¡Acusan a China de asesinar a 90.000 personas al año para extraerles órganos!

En China son asesinadas más de 90.000 personas al año -250 diarias- para extraerles órganos con los que comerciar, en muchas ocasiones mientras aún están vivas. Una auténtica industria de la muerte que obtendría entre 60.000 y 100.000 órganos para vender al mejor postor por miles de millones de dólares. Al menos así lo aseguran el exsecretario de Estado de Canadá para la zona Asia-Pacífico David Kilgour y el abogado canadiense especializado en derechos humanos David Matas quienes el pasado 2 de febrero reiteraron su denuncia en una rueda de prensa celebrada en Madrid a la que la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles no acudió a pesar de que un par de horas habían entregado en el Congreso de los Diputados un documento sobre el asunto en el que 251.035 personas solicitan la intervención de las autoridades españolas.

E l informe presentado el pasado 19 de febrero se terminó en junio de 2016, ocupa 680 páginas, contiene 2.400 referencias, se presenta bajo el título Cosecha sangrienta / La masacre y lo firman el exsecretario de Estado canadiense David Kilgour, el abogado de la misma nacionalidad David Matas y el investigador, defensor de derechos humanos, escritor y antiguo miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias Ethan Gutmann, Es más, éste último es autor de la obra The Slaughter (La masacre) publicada en 2014 en la que se denuncia que las personas a las que mayoritariamente se están extrayendo órganos son practicantes de Falun Gong y miembros de etnias minoritarias de ese país como los tibetanos y los uigures además de algunos cristianos. Cabe agregar que el informe va acompañado de un escrito firmado por 251.000 personas que solicitan la intervención de las autoridades españolas para parar esta matanza. Los denunciantes estiman que en la actualidad se asesina en China a unas 90.000 personas al año -más de 250 diarias- extrayéndose entre 60.000 y 100.000 órganos para comerciar con ellos. Cifra que según los denunciantes niega el Gobierno chino alegando que «sólo» obtienen anualmente unos 10.000 órganos y de forma «legal».

Esta denuncia ya fue presentada inicialmente hace ahora más de diez años por David Kilgour y David Matas y Discovery DSALUD informó ampliamente de ello en el reportaje que con el título Extraen órganos a decenas de miles de personas para trasplantárselos a quienes pagan por ellos publicamos en el n° 91 de la revista correspondiente a febrero de 2007 (puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com).

Todo esto empezó cuando la organización no gubernamental Coalición para investigar la persecución a Falun Gong -con sedes en Estados Unidos y Canadá- pidió a Kilgour y Matas que investigaran la afirmación hecha el 17 de marzo de 2006 en el diario Epoch Times por una trabajadora del Hospital de Sujiatun (China) -que aparecía con el pseudónimo de Annie para proteger su identidad- según la cual su exmarido había estado involucrado en la extracción de órganos de seguidores de la disciplina espiritual Falun Gong. Annie explica que sospechó que algo extraño ocurría al constatar que los pedidos de algunos productos -como el papel higiénico y el arroz- eran mayores de lo que razonablemente cabía esperar siendo entonces cuando su exmarido, cirujano del hospital, le reveló que en él se estaba llevando a practicantes sanos de Falun Gong para extraerles órganos y que él mismo había extraído personalmente córneas a más de 2.000 entre 2001 y 2003. Dejando claro que ninguno había sobrevivido porque otros colegas les habían extraído el resto de los órganos incinerándose a continuación sus restos.

Matas y Kilgour aceptaron investigar el caso averiguando que en China se habían hecho entre 2000 y 2005 unos 41.500 trasplantes de órganos, número tan alto que no podían proceder solo de personas declaradas clínicamente muertas. «Hemos llegado a la lamentable conclusión de que los alegatos son auténticos -explican en el informe que emitieron el 6 de julio de 2006-. Creemos que ha habido -y continúa pasando hoy- sustracción no voluntaria a gran escala de órganos a practicantes del movimiento Falun Gong. Nuestra conclusión es que el Gobierno de China, a través de organismos de numerosas zonas del país -especialmente hospitales pero también centros de detención y ‘cortes populares’- han asesinado desde 1999 a un gran número -desconocido- de prisioneros de conciencia de Falun Gong. Sus órganos vitales -incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas- se les extrajeron simultáneamente de manera no voluntaria para venderlos a elevados precios; a veces a extranjeros que deben esperar mucho tiempo en sus países para obtener órganos voluntariamente donados«.

El informe incluye dramáticas reproducciones de conversaciones telefónicas grabadas en distintos hospitales de China por voluntarios que se hicieron pasar por personas que necesitaban urgentemente un órgano para ellas o para algún pariente. Transcribimos una de las que ya se recogían en el informe de 2006 entre «M» y el doctor Lu, uno de los médicos del Hospital Minzu de la ciudad de Nanning en la región autónoma china de Guangxi:

¿Pueden encontrar órganos de practicantes de Falun Gong?

No hay forma de obtenerlos. Es bastante difícil conseguirlos ahora en Guangxi. Si no puede esperar le sugiero que vaya a a Guangzhou porque a ellos les es sencillo obtener órganos. Pueden buscarlos en toda la nación. Al hacer un trasplante de hígado pueden obtener a la vez un riñón así que lo tienen fácil. Son muchos los centros que acuden a ellos cuando hay desabastecimiento.

¿Por qué les es tan fácil obtenerlos?

Porque es una institución importante; contactan con el sistema (judicial) en nombre de toda la universidad.

¿Entonces obtienen órganos de practicantes de Falun Gong?

En efecto.

¿Los órganos que obtienen son de centros de detención o de prisiones?

De prisiones.

¿Y pertenecían a practicantes saludables… ?

Correcto. Y elegimos los mejores para asegurar la calidad de la operación.

Eso significa que eligen los órganos ustedes mismos…

Correcto.

¿Y generalmente qué edad tienen los proveedores de órganos?

Normalmente alrededor de 30 años.

¿Entonces ustedes van a la prisión a seleccionarlos?

Correcto. Debemos seleccionarlos.

¿Pero la persona sabe que le quitarán sus órganos?

No, no lo sabe.

En fin, si el lector ha conseguido controlar sus ganas de vomitar de asco tras leer esta conversación en la que un médico se comporta como el dependiente de una carnicería sepa que es solo uno de los muchos testimonios similares recogidos.

AÑOS DESPUÉS LA MASACRE CONTINÚA

A partir de aquel informe -del que dimos amplia cuenta y la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles ocultó- hubo en otros países fuertes movimientos de protesta que obligaron al Gobierno chino a anunciar el 2 de diciembre de 2014 que a partir del 1 de enero de 2015 dejarían de extraer órganos «a los presos condenados a muerte». Porque tal fue la justificación oficial a la enorme cantidad de órganos que se trasplantaban en el país a pesar de tratarse de una versión poco creíble teniendo en cuenta que nunca han dado datos de cuántos presos ejecutan al año y el hecho que la mayoría de los detenidos de ese país padece hepatitis B lo que impide que muchos de sus órganos sean útiles para trasplantes.

David Matas denuncia además que a pesar de ese anuncio oficial lo cierto es que no se cambió la legislación y de ahí que junto a Kilgour y Ethan Gutmann decidieran actualizar sus datos y emitir el nuevo informe ahora presentado: “El resultado -explican- es un texto de 680 páginas y 2.400 notas en el que llegamos a la conclusión de que no ha habido un cambio real. Tras el anuncio realizado el volumen de trasplantes no ha disminuido y la industria de trasplantes continua a pleno ritmo. El volumen de trasplantes sigue siendo mucho más alto del que reconoce el Gobierno chino. Daba una cifra de 10.000 al año y nosotros hemos llegado a la conclusión de que son anualmente entre 60.000 y 100.000«.

La novedad es que en el nuevo informe se acusa directamente al Partido Comunista Chino de consentirlo y beneficiarse de ello. «La conclusión final-dicen- es que el Partido Comunista Chino ha involucrado al estado en la matanza en masa de inocentes; especialmente de practicantes de la comunidad Falun Gong pero también de uigures, tibetanos y cristianos con el fin de obtener órganos para trasplantes. Incluso teniendo en cuenta el volumen de trasplantes que el Gobierno chino ha reconocido oficialmente hay una sustancial discrepancia entre el número de trasplantes reales y el número de ‘fuentes’ que el Gobierno de China ha identificado como son los presos condenados a muerte y los donantes voluntarios. Tal discrepancia es una de las razones -entre otras- que nos han llevado a la conclusión de que los grupos antes citados han sido la ‘fuente’ de muchos -de hecho de la mayoría- de los órganos utilizados para trasplantes». Añadiendo de forma concluyente: «Las pruebas que poseemos muestran un volumen mucho mayor de trasplantes del que admite el Gobierno de China. Y esa discrepancia nos lleva a concluir que ha habido una masacre aún mayor de la que creíamos de practicantes de Falun Gong«.

En el informe de 2016 se recogen otros testimonios que permiten entender el funcionamiento de esta industria de muerte. Como el de una persona que el 31 de marzo de 2006 escribió a la revista Epoch Times identificándose como médico militar de alto rango perteneciente al General Logistics Department del Comando Militar de Shenyang y decía «La Comisión Militar Central del Partido Comunista de China tiene reglamentado desde 1962 -y sigue vigente hoy- que todo condenado a muerte o infractor de gravedad pueda ser tratado según las necesidades del desarrollo nacional socialista de acuerdo al ‘protocolo revolucionario’”. Añadiendo: «La extracción de órganos de delincuentes graves quedó regulada por un reglamento complementario promulgado en 1984 y muchos de los departamentos locales de seguridad pública cumplieron con esos objetivos trasplantando directamente órganos e incinerando luego los cuerpos. Tras 1992 el aumento de costes de las materias primas y el desarrollo de algunas industrias hizo que los cuerpos humanos se convirtieran en una materia prima valiosa. Es decir, los cuerpos –vivos o muertos– se convirtieron en materia prima«. Y por si hubiera dudas agrega: «En la actualidad los miembros del Comité Central del Partido Comunista de China definen a Falun Gong como un tipo de enemigo y eso implica que no hay necesidad de informar sobre el trato que se les da. En otras palabras, al igual que los delincuentes más peligrosos los miembros de Falun Gong no son vistos como seres humanos sino como materia prima. Son una mercancía» (los subrayados y negritas son nuestros).

Pues bien, un mes después -en abril de 2006- ese médico ampliaría su testimonio: «Cualquier persona elegida específicamente para el trasplante de órganos puede ser sacada de las prisiones, los campos de trabajo, los centros de detención, los campos secretos, etc. Siendo en ese momento su nombre real sustituido por un código. El siguiente paso es someterlo a un trasplante de órganos en vida. A esa persona ya no se la ve como un ser humano sino como un animal. Los médicos que participan en uno o dos casos pueden tener algún resquemor ético pero tras decenas de miles de trasplantes la destrucción de cuerpos vivos les vuelve insensibles”.

Y agrega: «Los practicantes de Falun Gong y otros internos usan sus nombres reales durante la detención pero en el trasplante de órganos el nombre es ya falso. Se convierten en personas ficticias aunque la información sobre ellos sea completa. En el formulario de donación voluntaria de órganos aparece una firma pero obviamente la hace otra persona. He visto más de 60.000 de esas fichas falsificadas. Básicamente se dice en ellas que la persona dona voluntariamente el órgano y acepta todas las consecuencias pero es obvio que muchas de esas firmas las ha hecho la misma persona«.

UNA INDUSTRIA A GRAN ESCALA

Realmente vomitivo. Y he aquí otro testimonio de una persona que trabajó durante más de 20 años en el sistema de salud de Jinan y el 14 de abril de 2006 escribió en la web de Falun Gong lo siguiente: «El Qianfoshan Hospital de Shandong y el Hospital General de la Policía de la provincia de Shandong trabajan en connivencia con las prisiones y los campos de trabajo forzoso en una operación a gran escala para extraer en vivo órganos para trasplantes”. Añadiendo que “los practicantes de Falun Gong son también utilizados para llevar a cabo experimentos internos en hospitales» y que «tanto el Qianfoshan Hospital de Shandong como el Hospital General de la Policía de Shandong -comúnmente conocido como Hospital de Laogai ya que pertenece al sistema del campo de trabajo- participaron directamente en la extracción de órganos de practicantes de Falun Gong. Ambos hospitales asumen por completo las instrucciones que reciben directamente del órgano central del Partido Comunista Chino. Muchos de los trasplantes cuyos órganos se extrajeron a personas aún vivas se realizaron en esos dos hospitales, asociados a la prisión provincial de Shandong, a la prisión de mujeres de Shandong y a otras prisiones y campos de trabajo forzoso. Esas instituciones se encargan de ‘racionalizar’ el suministro de órganos; incluyendo cirujanos, extracción de órganos, trasplantes, distribución de beneficios, etc

Y hay más testimonios de esta escalofriante y aberrante práctica. El 10 de diciembre de 2009 un oficial de policía de Jinzhou -en la provincia de Liaoning- testificó telefónicamente ante la Organización Mundial para Investigar la persecución a Falun Gong asegurando que él había sido vigilante en uno de esos centros de extracción de órganos y había visto personalmente cómo el 9 de agosto de 2002 dos médicos militares extirparon varios órganos a una maestra de Secundaria de unos treinta años practicante de Falun Gong en una sala de operaciones de la planta 15 del Hospital General del Shenyang Military Command mientras estaba consciente. «No se le puso anestesia -explicó-. El bisturí entró directamente en el pecho. Sus manos ni siquiera temblaron. Si hubiera sido yo mis manos hubieran temblado sin duda…».

Inconcebible salvajada. Pero sigamos: en 2014 y 2015 Yang Guang, experto chino que reside en Dinamarca, transmitió a Epoch Times y a New Tang Dynasty Televisión el relato de un amigo suyo, alto cargo en una universidad médica del noreste de China a cargo de la logística de dos hospitales, quien le aseguró lo siguiente: «Los dos hospitales afiliados a nuestra universidad realizan entre 2.000 y 3.000 trasplantes de órganos cada año. Como los órganos se extraen en vida y hay diversas ‘fuentes’ se tarda menos de un mes. A veces apenas 48 horas (…) La Oficina 610 (el departamento encargado de la erradicación de Falun Gong) lleva a fas ‘fuentes’ de órganos en vehículos de transporte de prisioneros a los hospitales y una vez se verifica la compatibilidad tisúlar se procede a hacer los trasplantes. Luego, tras las operaciones, se incineran los cuerpos (…) Sólo sabemos de ellos sus números de serie y que son practicantes de Falun Gong. Tales casos representan el 90% de los trasplantes hospitalarios. El conjunto del proceso lo supervisan miembros de la Oficina 610 que exigen mantener un estricto secreto. Al final de cada año los números de serie y fecha de los trasplantes de órganos se envían a supervisión al Comité del Partido Comunista de China y los borramos de nuestros ordenadores bajo la supervisión de personal de la Oficina 610«.

«Fue a partir del 2000 -continuaría diciendo- cuando la Oficina 610 nos empezó a suministrar órganos de practicantes de Falun Gong. No había nombres ni direcciones; sólo el sexo, la edad y un número de serie. Cada vez que nuestros hospitales enviaban equipos médicos a las prisiones, campos de trabajo o centros de lavado de cerebro para recoger muestras de sangre tenían que preparar las herramientas, las drogas, los refrigeradores y proporcionar el transporte. Tengo los registros completos (…) Y son los hospitales del ejército y la policía los que llevan a cabo más trasplantes; más que los hospitales civiles».

Según este informante los órganos obtenidos de delincuentes condenados a muerte representaban un pequeño número del total. Y es que incluyendo las diez ciudades más grandes de China no se ejecuta en ninguna a más de cincuenta presos al año. Luego, ¿cómo van a efectuarse gracias a ellos más de 90.000 trasplantes al año? Aportó además un dato especialmente revelador: los altos funcionarios del Partido Comunista de China y sus parientes no reciben órganos de presos ejecutados; esos se reservan a los extranjeros que acuden al país a adquirirlos habiéndose llegado a pagar en algún caso hasta 2 millones de dólares por el órgano, el trasplante y la estancia hospitalaria.

Ya en su primer informe Kilgour y Matas dieron cuenta de los precios «oficiales» en dólares de los órganos pues aparecían en la propia web de la Red Internacional del Centro de Asistencia de Trasplantes de China antes de que se retiraran. Eran éstos:

-Riñón: 62.000 dólares.

-Hígado: de 98.000 a 130.000 dólares.

-Hígado + riñón: de 160.000 a 180.000 dólares.

-Riñón + páncreas: 150.000 dólares.

-Pulmón: de 150.000 a 170.000 dólares.

-Corazón: de 130.000 a 160.000 dólares.

-Córnea: 30.000 dólares.

El letrado español Carlos Iglesias, abogado especializado en la defensa de derechos humanos y representante en España de Doctores contra la Extracción Forzada de Órganos (DAFOH), asociación organizadora del acto de presentación del informe- recordaría durante la rueda de prensa un caso que explica claramente el grado de mercantilización de los trasplantes en el gigante asiático. «En 2008 -contó- un español fue a por un hígado a China porque aquí no era candidato debido a su situación médica. Y nunca le dijeron de dónde procedía. Lo único que hicieron fue pedirle 130.000 dólares por implantárselo. Pues bien, estando ya preparado para la operación el presidente del hospital le hizo saber que tendría que pagar 10.000 dólares más o el hígado se lo pondrían a otro paciente que estaba en la habitación de al lado dispuesto a quedarse con él. Es decir, ¡estaban subastando allí mismo el órgano! Finalmente regresó a España con él pero su organismo lo rechazó aunque el nuevo hígado le permitió entrar en la lista de espera del sistema español. Al final se le hizo un segundo trasplante en España y aún vive» Terminado su testimonio Carlos Iglesias, visiblemente indignado, añadió: «¿Cuántos miles de personas están siendo asesinadas en China por sus órganos? ¿Quién está detrás de todo esto? Es un negocio criminal a gran escala y las autoridades no pueden seguir ajenas a lo que ocurre. Estamos hablando, según dicen los investigadores aquí presentes, del asesinato diario de 250 personas inocentes para extraerles sus órganos mientras aún están vivas. Y mientras España ni siquiera ha condenado esta práctica en China como reclamó el propio Parlamento Europeo el 12 de diciembre de 2013