Envenenamiento por mordedura de serpientes: hechos y cifras

La serpiente oropel o bocaracá (Bothriechis schlegelii) posee una distribución amplia, en el Caribe desde México a Venezuela, y en el Pacífico desde Costa Rica hasta Ecuador. Crédito de la imagen: Instituto Clodomiro Picado.

28/12/18

Por: Katie Nguyen

La crisis oculta las mordeduras de serpientes

Las personas en áreas rurales del África Subsahariana, Asia y América Latina temen ser mordidas por una serpiente más de lo que temen a desastres naturales o enfermedades como la malaria o la tuberculosis.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que unas 5,4 millones de personas son mordidas por serpientes cada año, lo cual resulta en un estimado de 1,8 a 2,7 millones de casos de envenenamiento, y 130.000 muertes. Unas 400.000 personas terminan con discapacidades crónicas tales como ceguera, desfiguración o amputación.

Solo India contabiliza un tercio de todas las muertes por mordedura de serpientes. Otros focos de esta situación son África Subsahariana, Asia tropical, Nueva Guinea, así como América Central y del Sur.

La mayoría de las víctimas son agricultores que se cruzan con serpientes venenosas mientras atienden sus cultivos y ganado. Muchos nunca logran llegar a un centro médico para ser reportados dado que viven demasiado lejos o no pueden permitirse el elevado costo del tratamiento médico. Esto supone que el verdadero número de víctimas mortales por mordedura de serpientes puede ser mucho más alto de lo que se estima.

El envenenamiento por mordedura de serpientes se considera un problema de las personas pobres. Estadísticas de la OMS de Australasia (región en Oceanía que comprende Australia, Melanesia y Nueva Zelanda) afirman que, en promedio, solo dos personas al año mueren por mordedura de serpientes en Australia, que es hogar de más de 170 especies de estos reptiles, incluyendo 100 venenosas. Sin embargo, en la cercana Nueva Guinea, que tiene una población similar de serpientes, hay más de mil muertes por mordedura de serpientes cada año.

Más personas mueren por causa de mordedura de serpientes que debido a otras enfermedades tropicales desatendidas (ETD), tales como dengue o leishmaniasis, pero el problema ha sido en gran parte ignorado por los gobiernos.

Hay signos de cambio. En 2017, la OMS restableció el envenenamiento por mordedura de serpientes en su lista de ETD, tras haberla quitado de esta lista en el 2013. Este año (2018), la Asamblea Mundial de la Salud encargó a la OMS presentar un plan de acción para hacer frente a las mordeduras de serpientes.

“El objetivo es reducir la escala del problema al reducir en 50 por ciento las muertes y discapacidades para 2030”, dice David Williams, miembro del grupo central de la OMS que está trabajando en este asunto, y quien además es jefe de la Unidad Australiana de Investigación de Venenos en la Universidad de Melbourne.

Los científicos coinciden en que alcanzar esta meta requerirá un mayor acceso a sueros antiofídicos seguros, efectivos y de bajo costo. Pero hay obstáculos como la falta de capacidades entre el personal de salud, centros médicos subequipados y la preferencia de muchas víctimas de mordedura de serpientes de ir a un sanador tradicional en vez de ir a un hospital para recibir tratamiento.

Por otro lado, medidas relativamente simples —como llevar zapatos cuando se trabaja en ambientes exteriores y usar mosquiteros en las camas— podría hacer la diferencia.

¿Qué sucede cuando una serpiente inyecta veneno?

El veneno de serpiente es un líquido blanco o amarillento que contiene un coctel de químicos producido por glándulas que se ubican detrás de los ojos de la serpiente, y que es bombeado por un ducto hacia los colmillos huecos de la serpiente. Estos colmillos funcionan como una aguja hipodérmica, inyectando el veneno en su presa.

Hay tres tipos principales de veneno que atacan el cuerpo de maneras diferentes. El veneno hemotóxico causa sangrados al interferir con la coagulación de la sangre. Esto puede resultar en hemorragias fatales, shocks y convulsiones.

El veneno neurotóxico ataca el sistema nervioso central. Las víctimas pueden experimentar trismo (reducción de apertura de los maxilares o quijadas) y dificultad para respirar. La parálisis, que típicamente empieza en la cabeza y se mueve hacia abajo del cuerpo, puede ocasionar insuficiencia respiratoria pues los músculos responsables de la respiración dejan de funcionar.

El veneno citotóxico ataca el área alrededor de la mordedura, destruyendo células y tejidos. Miembros enteros pueden ser afectados y sufrir necrosis, lo cual requeriría amputación.

Los venenos también pueden causar baja presión sanguínea, aumento de frecuencia cardíaca, vómito, diarrea e insuficiencia renal. Mujeres y niños sufren más efectos severos por la mordedura de serpientes, debido a su menor tamaño corporal.

Sufrimiento a largo plazo para víctimas y comunidades

Las serpientes prosperan en áreas tropicales rurales, y sus víctimas son algunas de las personas más pobres del mundo: agricultores de subsistencia, obreros y pastores de ganado que trabajan descalzos en los campos.

Además de lesiones físicas, las víctimas de mordeduras de serpientes son rechazadas por vecinos, familiares y amigos que consideran que se trata de un mal presagio. Las mujeres que han sido mordidas tienen menos probabilidades de casarse, y los sobrevivientes desfigurados se reducen a la pobreza.

En muchos casos, las familias no tienen más opción que vender el poco ganado que poseen para pagar el tratamiento. Los niños pueden ser retirados de sus escuelas para atender a algún padre o hermano, o porque sus familias ya no pueden permitirse las cuotas escolares.

¿Cuáles serpientes son las más venenosas?

Hay más de 3.000 especies de serpientes en el mundo. Alrededor de 600 son venenosas, y entre 200 y 250 son responsables de la mayoría de muertes, lesiones y discapacidades en el mundo.

En India, las Cuatro Grandes —la cobra india (Naja naja), la víbora de Russell (Daboia russelii), la víbora gariba (Echis carinatus) y el búngaro común (Bungarus caeruleus), también llamado krait de la India— causan la mayoría de mordeduras serias. En el sur de la India y en Sri Lanka, la víbora de hoyo (Hypnale hypnale) ha emergido como una especie particularmente peligrosa.

En África, las cobras, las víboras garibas y las víboras bufadoras (Bitis arietans) son las principales culpables, a pesar de que en algunas áreas las mambas son responsables de numerosas mordeduras, junto con otras especies.

En Nueva Guinea, la mayoría de las mordeduras son causadas por taipanes y víboras de la muerte.

En América Central y del Sur, un rango de crótalos, particularmente víboras de foseta y cascabeles, son protagonistas de la mayoría de mordeduras.

En América Central, la terciopelo (Bothrops asper), una de las serpientes más abundantes por su fecundidad y adaptación a ambientes perturbados, afecta particularmente a Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, mientras que la cascabel (Crotalus simus), distribuida actualmente en las regiones secas de Centroamérica, tiene mayor incidencia en Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

En el Caribe, datos disponibles de la OMS señalan que la cascabel tropical (Crotalus durissus) es la especie de mayor relevancia médica en Aruba; la víbora cabeza de lanza (Bothrops lanceolatus) en Martinica; la cabeza de lanza de Santa Lucía (Bothrops caribbaeus) afecta esta isla, y el jergón (Bothrops atrox) en Trinidad y Tobago.

En América del Sur, las especies más relevantes a nivel médico son el jergón (en países como Brasil, Colombia, Perú y Venezuela); la cascabel tropical (Argentina, Bolivia, Guyana y Uruguay) y el loro machaco (Bothrops bilineatus), en Ecuador, Guyana Francesa y Surinam), entre otras.

La terciopelo (Bothrops asper) es una de las serpientes más abundantes en América Central.

Innovaciones en antídotos

El uso de sueros antiofídicos es el tratamiento más confiable para la mordedura de serpientes. Sin embargo, el veneno varía dentro y fuera de la misma especie, dependiendo de factores como la edad, el ambiente, la dieta y la estación. Por lo tanto, los antídotos deben ser específicos para la serpiente y para la región de modo de ser efectivos.

Desde finales del siglo XIX, los sueros antiofídicos se han producido al inyectar veneno de serpientes en caballos u otros animales grandes, para desencadenar la producción de anticuerpos en su sistema inmunitario. El plasma de la sangre, que contiene los anticuerpos, se extrae del animal para producir el antiveneno mediante un proceso caro e intensivo.

En años recientes, los científicos han estado probando enfoques innovadores para la producción de antivenenos.

Por ejemplo, Andreas Hougaard Laustsen, profesor asociado en el Departamento de Biotecnología de la Universidad Técnica de Dinamarca, está desarrollando un suero antiofídico basado en anticuerpos humanos, como una manera alternativa más barata y segura del suero equino, que puede disparar enfermedad del suero o shock anafiláctico mortal.

Científicos en la Universidad de California están investigando nanopartículas que prevengan la expansión del veneno a lo largo del cuerpo. La esperanza es que, un día, nanopartículas inyectables puedan ser cargadas en un dispositivo como un EpiPen, el cual podría ser fácil e inmediatamente administrado en el sitio de la mordedura. Esto ganaría tiempo para que la víctima pueda recibir el tratamiento adecuado en un hospital.

Los investigadores están emocionados por el trabajo de Matthew Lewin, quien ha estado buscando medicamentos que han fracasado en sus terapias originales, pero que podrían ser empleados contra el veneno de serpientes. Un fármaco, el varespladib, que inicialmente se investigaba como agente antiinflamatorio, ha mostrado buenos resultados en la neutralización de enzimas en el veneno de serpientes.

Poco incentivo para fabricantes de antivenenos

Sueros antiofídicos efectivos y seguros están disponibles, pero su costo está más allá del alcance de muchos pacientes, quienes en cambio recurren a sanadores tradicionales o alternativas más baratas. Pero ese bajo costo significa que los medicamentos son usualmente de mala calidad, no han sido probados, o incluso son falsos. Pronto, los pacientes ya no confían en el tratamiento, y la demanda de antiveneno disminuye aún más.

Como resultado, los fabricantes pueden alzar los precios o bien detener completamente su producción. Este fue el caso de la compañía farmacéutica francesa Sanofi, que en 2010 dejó de producir Fav-Afrique, un antiveneno panafricano altamente efectivo y asequible. La compañía juzgó que el mercado africano no era lo suficientemente lucrativo.

Otro factor que contribuye a la baja demanda de antiveneno es la carencia de datos mundiales sobre muertes por mordedura de serpientes y lesiones, lo cual resulta en que las autoridades nacionales subestimen los requerimientos de esta enfermedad.

Como parte de su plan de acción, la OMS probará la calidad de antivenenos para asegurar que solo se comercialicen las versiones efectivas. Al escalar la producción de sueros antiofídicos de calidad asegurada y recomendados por la OMS, se espera que los precios bajen pero que la producción continúe.

Este artículo fue producido por la edición global de SciDev.Net. Encuentre el artículo original en inglés, aquí.

https://www.scidev.net/america-latina/features/envenenamiento-por-mordedura-de-serpientes-hechos-y-cifras/

11/08/2023