Mónica Manir

Sao Paolo, BBC News Brasil

11 agosto 2020

 

«El bebé es la última muñeca de las muñecas rusas, las que se encajan entre sí. Muy a menudo, este bebé descuidado es parte de una historia de desamparo y abandono», dice la psicoanalista Vera Iaconelli.

Ana Carolina Moraes da Silva había puesto a su hija de 2 años a dormir la siesta y se quedó dormida junto a la niña. Pero se despertó con ganas de ir al baño. Una bebé, cuyo embarazo ignoraba, salió de ella y cayó en el fondo del inodoro.

Cuando se levantó, todavía sentía que la placenta caía sobre la recién nacida. «Vi a la bebé que no se movía, llena de sangre, y me asustó todo, porque no tenía dolor. Estaba llorando de desesperación».

Trajo toallas del tendedero, envolvió a la niña, la metió en una bolsa de plástico, metió una «xuxinha» (elástico para el cabello), como recuerdo de madre a hija, y arrojó a la recién nacida por el conducto de basura del edificio.

La familia vivía en el sexto piso de un edificio en Santos, en la costa de Sao Paulo, donde los conductos llevan a un basurero en la planta baja. La bebé no sobrevivió.

«Me asusté, me dio pavor, tiré a mi bebé. Perdí a mi hija, pero me acusan de matarla. No sé por qué no llamé a Samu (servicio de emergencias de Brasil), a la policía, al padre de las niñas. Nunca imaginé vivirlo. Tuve una reacción de no pensar en nada. Dios me ha ayudado a sobrevivir aquí sin volverme loca, pero nunca olvidaré lo que pasó. Es como si nada de lo que había hecho antes hubiera valido la pena».

La exgimnasta de 31 años dio, en una carta enviada a BBC News Brasil, su versión de lo ocurrido el 27 de junio de 2018, fecha de la muerte de su segunda hija.

Son diez páginas escritas a mano con bolígrafo rojo desde la celda 18, pabellón 3, de la Penitenciaría de Mujeres Santa Maria Eufrásia Pelletier, en Tremembé, en el interior de Sao Paulo, donde Ana Carolina está encerrada desde el 3 de julio de 2018, acusada de homicidio calificado y de esconder un cadáver.

«Insisto en el estado puerperal y que el delito debe ser desclasificado como homicidio a infanticidio, pero el juez no lo reconoce», dice Letícia Giribelo Gomes do Nascimento, abogada de Ana Carolina. «Ella ha estado en prisión preventiva durante dos años, sin perspectivas de juicio por la pandemia, en el limbo».

Las madres que matan a sus recién nacidos pueden ser procesadas por el delito de homicidio o infanticidio. Lo que los diferencia es el estado puerperal presente en el infanticidio, como se describe en el artículo 123 del Código Penal brasileño: «Matar, bajo la influencia del estado puerperal, al propio niño, durante el parto o poco después».

Carta de Ana Carolina Moraes da Silva para el reportaje de BBC Brasil: «Me asusté, me dio pavor, tiré a mi bebé. Perdí a mi hija, pero me acusan de matarla (…) No sé por qué no llamé a Samu, a la policía, al padre de las niñas. Nunca imaginé vivirlo».

Entendida como una condición que deja a la mujer sin el dominio absoluto de sus actos, el estado puerperal es decisivo para el destino de estas madres.

Convierte el infanticidio en un delito excepcional, que implica una pena de dos a seis años, mientras que el homicidio prevé una pena de prisión de seis a 20 años o más, según los calificativos y agravantes.

El caso es que, desde la promulgación del Código Penal, hace casi 80 años, no hay consenso sobre qué representa el estado puerperal, cuánto dura, si hay pruebas y si se necesita un informe que lo confirme.

«Todo esto proviene de las mentes de los médicos del ámbito legal y de la doctrina del derecho penal», dice la antropóloga y abogada Bruna Angotti.

Esto significa que la mujer acusada de matar a su recién nacido puede ser vista como más o menos cruel según el lente a través del cual se mire la maternidad.

«Hay una lotería judicial en torno al infanticidio que depende de la moral de quien juzga y que no contribuye en nada a la complejidad de un escenario en el que están involucrados aspectos biológicos, psicológicos y sociales», dice Angotti.

Esta lotería judicial, es decir, una discrepancia en la forma en que se interpretan y juzgan estos casos, está en el corazón de la tesis doctoral de la antropóloga, defendida en junio de 2019 en la Universidad de Sao Paulo.

Angotti analizó siete casos judiciales y 179 sentencias dictadas entre 2005 y 2015 y participó en tres sesiones de jurado. Observó que las penas sufridas por las mujeres variaban entre los 6 meses y los 17 años y medio, aunque los delitos tenían varios elementos en común.

Hay similitudes, por ejemplo, en el contexto. La mayoría son mujeres que están solas, que niegan u ocultan el embarazo, que dan a luz en sus casas. En muchos de los casos, es la primera vez que incurren en un delito, son pobres, a menudo han sido víctimas de violencia doméstica y esconden mal el cuerpo del bebé.

«En lugar de enterrar al niño, por ejemplo, lo metieron dentro del armario, lo colocaron encima de la lavadora o debajo de la cama», dice Angotti.

La muerte del niño suele ocurrir por estrangulamiento, asfixia, agresión, ahogamiento o, de lo contrario, por omisión, cuando el niño es abandonado.

Un caso de abandono seguido de la muerte del niño se enmarca en el artículo 134, no en el 123 sobre el infanticidio, pero se mantiene la pena de dos a seis años de prisión.

En el 134, sin embargo, la motivación es «esconder el deshonor propio». Sería un remanente de códigos penales anteriores, como los de 1830 y 1890, que no contemplaban el estado puerperal, pero en los que se reducía la pena por infanticidio cometido tanto por hombres como mujeres que querían ocultar el nacimiento de un hijo, visto por ellos como una situación infame.

Ni «melancolía posparto» ni depresión posparto

El puerperio, de donde proviene la expresión «estado puerperal», es el período que va desde la expulsión de la placenta después del parto hasta el regreso de los órganos reproductores de la mujer al estado anterior al embarazo, según explicó la ginecóloga y obstetra Márcia Maria Tabacow Gomes, que, desde hace 44 años, atiende parturientas en Sao Paulo.

Esta fase dura un promedio de 40 días, durante los cuales el útero cicatriza y hay un sangrado típico.

Algunas mujeres pueden experimentar cambios psicológicos en ese periodo, como el llamado baby blues, marcado por episodios de melancolía e irritabilidad, o depresión posparto, que puede llegar a ser severa y aguda.

El estado puerperal, sin embargo, no tendría que ver con estos cambios. Sería una disminución en la capacidad de comprensión o autoinhibición de la mujer debido al parto.

Angotti confirmó las particularidades del infanticidio en Canadá, país que también prevé la relajación o disminución de penas en estos casos y en donde pasó siete meses de su doctorado estudiando la bibliografía internacional sobre el tema.

«En la literatura hay varias ideas recurrentes, mira (el poema sobre) Marie Farrar de Bertolt Brecht».

En él, el poeta alemán rescata y arroja luz sobre el carácter escuálido, huérfano, de una menor de edad que da a luz en el baño de su señora y que, «con ambos puños, a ciegas, sin parar, golpea al niño hasta que él se calla».

En los siguientes versos, Farrar lleva el cuerpo del recién nacido a su cama por el resto de la noche y lo esconde por la mañana en el lavadero. Descubierto el infanticidio que cometió, muere en prisión.

Estadísticas escasas

En el ámbito legal internacional, el asesinato de un bebé se denomina neonaticidio cuando ocurre dentro de las primeras 24 horas posteriores al parto. Después de eso y hasta el año de edad, se llama infanticidio.

Las estadísticas sobre estos sucesos son escasas y en ocasiones inexactas porque los casos no siempre se registran como tales y porque es posible que nunca se descubran los cuerpos de las víctimas.

Una de las pocas cifras sobre la incidencia de ese tipo de crimen a nivel internacional se encuentra en el artículo publicado en 1997 por el sociólogo estadounidense David Finkelhor, de la Universidad de New Hampshire, quien estimó infanticidios en 8 casos por cada 100.000 habitantes en Estados Unidos.

Getty Images.Pie de foto; El estado en que se encuentra la mujer tras dar a luz influye en cómo la justicia ve el infanticidio, pero no hay consenso sobre lo que representa este estado.

Phillip Resnick, director de Psiquiatría Forense de la Universidad Case de la Reserva Occidental en Cleveland (EE.UU.), introdujo el concepto de neonaticidio en la literatura médica en 1970.

De acuerdo con el experto, en Canadá, la incidencia no es más de 3 por 100.000 habitantes. Habla de 500 muertes infantiles al año en Estados Unidos en la actualidad y esa cifra abarcaría tanto a recién nacidos como a niños más grandes.

Un grupo de siete científicas de instituciones de Río de Janeiro, publicó un artículo sobre el tema en 2017 en la revista Archives Women’s Mental Health, que tiene como objetivo vincular los conocimientos de psiquiatras con los de obstetras-ginecólogos.

El grupo, que incluye a seis brasileñas, seleccionó diez estudios, en su mayoría europeos, y mostraron que la incidencia variaba de 0,07 casos por 100.000 habitantes en Finlandia a 8,5 muertes neonatales por 100.000 habitantes en Austria.

En Brasil, existen enormes discrepancias en los registros de datos. Información clasificada en tablas del Consejo Nacional de Justicia (CNJ) enviada a BBC News Brasil muestra que, de 2016 a 2019, el número de nuevos casos anuales de infanticidio que ingresaron a los tribunales aumentó de 165 en 2016 a 1.723 en 2019, debido especialmente a los que fueron reportados por el Tribunal de Justicia de Acre el año pasado (1.642 casos). Las autoridades de Acre no aclaran estas cifras ni si son correctas.