por Bernard Sheahan

¿Es posible un mundo donde el 100% de la demanda energética pueda satisfacerse con fuentes renovables? Algunos creen que este escenario es fantasioso, otros sostienen que es una realidad alcanzable. ¿Quién tiene la razón?

 2017/11/20

Director Global de Infraestructura y Recursos Naturales de IFC.

Los cambios en el sector energético mundial son cada vez más drásticos y cotidianos. El abaratamiento de la energía renovable es notorio: un número creciente de nuevas plantas fotovoltaicas y eólicas ofrecen energía a un valor de $0.03 a $0.05 dólares por kilovatio/hora en 24 países (recientemente incluso estuvo por debajo de $0.02 en Arabia Saudita); y en algunas naciones, incluso, a la mitad del valor de lo que costaría la energía proveniente de una nueva central de generación a carbón.

Muchos países empiezan a alejarse de las “tarifas de alimentación” -que ofrecen una garantía de pago a los desarrolladores de energía renovable por la electricidad que producen como medio preferido para promover la energía renovable-, para sumarse a la tendencia de optar por subastas competitivas. En América Latina, México logró los precios más bajos en su licitación de septiembre de 2016 a solo $0.03 dólares por kilovatio/hora.

Los cambios fundamentales en la tecnología han dado lugar no solo a que un equipo solar fotovoltaico cueste hoy el 50 por ciento de lo que valía hace 15 años, sino que pueda ser significativamente más económico y eficiente en el transcurso de la próxima década. El costo de las turbinas eólicas en tierra disminuyó en más de un cuarto durante el mismo período.

Los vehículos de la nueva era eléctrica añaden una dimensión adicional—además de ser accesibles para todos gracias al decreciente costo de las baterías con las que operan, también podrán actuar eventualmente como una fuente de energía independiente.

Los primeros sistemas fotovoltaicos a escala industrial con mayor capacidad de almacenamiento, con un costo inferior a $0.10 dólares por kilovatio/hora, ya están aquí. El rápido progreso en tecnología de acumuladores, aunado a la esperada reducción de costos, significará que tanto la energía fotovoltaica como eólica puedan almacenarse para su uso posterior, lo que convertirá en una realidad el suministro ininterrumpido de energía proveniente de fuentes renovables.

América Latina es un líder en materia de subastas renovables —el comienzo fue dos décadas atrás con Brasil, seguido por Perú, Chile, México y, de forma más reciente, Argentina. Los precios han caído por debajo del promedio de otras fuentes de generación de electricidad. La reducción de costos observada en México, por ejemplo, no solo promete los beneficios de una energía más barata y de bajas emisiones, sino también una mayor competitividad.

En Argentina, la iniciativa RenovAR del gobierno presenta una agenda ambiciosa: generar el 20 por ciento del suministro nacional de energía a partir de energías renovables para el año 2025. La primera subasta de energía renovable, cuyo objeto era atraer 1,000 megavatios en proyectos nuevos, culminó con licitaciones que superaron dicho valor en más de seis veces —una señal de confianza por parte de los desarrolladores locales e internacionales. La participación de la Corporación Financiera Internacional (IFC) ayudó a que los proyectos RenovAR cumplieran con estándares internacionales, mientras que el Banco Mundial otorgó garantías por un valor de $480 millones de dólares con el objeto de reducir el riesgo para los inversores.

América Latina también ha sido líder en la apertura de la distribución de energía a operadores del sector privado. El resultado exitoso de las subastas es consecuencia de la participación de intermediarios de alta solvencia. A medida que más energías renovables ingresen en el sector, los mercados eléctricos mayoristas comenzarán a ver precios cada vez más bajos.

Hasta que suceda la transición completa hacia fuentes limpias, el sector energético debe continuar con opciones intermedias. En ese sentido, el gas natural juega un papel importante como combustible de transición, ya que ofrece una alternativa menos contaminante que otras fuentes de generación.  El Gas Natural Licuado (GNL) ofrece nuevas oportunidades para aquellos países sin yacimientos de gas o que enfrentan una disminución en dichas reservas. Panamá cosecha ya el éxito de este tipo de proyectos con la introducción de nuevas fuentes de energía más limpias, baratas  y fiables.

La generación de energía barata es importante, pero no debemos descuidar lo que pasa una vez generada, cuando debe ser distribuida a los que la consumimos.  La clave será una red moderna, buenas prácticas operativas, y que las empresas de distribución sean financieramente sólidas.

El siguiente paso para América Latina será la desregulación del mercado minorista. Colombia, Brasil y México ya han comenzado. Con nuevas tecnologías que posibilitan la facturación, medición y cobro, y, en algunos casos, las transacciones a través del celular, el “servicio público del futuro” (luz, agua, etc.) deberá aproximarse más al cliente. Las nuevas tecnologías y las redes inteligentes permitirán este acercamiento directo al cliente – y ya no será el derecho exclusivo de la venta de energía mayorista.

El nuevo enfoque estratégico de IFC toca todos los aspectos de la disrupción del sector energético. Continuamos con nuestro énfasis en brindar apoyo a los proyectos innovadores, tales como Solem en México, uno de los principales complejos fotovoltaicos de Latinoamérica, y la promoción de gas natural licuado en países como Panamá y Brasil. Solem contribuirá a que México alcance en 2024 el objetivo de que el 35% de la energía generada por el país provenga de fuentes limpias.

¿Es posible un mundo donde el total de la demanda energética global pueda ser satisfecha con energías renovables? Aún no lo sabemos a ciencia cierta pero de serlo, no cabe duda que América Latina será una de las regiones mejor posicionadas para aprovechar las nuevas opciones de energía para beneficio de todos.

Energía renovable en Latinoamérica: la utopía posible (semana.com)

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