de mi casero… hasta que quiera», apunta.

© EUROPA PRESS Angela Merkel

Cuando le notificaron la cantidad que iba a cobrar, dinero que en ningún caso le ha sido ingresado, quiso reclamar para dejar constancia de la insuficiencia de la ayuda, pero en la Seguridad Social no le han dado cita hasta el 9 de septiembre.

«Dijeron que darían 400 y pico euros de ayuda y no es así. La gente tiene que saberlo», añade.

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25/08/2020