Conspiración de los U.S. para Iniciar la Guerra Contra Iraq (Y manterla asi…)

Brian Becker

Incluso antes del primer día de la crisis del Golfo Pérsico, George Bush y el Pentágono querían llevar a cabo una campaña militar contra Iraq.

¿Cuál fue el carácter de esta guerra? Iraq ni atacó ni amenazó a los Estados Unidos. Creemos que ésta fue una guerra para redividir y redistribuir los fabulosos recursos y mercados del Medio Oriente, en otras palabras, fue una guerra imperialista. La administración Bush, en representación de las corporaciones gigantes del petróleo y los bancos, buscaron fortalecer su dominación en esta estratégica región. Lo hicieron en colaboración con las antiguas potencias coloniales de la región, que eran Francia y Gran Bretaña, y oponiéndose a las reclamaciones del pueblo Iraquí sobre su propia tierra y sus recursos naturales.

Como es costumbre en este tipo de guerras, el gobierno se vio forzado a ocultar la verdad sobre la guerra – tanto sus orígenes como sus objetivos y la naturaleza del «enemigo» – para convencer al pueblo de su país. Es por esto por lo que es importante analizar los hechos. Hay una amplia evidencia de que los U.S. estaban preparando ávidamente la guerra incluso antes de la invasión Iraquí de Kuwait alla el 2 de Agosto de 1990. Con sus planes en mente, debemos determinar si es posible que el gobierno de los U.S. buscaran en realidad un pretexto para la intervención militar en el Medio Oriente.

La información que ha salido a la luz sugiere que los Estados Unidos interfirió y agravó la disputa Iraq-Kuwait, sabiendo que era posible una respuesta militar Iraquí contra Kuwait, y entonces sacar ventaja sobre los movimientos Iraquíes para llevar a cabo una largamente planeada intervención militar de los U.S. en el Medio Oriente. Estas evidencias incluyen:

  1. El diminuto, pero rico en petróleo, reino de Kuwait se convirtió en la herramienta de la campaña de guerra económica inspirada por los U.S. para debilitar a Iraq como potencia regional una vez que la guerra Irán-Iraq terminó. Durante 1989-1990, la monarquía Kuwatí sobreprodujo petróleo bajando sus precios, una política que le costó a Iraq 14.000 millones de dólares por pérdidas de ingresos. Iraq también se quejó de que los Kuwatíes estaban robando petróleo de Iraq usando la tecnología de perforación inclinada en el gigantesco campo de petróleo de Rumaila, la mayor parte del cual está dentro de Iraq. En una reunión de la Liga Árabe en Mayo de 1990, Saddam Hussein se quejó amargamente de la política Kuwatí de «guerra económica» contra Iraq y apuntó que si la sobreproducción Kuwatí no cambiaba, Iraq llevaría a cabo una acción militar. El Emir de Kuwait rehusó debatirlo. ¿Por qué un país de la OPEP querría bajar los precios del petróleo? Mirando atrás, es concebible que este diminuto y antidemocrático reino, cuya familia gobernante es odiada por las masas Árabes, se atreviese a desafiar a Iraq (un país diez veces mayor que Kuwait) porque estaba seguro de tener protección de una potencia aún mayor – léase los Estados Unidos. Esto es aún más creíble cuando uno considera que la familia gobernante en Kuwait ha tenido en el pasado mucho cuidado en sus relaciones con Iraq. Kuwait era tradicionalmente parte de la Provincia de Basora hasta que en 1899 los británicos dividieron Iraq y declararon Kuwait colonia suya.
    Coincidiendo con la sobreproducción de petróleo de Kuwait, Iraq fue objeto de una serie de sanciones de hecho, aplicadas de forma progresiva por algunos gobiernos capitalistas occidentales. Cientos de contratos científicos, ingenieros y de suministro de comida entre Iraq y los gobiernos occidentales se cancelaron en 1990
  2. La política de los U.S. de incrementar la presión económica sobre Iraq fue acompañada de un dramático cambio en la doctrina militar y estratégica hacia Iraq. Comenzando en el verano de 1989, los Jefes de Personal de la Unión modificaron la doctrina militar de los U.S. en el Medio Oriente de un conflicto entre U.S. y los soviéticos a un conflicto con una potencia regional. En Junio de 1990, dos meses antes de la invasión Iraquí de Kuwait – el General Norman Schwarzkopf llevó a cabo sofisticados juegos de guerra que involucraban cientos de miles de soldados de los U.S. contra las divisiones acorazadas Iraquíes.
  3. La administración Bush mintió cuando declaró el 8 de Agosto de 1990 que el propósito del despliegue de tropas de los U.S. era «estrictamente defensiva» y necesaria para proteger a Arabia Saudí de una inminente invasión Iraquí. El Rey Hussein de Jordania informó de que las tropas de los U.S. estaban siendo desplegadas en Arabia Saudí días antes de que este país «invitara» a los U.S. a intervenir. Hussein dice que en los primeros días de la crisis el Rey Saudí Fahd expresó su Apoyo para una solución diplomática Árabe. El Rey Fahd también le dijo al Rey Hussein de que no había evidencia de una preparación de la invasión Iraquí en la frontera Saudí, y que a pesar de las afirmaciones de los Americanos, no había informes fidedignos de que Iraq planeara invadir Arabia Saudí. Los Saudís sólo aceptaron las demandas de los U.S. para «invitar» a sus tropas a defenderlos tras una larga reunión entre el rey y el Secretario de la Defensa Richard Cheney. El contenido real de esta discusión probablemente permanecerá clasificado por muchos, muchos años.

El 11 de Septiembre de 1990, Bush también dijo en una sesión conjunta del Congreso que «tras las negociaciones y promesas del dictador Iraquí Saddam Hussein de no usar la fuerza, un ejército poderoso invadió a su vecino mucho más débil, Kuwait. En tres días, 120.000 soldados con 850 tanques se infiltraron en Kuwait y se movieron al sur amenazando a Arabia Saudí. Fue entonces cuando decidí actuar para controlar esta agresión.» Sin embargo, de acuerdo con Jean Heller del St. Petersburg Times (de Florida), los hechos no fueron como los contó Bush. Fotografías de satélite tomadas por la Unión Soviética en el preciso día en que Bush se reunía con el Congreso no mostraron ninguna evidencia de tropas Iraquíes en Kuwait o moviéndose de forma masiva en la frontera de Kuwait y Arabia Saudí. Mientras que el Pentágono afirmaba que 250.000 soldados Iraquíes habían entrado en Kuwait, rehusó dar ninguna evidencia que contradijera las fotos de satélite Soviéticas. Las fuerzas de los U.S., campamentos, aviones, basureros, equipos de camuflaje, áreas de estacionamiento y camiones a través del desierto se pueden ver fácilmente. Pero como dijo Peter Zimmerman, antiguo miembro de la Agencia de Control y Desarme de los U.S. en la Administración Reagan, y antiguo especialista en imágenes de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, quien analizó las fotografías del St. Petersburg Times:

No encontramos nada de esa clase [es decir, comparables a las construcciones de los U.S.] en ningún lugar de Kuwait. No vemos tiendas de campaña, no vemos agrupaciones de tanques, no vemos concentraciones de tropas y la principal base aérea de Kuwait aparece desierta. Cinco semanas después de la invasión, y por lo que podemos ver, la fuerza aérea Iraquí no movió ni un simple caza a la base aérea más estratégica de Kuwait. No hay infraestructuras para albergan a gran número de personas. Deben usar baños o su equivalente funcional. Deben tener comida… ¿Pero dónde están?

El 18 de Septiembre de 1991, sólo una semana después de que se tomasen las fotos Soviéticas, el Pentágono estaba diciéndole al público Americano que las fuerzas Iraquíes en Kuwait habían aumentado a 360.000 hombres y 2.800 tanques. Pero las fotos de Kuwait no muestran ninguna huella de tanques en el sur de Kuwait. Muestran claramente huellas dejadas por los vehículos que prestan servicio a los grandes campos de petróleo, pero no huellas de tanques. Heller concluye que hasta el 6 de Enero de 1991 el Pentágono no ha dado ni a la prensa ni al Congreso ninguna prueba de que exista una preparación de tropas Iraquíes en el sur de Kuwait que indiquen una inminente invasión de Arabia Saudí. La evidencia más usual del Pentágono es poco más que decir «créeme.» Pero las fotos de los satélites comerciales soviéticos nos cuentan una historia más convincente. Las fotos tomadas el 8 de Agosto de 1990 del sur de Kuwait – seis días después de la invasión inicial y justo en el momento en el que Bush estaba advirtiendo al mundo de la inminente invasión de Arabia Saudí – mostraban pequeñas dunas de arena sobre los parches de las carreteras que iban de la Ciudad de Kuwait a la frontera Saudí. Las fotos tomadas el 11 de Septiembre de 1990, muestran exactamente las mismas dunas de arena pero ahora más grandes y profundas, sugiriendo que se han ido construyendo de forma natural sin la perturbación del tráfico durante un mes. Las carreteras en el norte de Arabia Saudí durante este mismo periodo, en contraste no muestran dunas de arena, porque habían sido limpiadas por el tráfico pesado de los convoyes de suministros. El antiguo analista de la DIA se expresa de esta forma: «En muchos lugares la arena se mueve hasta 30 metros o más.» El análisis de Zimmerman es que «Las carreteras podrían haber sido atravesadas por tanques pero no por el personal o los vehículos de suministros. Y no hay ninguna evidencia de que los tanques hayan usado las carreteras. Y no hay evidencia de que se estén cortando nuevas carreteras. Por contra, ninguna de las carreteras en Arabia Saudí tienen arena en ella. Están completamente limpias.»

No se necesitarían más que unos pocos miles de soldados para tomar la Ciudad de Kuwait, y esto es todo lo que las evidencias de satélite pueden confirmar. La implicación es obvia: las tropas Iraquíes que fueron desplegadas eventualmente a lo largo de la frontera entre Kuwait y Arabia Saudí fueron enviadas en respuesta al despliegue de los U.S. y no eran una provocación para la acción militar de Bush. Aún más, la manera en que finalmente fueron desplegadas era puramente defensiva – una especie de Línea Maginot contra la masiva y ofensiva movilización de las fuerzas de los U.S. y la Coalición justo en la frontera con Arabia Saudí.

Una Guerra para Destruir Iraq como Potencia Regional

Que la administración Bush quería la guerra es obvio por su negativa inalterable de entrar en una genuina negociación con Iraq que podría haber alcanzado una solución diplomática. La propuesta Iraquí del 12 de Agosto de 1990 que indicaba que Iraq deseaba hacer concesiones importantes para retornar a una discusión moderada del resto de los conflictos sin resolver del Medio Oriente, fue rechazada por culpa de la administración Bush. Lo mismo ocurrió con otra oferta Iraquí hecha en Diciembre de la que informó Knut Royce en Newsday.

El Presidente Bush evitó la diplomacia y las negociaciones, incluso rehusando mandar al Secretario de Estado Baker para reunirse con Saddam Hussein antes del 15 de Enero de 1991, fecha tope que él mismo había prometido el 30 de Noviembre de 1990. Bush también rechazó la oferta de retirada Iraquí del 15 de Febrero de 1991, dos días después que los aviones de los U.S. incineraran a centenares de mujeres y niños que dormían en el refugio antiaéreo de al-Ameriyah. Los iraquíes aceptaron inmediatamente la propuesta soviética del 18 de Febrero de 1991 – esto es, cuatro días antes de que la llamada campaña terrestre fuera lanzada – que requería que Iraq aceptase todas las resoluciones de las NU.

La campaña terrestre de los U.S. contra las posiciones Iraquíes terminó con el mayor número de bajas del conflicto. Entre 50.000 y 100.000 soldados Iraquíes pudieron morir después de que el gobierno Iraquí hubiese capitulado ante todas las demandas de los U.S. y las NU. Es obvio por lo tanto, que el gobierno de los U.S. no luchó en la guerra para asegurar la retirada de Iraq de Kuwait sino que procedió con esta masacre sin parangón por otro tipo de objetivos políticos. Estos objetivos nunca se han expuesto al dominio público sino que sólo se hacen referencias a él bajo la firma del Nuevo Orden Mundial.

¿Qué es el Nuevo Orden Mundial, qué es lo que esperan obtener los U.S. y que es lo «que es nuevo » en el mundo que hace posible un nuevo orden? Es la asunción de Bush de que la Unión Soviética está deseando, bajo el liderazgo de Gorbachov, apoyar la política exterior de los U.S. con el Tercer Mundo. Los U.S. se figuran que los soviéticos están deseando abandonar a Iraq y sus otros aliados tradicionales en el Tercer Mundo y que entonces los U.S. y otros países capitalistas occidentales pueden retomar su antigua posición dominante en distintas áreas del mundo. Por como condujo la guerra los U.S. se puede ver que el permanente debilitamiento de Iraq es una parte fundamental del Nuevo Orden Mundial.

A pesar de que el rol Soviético ha cambiado drásticamente, los objetivos del imperialismo de los U.S. en el Medio Oriente han continuado siendo básicamente los mismos, con cambios en las tácticas como resultado de las condiciones que han cambiado. La premisa básica de la política de los U.S. ha sido eliminar o debilitar severamente cualquier régimen nacionalista que desafíe la dominación y control de los U.S. sobre las regiones ricas en petróleo. La estrategia militar empleada contra Iraq no apuntó solamente a objetivos militares, sino que «los raids aéreos han destruido áreas residenciales, refinerías, instalaciones de agua y energía, que afectará a la población durante años.» Tan pronto como en Septiembre de 1990, la administración, de acuerdo con el discurso del Secretario de Estado James Baker, cambió los objetivos estratégicos de la intervención militar de los U.S. para incluir no solo la «liberación de Kuwait» sino la destrucción de la infraestructura militar Iraquí.

La Guerra entre Irán-lraq y la Estrategia de los U.S.

Que los U.S. buscaban debilitar permanentemente o aplastar a Iraq como potencia regional capaz de ejercer aunque sólo fuera nominalmente una amenaza a la dominación de los U.S. sobre esta estratégica región rica en petróleo, encaja con una larga serie de hechos históricos. Desde el descubrimiento de vastos depósitos de petróleo en el Medio Oriente, e incluso antes, la estrategia de los U.S. y de otras potencias coloniales Europeas fue la de prevenir la emergencia de cualquier régimen nacionalista en la región. Los U.S. han confiado en corruptas y despreciables monarquías hereditarias y dictaduras en el Medio Oriente. Tales regímenes han servido como marionetas para los intereses de los U.S. a cambio de la protección de los U.S.. Cuando el Shah de Irán fue destronado en 1979 por una masiva y popular revolución, supuso un completo shock para las compañías de petróleo de los U.S., la CIA y el Pentágono, quien había usado al odiado Shah como el policía proamericano en la región del Golfo.

La guerra entre Irán e Iraq fue vista como una nueva oportunidad para recuperarse de las pérdidas de los U.S. por la revolución Iraní. Comenzando en 1982 los U.S. animó y proveyó de armas y de información de satélite al gobierno Iraquí en su lucha contra Irán – el principal objetivo de las administraciones Reagan/Bush eran debilitar y contener a Irán para limitar su influencia en la región. La guerra Irán-Iraq debilitó en efecto a Irán, malgastando la mayor parte de los recursos materiales y humanos de la revolución.

Habiendo debilitado a Irán, el objetivo fue entonces debilitar a Iraq y asegurarse de que no podría desarrollarse como una potencia regional capaz de desafiar la dominación de los U.S. Después de que acabara la guerra, la política de los U.S. hacia Iraq cambió, haciéndose cada vez más hostil. El modo en que cambió la política de los U.S. es bastante reveladora; muestra todos los signos de una conspiración bien planeada. El cese el fuego entre Irán e Iraq comenzó oficialmente el 20 de Agosto de 1988. El 8 de Septiembre de ese año, el Ministro de Exteriores Iraquí Sa’dun Hammadi se reunió con el Secretario de Estado George Schulz. Los Iraquíes tenían muchas razones para esperar una cálida bienvenida en Washington y comenzar una era de estrecha cooperación en el desarrollo industrial y comercial. En cambio, a las 12:30 p.m., justo dos horas antes del encuentro y sin aviso de ningún tipo a Hammadi, el portavoz del Departamento de Estado Charles Redman convocó una rueda de prensa y declaró que «El Gobierno de los U.S. está convencido que Iraq ha usado armas químicas en su campaña militar contra las guerrillas Kurdas. No conocemos la extensión del ataque pero en cualquier caso su uso es aberrante e injustificable…Expresamos nuestra mayor preocupación al Gobierno Iraquí quien está bien al tanto de nuestra posición respecto al uso de armas químicas, su uso es totalmente injustificable e inaceptable.»

Redman no aludió a ninguna evidencia ni el gobierno Iraquí fue advertido de las acusaciones del Departamento de Estado. Antes bien, cuando Hammadi llegó al Departamento de Estado dos horas antes de su encuentro con Schulz, fue acosado por miembros de la prensa preguntándole que opinaba de las masacres. Hammadi fue completamente incapaz de dar respuestas coherentes. Preguntó a los periodistas porque le estaban haciendo esas cuestiones. No hace falta decir que la reunión con Schulz fue un fracaso total para las expectativas Iraquíes de asistencia de los U.S. en reconstruirles tras la guerra Irán-Iraq. Dentro de las veinticuatro horas siguientes al anuncio de prensa de Redman, el Senado votó unánimemente imponer sanciones económicas a Iraq que cancelarían las ventas de comida y tecnología. Tras el 8 de Septiembre de 1988 le siguió un periodo de dos años de acoso económico a los Iraquíes por parte del Departamento de Estado, la prensa y el Congreso. Saddam Hussein alude a este periodo muchas veces durante la preparación de la guerra y la guerra misma. El 15 de Febrero de 1991, en el preámbulo de la propuesta de cese el fuego, dice «Los años 1988 y 1989 vieron campañas sostenidas en la prensa y otros medios, y por los oficiales de los Estados Unidos y otras naciones imperialistas para allanar el camino para completar sus viciosos fines [es decir, la presente guerra]. La historia del The Washington Post de la propuesta de cese el fuego del 15 de Febrero de 1991 se tituló simplemente: «La Teoría de la Conspiración de la Historia Reciente de Baghdad.» ¡Algunas teorías de conspiraciones resultan ser verdad!

La administración Bush no ha presentado nunca ninguna evidencia de ningún tipo para avalar el uso de gas venenoso por Iraq contra sus propios habitantes. Simplemente ha repetido las acusaciones una y otra vez en la prensa. Este caso es analizado mucho más detalladamente en un estudio publicado por el Army War College llamado, Poder Iraquí y la Seguridad de los U.S. en el Medio Oriente. Los autores de dicho estudio concluyen que los cargos eran falsos y fueron usados por el gobierno de los U.S. para cambiar la opinión pública hacia Iraq. Incluso van más allá y sugieren una conspiración contra Iraq: «La totalidad del episodio de buscar imponer sanciones a Iraq por algo que no había sido hecho debería ser deplorado, pero esto no ha sido un hecho aislado. Desafortunadamente, hay otras áreas de fricción desarrollándose entre nuestros dos países.»

Si la primera parte de la estrategia fue crear hostilidad y penalidades económicas, entonces la guerra fue la segunda fase. El masivo bombardeo de Iraq unido a las continuas sanciones económicas después de la guerra completan la estrategia diseñada para dejar a Iraq tanto en un estado debilitado como dependiente de la ayuda occidental y préstamos bancarios para el esfuerzo de reconstrucción. Los U.S. querían un gobierno marioneta en Baghdad, e incluso si era imposible un gobierno del tipo del Shah, la administración Bush asume que un país arrasado por la guerra que es económicamente dependiente de los U.S. y las potencias capitalistas Europeas o la ayuda humanitaria de las NU se vería forzado a una posición subordinada a las mismas.

El Nuevo Orden Mundial y el Gran Petróleo

Creemos que el objetivo real de la guerra entre los Estados Unidos e Iraq era la de volver a los «good old days» (N.T. antiguos días buenos) cuando los U.S. y algunos países Europeas controlaban la totalidad de los recursos del Medio Oriente. Cinco de las doce mayores corporaciones en los Estados Unidos son monopolios del petróleo. Antes del auge del nacionalismo Árabe y de las revoluciones antifeudales que derrocaron a los regímenes colonialistas en Iraq y otros países del Medio Oriente en los 50 y los 60, las compañías de petróleo Holandesas, Británicas y de los U.S. poseían los derechos de los campos de petróleo Árabes e Iraníes. Entre 1948 y 1960 las compañías de petróleo de los U.S. tuvieron unos beneficios de 13.000 millones de dólares de sus holdings del Golfo Pérsico. Esto era la mitad de los beneficios de todas las inversiones de todas las demás compañías de los U.S. en aquellos años.

En las décadas recientes las compañías de los U.S. no poseen directamente los campos de petróleo del Medio Oriente pero todavía obtienen su riqueza. Esto es así porque las familias reales de la rica en petróleo península Arábiga, quienes obtuvieron sus tronos del imperio Británico y que son mantenidas por los militares de los U.S. y la CIA, han convertido lealmente sus reinos en el cuerno de la abundancia para los bancos y corporaciones de Wall Street.

Esta es una de las formas en que funciona. El dinero gastado en petróleo de Arabia Saudí, por ejemplo, va a una de las cuentas de las corporaciones del petróleo controladas por Rockefeller en el Banco de Chase Manhattan, controlado por Rockefeller. Ahora se deposita en una de las inmensas cuentas del rey Saudí en dicho banco quien lo reinvierte dando beneficios a los Rockefeller. El Banco de Chase Manhattan también maneja los Fondos de Desarrollo Industrial Saudí y el Banco de Inversiones Saudí. La Compañía Morgan Guaranty Trust, quien está ligada a Mobil y Texaco, tiene un representante en el Consejo de la Autoridad Monetaria Saudí y controla otro gran pedazo de los ingresos del reino. Citicorp maneja la mayor parte de los 120.000 millones de dólares de la cartera de inversiones del Emir de Kuwait  La cantidad total puesta a disposición de los banqueros occidentales por los señores feudales del Golfo se estima en un billón de dólares. Probablemente es más.

Mientras que las grandes compañías petrolíferas mantienen sociedades con los señores feudales de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, etc., están prácticamente excluidas de Iraq, Irán, Libia, Yemen y Argelia. El objetivo de esta guerra de los U.S. es hacer retroceder la revolución Árabe y todos los demás movimientos revolucionarios que han sacudido la región desde la Segunda Guerra Mundial.

El Nuevo Orden Mundial que Bush tiene en mente es, de hecho, no tan nuevo. Es un intento de hacer retroceder el reloj a la era previa a la Segunda Guerra Mundial de una dominación y pillaje colonial de la tierra, trabajo y recursos de África, Asia, Latinoamérica y el Medio Oriente por parte de un puñado de países industrializados capitalistas sin nadie que se le opusiese. Al contrario que el antiguo orden mundial de completo colonialismo, el nuevo orden mundial será impuesto por los aviones furtivos, misiles guiados, bombas inteligentes y armas nucleares tácticas – no por los barcos del siglo IXX. Esto está basado en la estrategia geopolítica que fluye como el agua desde los tanques de pensamientos apoyados por el Pentágono en Washington. Deja fuera el factor más importante en el ecuación del Medio Oriente – las masas de personas enemigas de la dominación extranjera y cuya capacidad de lucha permanece tan fuerte como siempre.

Los U.S. y sus aliados imperialistas han conseguido una victoria temporal en el Medio Oriente. Pero su política de dominación militar para detener el progreso natural de la historia – que la gente se libera del yugo del colonialismo – no puede tener éxito.

https://www.ssecretas.com/irak.html

26/06/2023