Una buena candidata para ese título es Dendrocnide moroides. Es nativa de las selvas tropicales del norte y este de Australia, las islas Molucas e Indonesia.

Se la conoce popularmente como gimpie gimpie, yimpie yimpie o el aguijón del suicidio, nombre muy apropiado si damos crédito a historias de animales que saltaron por los acantilados después de tocar la planta, o de un militar que se disparó en el rostro para acabar con el insoportable dolor.

Sus hojas, frutos y ramas poseen unos pelos urticantes terminados en pequeños bulbos silíceos que, al contacto con la piel, se rompen y liberan una poderosa neurotoxina.

Incluso el más mínimo contacto con una hoja de D. moroides puede causar un dolor insoportable, que comienza con un intenso escozor y ardor, que luego se intensifica, alcanzando un pico después de veinte o treinta minutos.

Hojas y frutos de D. moroides.

Los pelos pueden permanecer en la piel hasta seis meses, y las picaduras se repiten si se presiona la piel con fuerza o se lava con agua caliente o fría.

No solo se siente dolor en el lugar de la picadura, sino que, si se trata de una picadura muy fuerte, en unos veinte minutos los ganglios linfáticos de las axilas se hinchan y palpitan dolorosamente.

El intenso dolor palpitante de la picadura y de los ganglios linfáticos puede durar unas cuatro horas, según la superficie de piel involucrada y la fuerza con que esta haya entrado en contacto con la planta.

Lejos de desaparecer, el dolor puede permanecer por meses e incluso años, de manera continua o recurrente.

La estructura del pelo urticante es compleja y consta de una punta, un eje y un bulbo compuestos de sílice, carbonato de calcio y fosfato de calcio. La punta del pelo es un pequeño bulbo que se rompe al contacto; así el pelo penetra en la piel, inyectando la toxina.

Pelos de D. Moroides vistos al microscopio.

La composición de la toxina, llamada moroidina, también es compleja y aún no se conoce bien, aunque se sabe ya que el dolor es causado por una familia de péptidos recientemente identificados que se asemejan a los del veneno de las arañas, a los que los investigadores Irina Vetter y Thomas Durek llamaron gympietides, en honor al nombre de estas plantas en idioma gubbi gubbi.

La toxina es estable y resistente al calor y conserva sus propiedades generadoras de dolor durante décadas. Especímenes secos recogidos hace más de un siglo pueden seguir picando.

  1. moroides es capaz de matar cualquier animal —humanos incluidos— que haya tenido un contacto masivo o prolongado con ella.

Si bien todas las especies del género son virulentas (v.g. D. cordifolia), moroides es la más peligrosa.

Como si esto fuera poco, permanecer cerca de estas plantas provoca intensos estornudos y hemorragias nasales y, pasados unos veinte minutos sin la debida protección, daños respiratorios importantes.

Hasta la fecha de publicación del presente artículo, no se ha hallado un antídoto efectivo contra las toxinas del género Dendrocnide.

Pese a todo su armamento, esta planta también tiene sus depredadores: muchos insectos masticadores de hojas y chupadores de savia, como el escarabajo nocturno Prasyptera mastersi; las larvas de algunos lepidópteros, como Aenetus scotti; el marsupial Thylogale stigmatica, conocido como pademelón de patas rojas, es capaz de dejar sin hojas varias plantas en una sola noche. También algunas aves comen sus frutos.

Prasyptera mastersi y Thylogale stigmatica.

30/12/2021