En los últimos trece años la siembra de coca ha provocado la deforestación de 290.992 hectáreas de bosque, lo que equivale un poco más a dos veces el área de Bogotá. ¿Cuántos árboles, entonces, han tenido que ser talados desde la década del setenta cuando fue sembrado en el Guaviare el primer cultivo? Pero la deforestación es solo una cara del problema. Hay que contar también, por ejemplo, con los cultivos en Parques Nacionales; con el uso indiscriminado de plaguicidas, fertilizantes y sustancias químicas por parte de los cultivadores que quieren acelerar la productividad; con la aspersión aérea de herbicidas (como el glifosato, catalogado por la  Organización Mundial de la Salud como un producto probablemente cancerígeno) por parte del Gobierno, que el año pasado erradicó 55.554 hectáreas con esta técnica.

Los profesores Luis Pinzón y Hernando Sotelo de la Universidad Militar Nueva Granada, que han investigado el tema, señalan que los efectos ambientales de los cultivos ilícitos comienzan con la destrucción de la flora nativa y el agotamiento de la materia orgánica de los suelos. La lista continúa con la erosión del suelo, con la alteración del pH de las corrientes de agua, y con la destrucción de las cadenas alimentarias y de los nichos ecológicos, que son causantes de migraciones y de un “retroceso de especies animales propias de estos espacios”.

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Deforestación por cultivos de coca en Amalfi, Antioquia, departamento en el que se detectaron 2.293 hectáreas sembradas con cultivos ilícitos hasta diciembre de 2014. FOTO: Natalia Botero.

En 2014 la deforestación asociada a la siembra directa de coca llegó a 15.405 hectáreas de bosques. Panorámica de Amalfi, Antioquia. FOTO: Natalia Botero.

Se estima que para la siembra de una hectárea de coca es necesario deforestan cuatro de bosque. FOTO: Natalia Botero.

Cultivos de coca en la Sierra de La Macarena, Meta, departamento que acoge 5.042 hectáreas de coca. FOTO: León Darío Peláez.

El año pasado los cultivos se expandieron un 45% en Parques Nacionales Naturales, principalmente en dos parques: La Macarena y Nukak; ambos al oriente del país en el núcleo Meta – Guaviare. FOTO: León Darío Peláez.

Una de las afectaciones de los cultivos ilícitos al medio ambiente es la apertura de trochas por parte de los grupos armados para la construcción de los laboratorios,  la siembra de la coca y la movilización del producto. FOTO: León Darío Peláez.

La región Meta-Guaviare fue la zona con más hectáreas sembradas con coca entre 2002 y 2006. FOTO: León Darío Peláez.

Además del daño ejercido con la tala y quema de los árboles para sembrar la coca, los cultivadores agregan químicos al suelo para que rinda y sea más frondoso. FOTO: Guillermo Torres.

En el Parque Nacional Natural Paramillo, distribuido entre los departamentos de Antioquia y Córdoba, se encuentran sembradas 367 hectáreas de coca. FOTO: Álvaro Sierra

En la serranía de Neuquén, entre Brasil y Colombia, funciona una mina ilegal de oro controlada por el frente Acasio Martínez de las Farc. Los trabajadores, en su mayoría indígenas, le pagan 12 gramos de oro al mes al grupo armado.

En lo que va corrido del año, la Brigada Especial contra el Narcotráfico ha desmantelado 129 laboratorios de coca y 4 cristalizaderos a lo largo del territorio nacional. FOTO: Brigada contra el Narcotráfico – Ejército Nacional