Los activistas contra el plástico que crean tendencia

Son muchas las iniciativas mundiales para limpiar las playas de residuos, pero la de esta pequeña ONG es ambiciosa: implicar a la ciudadanía en Ghana para proteger a las tortugas que habitan en su arena. Se llaman Plastic Punch y usan todos los métodos imaginados

Los activistas de Plastic Punch Henry Amankwah, Fatoumata Jammeh y Richmond ‘Legacy’ Kennedy Quarcoo caminan hacia una playa contaminada en Accra, Ghana, en abril de 2019.

  Lola Hierro

 7 junio 2019

«Sin pajita, por favor», pide Legacy a la camarera del hotel Plus Accra Beach cuando esta le sirve el zumo de piña y jengibre. Es un pequeño gesto cargado de la filosofía de vida de este ghanés: marino mercante de formación y profesión, reconvertido en los últimos años a relaciones públicas y activista medioambiental; enamorado de su país, de sus playas, su océano y las especies marinas que lo habitan.

Richmond Legacy Kennedy Quarcoo es una de las tres patas de Plastic Punch, una ONG pequeña y muy nueva —son tres miembros fundadores y tiene un año de vida— pero que ya está dando mucha guerra. Su objetivo inmediato es liberar las playas de los alrededores de la capital del plástico que las invade para proteger a las tortugas que habitan en ellas. «La costa está llena de varias especies protegidas. Entre septiembre y febrero vienen a que nazcan las crías, pues las tortugas siempre regresan a poner sus huevos al sitio donde nacieron. Y ahora lo que se encuentran son playas llenas de basura. Muchas se mueren porque ingieren plásticos o porque se enredan en ellos», describe Legacy.

La meta final es instaurar nuevas y buenas prácticas entre la ciudadanía: concienciar sobre la importancia de mantener limpios los ecosistemas, utilizar menos envases de plástico de uno solo uso, reciclar más y no tirar sus residuos en cualquier parte. Cualquier momento es bueno para dar ejemplo, incluso con el simple acto de rechazar una pajita en el refresco.

Ghana sufre una contaminación por plásticos muy reciente, pero que se incrementa cada día que pasa. «Hace 10 años, todo esto estaba limpio y podías jugar al fútbol descalzo sin peligro de pisar basura», asegura Legacy. Mientras navega en esos recuerdos de juventud, observa la playa de la Universidad Marítima Regional, o playa RMU por sus siglas en inglés. Se llama así porque es propiedad de la facultad en la que él estudió Ciencias Náuticas una década atrás. «Ha sido un fenómeno muy rápido, pero confiamos en poder limpiar todo. Eso sí, hace falta educación y sensibilización», afirma.

Cada año, los humanos vertemos de forma directa o indirecta unas 13 millones de toneladas de plástico al océano, y si la tendencia continua así, en 2050 tendremos más basura que peces en el mar. Ghana está entre los cuatro países africanos cuya economía crece más rápido (con una predicción del 7,6% de su PIB en 2019) y parte de ello tiene que ver con los esfuerzos del Gobierno en atraer inversiones y turismo. Pero a este sector no le va bien que el país este sucio. Según la oficina ghanesa del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) este país de 28 millones de habitantes genera en torno a un millón de toneladas de residuos plásticos al año. De ellos, solo se recicla entre un 2% y un 5%, y el resto termina en vertederos (38%), en el mar (23%), enterrados (28%) o quemados (11%). Según la investigación Insumos de residuos plásticos de la tierra hacia el océano de la Universidad de Georgia publicada en 2015, en 2050 Ghana administrará mal 325.116 toneladas de residuos si no mejora su estrategia.

Los 539 kilómetros de costas cuya belleza ha atraído a viajeros desde hace décadas corren peligro, y a esto hay que unir el coste económico y humano: en 2012, el Banco Mundial estimó que las deficiencias en saneamiento cuestan al país alrededor de 260 millones de euros anuales, el equivalente al 1,6% de su PIB. La mayoría de este gasto proviene de la muerte prematura de 19.000 personas cada año por causas relacionadas con problemas de higiene.

Ahora, la playa de RMU por la que camina Legacy tiene un aspecto deplorable, pues cientos de miles de envases de plástico y otros materiales cubren la arena. En cualquier caso, son desechos que pueden tardar hasta 600 años en descomponerse. Bolsas y botellas sobre todo, pero también envoltorios de comida, zapatillas y chanclas, restos de ropa vieja, piezas varias de un sin fin de artefactos… Y eso que Plastic Punch hizo una batida de limpieza apenas tres semanas atrás. «Trabajamos 250 personas y recogimos el equivalente a ocho contenedores de camión en cuatro horas», describe Legacy. «Pero se ve bien en comparación a cómo estaba cuando vinimos. Llevaba cinco años sin que nadie recogiese la basura», asevera. «En serio, está muy limpia… si comparamos».

En Accra, con una población de casi cuatro millones de habitantes en su área metropolitana, la generación per cápita de residuos plásticos se sitúa entre 0,016–0,035 kilos por persona y día, lo que representa entre el 9% de toda la basura que se genera, según una investigación publicada en 2016. Los datos de la Asamblea Metropolitana de Accra indican que de las más de 2.500 toneladas de desechos que se generan a diario, solo se recogen de forma adecuada 1.125 (el 45%). El 55% restante, sobre todo plásticos, se deposita en cualquier sitio.

Hacer de la limpieza algo más que una moda

La tarea de Plastic Punch es mastodóntica, pero no imposible, o al menos así lo ven Legacy y sus dos compañeras: la francesa Noémie Simon y la española Elisa Marraco. Los tres solos no podrían hacerlo realidad, así que la estrategia de Plastic Punch ha sido movilizar a la sociedad ghanesa cual ejército de hormigas obreras. Para difundir su mensaje han aprovechado el infinito alcance de las redes sociales.

«Hemos conseguido eco en los medios de comunicación porque dedicamos mucho tiempo a promocionar nuestras actividades», comenta Legacy. Durante su primer año de vida, Plastic Punch no ha parado: ha sido visita frecuente de varias emisoras de radio y programas de televisión, han escrito sobre su labor en medios de comunicación, estuvo presente en la Maratón Internacional de Accra y en el lanzamiento de la Semana Europea de la Diplomacia por el Clima de la UE, y ha conseguido importantes alianzas para realizar batidas de limpieza. La última de su calendario fue en Coco Beach y colaboró Decathlon Ghana. «Ellos llevan algunos equipamiento deportivos para jugar después de la limpieza, y habrá música y comida», describía Legacy durante un paseo por la playa MRU, dos días antes del evento.

Acompañan a Legacy en su paseo Henry Amankwah y Fatoumata Jammeh, estudiantes universitarios (ghanés él, gambiana ella) y voluntarios de Plastic Punch que suelen apuntarse a las batidas. «Son cansadas, sí, pero al final del día te das cuenta de que has hecho algo bueno y además has conocido a otras personas, te has divertido… No se trata solo de limpiar. Es más divertido que estresante», opina Jammeh.

Una de las raíces del problema que tiene el Área Metropolitana de Accra con la gestión de su basura puede radicar en las deficiencias estructurales en las zonas más empobrecidas: la organización nacional People’s Dialogue on Human Settlements (PD) contabilizó en su última investigación que existen 265 asentamientos informales en los que vive alrededor del 60% de la población. Y en estos lugares no hay una recogida de basuras organizada: los camiones son escasos y pasan una o dos veces por semana. A esto se une la obligación de pagar una tasa por utilizar los contenedores comunales de entre 8 y 35 céntimos de euro, dependiendo del tamaño de cada residuo depositado. En un país donde el ingreso medio anual por persona es de unos 900 euros, los vecinos optan por dejar la basura en cualquier sitio, o en un intento por hacer las cosas bien, quemándolas o enterrándolas en la playa

«La sociedad está prevenida, pero a la mayoría no les importa mucho lo que pasa a su alrededor. Después de conocer a Plastic Punch, yo sentí que tenía que reducir el uso de plásticos, pero la gente se olvida de llevar la bolsa al supermercado, por ejemplo, cuando en realidad es algo muy simple siempre y cuando te interese», razona Jammeh. Para ella, no solo se trata de sensibilizar: «Si no das algo para sustituir la bolsa de plástico, nadie te hará caso; hay que proporcionar alternativas para que cambien las mentalidades».

Los alrededores de la playa RMU suponen un ejemplo a pequeña escala de estas dificultades. A unos cientos de metros del mar existe lo que otrora fue una laguna. «Un lugar perfecto para montar un negocio turístico: hotel, actividades náuticas como piragüismo… , sueña Legacy. Pero ahora no es más que un pantano verde cuajado de botellas y otros residuos. Cauce arriba se llega a un puente que une las dos orillas a la altura de la universidad. Bajo el mismo, el río ya no es río, es una lengua de bolsas y botellas de plástico que apenas deja entrever algo de agua.

Amankwah, que es estudiante de Ingeniería Marina, lleva cuatro años contemplando esta escena, los mismos que ha pasado como estudiante en la MRU, y decidió realizar una investigación sobre el origen de toda esa porquería para su trabajo de fin de carrera. «Encontré tres posibilidades: la primera, la gente que viene a pasar el rato a la playa, traen comida, bebidas… y las dejan aquí; la segunda es que venga de los hoteles cercanos, pues me di cuenta de que los clientes tiran la basura a la playa y los responsables de los complejos la queman muy cerca», enumera. Y la tercera, las comunidades colindantes: «Los vecinos tiran todo a los varios riachuelos que pasan cerca de sus casas y que conectan con la laguna. Cuando llueve, el caudal de esta se desplaza hacia el océano, llenándolo de desperdicios», resume. Luego, la basura que entra en el océano se deposita en la costa con las subidas y bajadas de las mareas.

La conservación de las especies también es una labor prioritaria para Plastic Punch. En concreto, de las tortugas marinas que pueblan las playas de Ghana. Para conmemorar su primer año de vida, la organziación ha lanzado una aplicación móvil para identificar a estos animales y ayudar a su protección. Se llama Plastic Punch Sea Turtle Data App, y está disponible en Google Playstore para Android.

«Hay que rellenar varios campos con datos y luego eso se muestra en un mapa en internet que sirve para saber dónde están, si están heridas o les pasa algo…», resume Richmond Legacy Kennedy Quarcoo, cofundador de Plastic Punch.

La aplicación busca educar a los usuarios sobre la vida marina y permitirles desempeñar un papel en la recopilación de datos para ayudar a salvar las vidas de las tortugas que viven en las playas del país y ya se han interesado en ella organismos como la División de vida salvaje de Ghana, la Universidad Regional Martíma o la embajada estadounidense.

Durante la realización de su proyecto, Amankwah solicitó una entrevista con el Gobierno local, que es a quien compete la limpieza de la zona. «Les dije que la laguna está abandonada y que a nadie le importa y me respondieron que querían relocalizar a los vecinos. Pero ellos no quieren ser desplazados», advierte. Poco después, el consistorio ayudó a Plastic Punch con la limpieza de la playa facilitando los camiones que se llevaron la basura.

Ghana se adhirió en 2015 a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre los que se contempla la protección del medioambiente, los océanos y la biodiversidad. En este sentido, ha desarrollado políticas al respecto, pero con éxito limitado. Es el caso, por ejemplo, de una norma para prohibir de forma parcial del uso de bolsas de plástico en función del grosor del material, mientras que otros países como Ruanda, Gambia, Kenia —y a partir del 1 de junio Tanzania— las han restringido completamente.

Los guerreros de Plastic Punch no solo dedican atención al ciberactivismo, pues saben que el boca a boca también cuenta mucho. Durante un paseo por la playa MRU, Legacy divisa a una pareja de jovencitos sentados sobre las rocas del espigón. La escena, en plena puesta de sol, sería poética de no ser por la cantidad de basura que los rodea. Legacy se acerca a charlar con el chico, Sam, que resulta ser vecino de la zona. En seguida la conversación deriva al estado de la playa y Sam admite que es un problema feo. «Pero no se puede hacer nada», lamenta con resignación. «Sí que se puede. Ven a limpiar con nosotros el próximo sábado», le contesta Legacy. Y así es cómo el activista explica al vecino y a su compañera las actividades que realizan en Plastic Punch. Sam, aparentemente interesado, pide a Legacy una manera de contactar con él y este le da su tarjeta. El joven asegura que el sábado acudirá a la llamada. Con acciones pequeñas y grandes, Plastic Punch reúne a entre 250 y 300 personas cada vez que deciden limpiar una playa.

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15/09/2021