El Ayuntamiento de la localidad lucense, gobernado por el BNG, inició en el 2015 un programa de ayudas directas sobre el recibo de la luz para tratar de compensar a los vecinos por la proliferación de molinos

Aerogeneradores en Muras. — Concello de Muras

A coruña

Actualizado: 16/03/2022 07:15

Juan Oliver

Galicia es la comunidad autónoma española con más potencia eólica instalada por kilómetro cuadrado de territorio, y Muras, en la provincia de Lugo, el municipio gallego con más parques de aerogeneradores. Pero no crean que ni la una ni el otro pagan la electricidad más barata que en el resto del Estado. Los precios aquí también están disparados.

Muras tiene una población de 611 personas y veinte parques eólicos con un total de 381 aerogeneradores. Es decir más de uno por cada dos habitantes. La potencia eólica instalada en el pueblo suma 300 megavatios (Mw). Para hacerse una idea, es el equivalente al consumo mensual de más de 1.100 hogares de tipo medio en España -según Red Eléctrica Española, una vivienda consume unos 270 kilovatios al mes-.

La fiebre eólica empezó en Muras en 1995 cuando Endesa levantó allí el primer molino. El municipio está ubicado en al noroeste de Lugo, en la Terra Chá -la «tierra llana», la comarca más grande de Galicia-, al pie de la serra do Xistral y a menos de cuarenta kilómetros en línea recta del mar. Un altiplano batido por el viento donde la tierra era barata, ideal para las industrias, que apenas encontraban resistencia legal ni oposición vecinal a los parques.

«No tengo nada en contra de la energía eólica, al contrario, pero cuando empezó el bum eólico en Muras, les dejaron hacer lo que quisieron», cuenta el alcalde, Manuel Requeijo, del Bloque Nacionalista Galego (BNG). «Arramplaron con todo y no tuvieron en cuenta a la gente. Pagaban a cien pesetas el metro cuadrado, y a quien no quería vender, le amenazaban con expropiarle», añade.

Hoy en Muras hay molinos de Endesa, de Iberdrola, de Acciona, de Norvento… Pero esa proliferación no ha mejorado las oportunidades laborales en el municipio. De hecho, lo han convertido en el paradigma de lo contrario, porque Muras ha ido envejeciendo y perdiendo población a medida que se llenaba de molinos. En 1998 había casi 1.200 habitantes, el doble que ahora. De los que quedan, más del 65% tienen más de cincuenta años, y más del 40% están en edad de jubilación. Sólo hay 31 menores de dieciséis años. Es decir, menos de uno por cada diez molinos.

Producir energía tampoco le ha servido a Muras para atraer industrias, porque las eléctricas tampoco les cobran la factura más barata por instalarse allí. Después casi tres décadas hoy hay en el pueblo tres compañías grandes: Ferroplast, dedicada a las tuberías y accesorios de PVC; Tepsa, que diseña y fabrica bateas de plástico para la cría de mejillón, y Transgramur, dedicada a la logística y el transporte.

El Observatorio Eólico de Galicia, una entidad investigadora independiente auspiciada por la Universida de Vigo, calcula que las empresas eléctricas obtienen cada año entre 70 y 90 millones de euros de los aerogeneradores de Muras. Según el alcalde, de esa cantidad apenas un 10%, en torno a 900.000 euros, revierte en los ciudadanos a través de los impuestos sobre Bienes Inmuebles (IBI) y sobre la Actividad Económica (IAE) que recauda el Ayuntamiento.

«Es casi imposible mirar al horizonte de Muras y no ver aerogeneradores. De la misma forma, es difícil no cruzarse diariamente con media docena de coches rotulados con los nombres de las empresas que gestionan esos parques», afirma un informe del Observatorio.

Aerogeneradores en un parque de As Pontes de García Rodríguez, en A Coruña. — J.O.

El PP gobernó Muras ininterrumpidamente desde 1995 hasta el 2015, cuando el BNG se hizo con la Alcaldía con apoyo del PSOE. Desde entonces el Concello puso en marcha un programa para intentar que los vecinos vieran compensada en parte la invasión de aerogeneradores, con ayudas directas de entre 300 y 600 euros al mes, según la renta de cada unidad familiar, para cubrir los gastos de la luz. Las pymes con sede fiscal en Muras también tienen otra línea de apoyos de hasta 1.500 euros al año.

«Ojo que no son ayudas de las industrias, sino dinero de los ciudadanos, que también pagan impuestos», advierte el alcalde. Es decir, que las eléctricas siguen ganando lo mismo, aunque parte del recibo de la luz de los vecinos se pague gracias al Ayuntamiento. «La electricidad cuesta aquí igual que en Madrid, pero se trataba de una cuestión de justicia social. En Muras vive mucha gente mayor jubilada del régimen agrario de la Seguridad Social y con pensiones muy bajas».

En el año 2008, el Gobierno bipartito del PSOE y el BNG repartió más de 2.300 Mw de potencia eólica -más de la mitad del total instalado en la actualidad- con un concurso que obligaba a las adjudicatarias a reinvertir el 14% de sus beneficios, impuestos como el IBI y el IAE aparte, en los municipios donde se instalaran, elaborando además planes industriales para que crearan empleo en las comarcas que iban a explotar.

Una de las primeras medidas de Alberto Núñez Feijóo cuando llegó al poder en el 2009 fue anular aquel concurso y repartir de nuevo el pastel eólico sin los requisitos anteriores. La justicia acabó declarando ilegal aquella decisión. Primero el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en el 2012 y posteriormente el Tribunal Supremo en el 2015, consideraron que hubo «desviación de poder» en aquella actuación de la Xunta del PP.

En Galicia hay hoy más de 180 parques eólicos, y la Administración autonómica estudia alrededor de trescientos nuevos proyectos, un aluvión que propició el propio Gobierno gallego cuando anunció a las eléctricas una supuesta moratoria con casi un año de antelación, y que ha provocado una enorme contestación social. Muchos están en zonas protegidas, y afectan a núcleos de población cuyos vecinos ven cómo los molinos ya no tienen los quince, veinte o treinta metros de altura de 1995, sino más de 150 metros.

El Ayuntamiento de Muras tiene 1,8 millones de presupuesto anual, de los cuales la mitad provienen vía impuestos de las empresas que explotan sus montes, y gracias a los cuales también se pagan otras ayudas municipales a la natalidad, a la sustentabilidad o para la reparación de calderas de calefacción, y otras iniciativas como puntos de recarga para vehículos eléctricos o la traída de agua para las ocho parroquias del pueblo.

Pero lo cierto es que lo que ganan las empresas eléctricas sigue siendo muchísimo más de lo que revierte en los vecinos del municipio. «Lo justo y lo necesario sería un plan como el del Gobierno anterior. El viento no es de nadie, pero mucho menos de las industrias», concluye el alcalde.

Como el resto de ciudadanos del Estado, los habitantes de Galicia y los de Muras pagaban la electricidad este martes a las siete de la tarde a 0,42844 euros el kilowatio/hora. Por treinta días de todo un mes de consumo serían 115,67 euros. A la misma hora, el gramo de oro cotizaba a 56,58 euros en la bolsa de Nueva York. Más o menos la mitad.

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