El sodio es un mineral vital para la vida que está presente incluso en el líquido que baña las células pero su equilibrio con el potasio es fundamental y si se rompe puede dar lugar a numerosas patologías, incluidas las cardiovasculares, las renales, las hepáticas y, por supuesto, la hipertensión. Y la única manera de controlar ese equilibrio con seguridad es restringiendo su consumo. El de la sal de mesa ante todo ya que es mero cloruro sódico -al que a veces se agrega yodo- pero también el de la sal marina y el de la sal de roca de las minas terrestres -como la famosa Sal del Himalaya- porque si bien es verdad que éstas dos últimas contienen los 84 elementos necesarios en la proporción exacta que el organismo necesita para la subsistencia tienen una alta cantidad de sodio.

Debe entenderse que el cuerpo necesita 23 gramos de «agua» por cada gramo de cloruro sódico que no es capaz de expulsar… pero de «agua celular». Es decir, el cuerpo se ve obligado a sacrificar el agua de las células a fin de evitar el efecto negativo del cloruro sódico. Y eso hace que mueran millones de células deshidratadas con lo que, además, se forma tejido muerto que también hay que eliminar. Por eso el consumo excesivo de sodio provoca la formación de edemas y tejido acuoso con exceso de ácido siendo asimismo causa de celulitis e hipertensión. Es más, cuando el consumo es excesivo llega un momento en el que el cuerpo ya no puede dedicar a esa labor de desintoxicación más agua celular y utiliza otra vía para resolver el problema: la cristalización en huesos y articulaciones. Es más, los aminoácidos se unen con el cloruro sódico y se depositan en forma de cristales de ácido úrico dando lugar a la formación de piedras renales y de vesícula así como a la artritis, la artrosis y las enfermedades reumáticas.

El caso es que hoy sabemos que al ser humano le bastan 0,2 gramos al día para tener cubiertas sus necesidades de sodio y sin embargo en Occidente el consumo medio diario de sal por persona está entre 12 y 20 gramos; asunto peliagudo porque la ingesta de 40 gramos de golpe puede hasta provocar la muerte. A lo que cabe añadir el hecho de que nuestro cuerpo sólo tiene capacidad para eliminar entre 5 y 7 gramos diarios de cloruro sódico (depende de la edad, constitución y sexo) y por eso los órganos de eliminación de quien consume habitualmente sal -e incluimos los alimentos salados- están constantemente sobrecargados.

El problema es que a casi nadie le gusta hoy consumir alimentos sosos y si bien hay quien propone resolver el problema usando especias a muchos la propuesta no les satisface. De ahí que la industria alimentaria lleve décadas buscando alternativas aceptables. Pues bien, un laboratorio español ha desarrollado con el asesoramiento del Grupo de Investigación en Tecnología Alimentaria de la Universidad de Murcia un sazonador elaborado con una combinación equilibrada de ingredientes minerales que ha sido sometido a controles de calidad mediante análisis por cromatografía ICP y potenciometría a fin de establecer un contenido concreto de carbonates y bicarbonatos y asegurarse de que posee un pH alcalino y una alta conductividad eléctrica. Bautizado como Salcalina contiene una gran variedad de nutrientes y oligoelementos esenciales pero su principal característica es su contenido reducido en sodio y su riqueza en calcio y potasio. Y ello implica que su sustitución por toda sal rica en sodio contribuye a mantener una tensión arterial normal y a reducir las pérdidas de calcio urinario.

Además contiene la cantidad de calcio necesaria para optimizar la relación con el fósforo, nutriente muy abundante en los alimentos del que difícilmente hay carencias; de hecho está presente en las colas, refrescos y muchos aditivos alimentarios. Y lo más llamativo: es un producto alcalino; cada gramo disuelto en 250 ml de agua produce 390,4 mg/l de HCO3– (ion bicarbonato) obteniéndose así un pH de 9. Además el bicarbonato contribuye a alcalinizar la orina lo que supone una ventaja nutricional cuando se consumen alimentos proteicos porque el consumo en exceso de éstas tiene efecto acidificante. Y como es fuente de potasio mantiene el equilibrio ácido-base y hace que, junto con el sodio, se controle la cantidad de agua en el organismo.

La idea es en definitiva popularizar el consumo de esta sal para evitar al abuso actual y conseguir que los fabricantes y comercializadores de alimentos -especialmente de los ecológicos y libres de OGM y alérgenos- utilicen este producto en lugar de sal común ya que ello redundará en beneficio de la salud general de la población. Razón suficiente para que nos hagamos eco de su existencia.

En suma, hablamos de un sazonador salino más bajo en sodio que las sales marinas y de roca que posee un pH alcalino y es pues idóneo pues para quienes quieren cuidar su salud. Eso sí, sin abusar de él tampoco porque los excesos, en todo, siempre se pagan.

 

Fuente; Revista Discovery Salud. Número 201 – Febrero 2017

+ Info; https://adejesalud.es/dile-no-a-la-sal-comun-y-prueba-salcalina/

23/09/2022