30 Octubre 2022

 Carlos Prego @CarlosPrego

Estamos tan acostumbrados a ver pasar coches patrulla, oír las sirenas de vez en cuando o encontrarnos con parejas de policías circulando por las ciudades, a pie o más frecuentemente en motos y coches, que es fácil pasar por alto la pregunta. Pero… ¿Cuál es la forma más eficiente de vigilar una ciudad, la que contribuye en mayor medida a frenar la delincuencia? ¿Que los agentes estén listos para responder a las llamadas al 091 con rapidez o los controles preventivos? Y si la respuesta es esta última, ¿Cuál es la mejor forma de afrontarlos, a pie o con vehículos?

En Filadelfia —en Pensilvania, Estados Unidos— se han hecho esa misma pregunta y llegado a la conclusión de que la mejor forma de reforzar la seguridad es, en parte, volver a la vieja costumbre de patrullar las ciudades a pie, igual que se hacía antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando las comisarías estaban lejos de disponer de las flotas de coches de las que disfrutan ahora.

El experimento se organizó hace ya unos cuantos años, durante el verano de 2009, pero ha contribuido a aportar un nuevo enfoque a la organización de las patrullas. Su planteamiento fue relativamente sencillo. La policía se centró en 120 “puntos calientes”, zonas críticas repartidas por la ciudad que destacaban por su elevado nivel de conflictividad, y los dividieron en dos grupos. En uno apostaron por los controles a pie; en otro, mantuvieron los servicios sin esa vigilancia.

Los responsables del experimento sabían ya de partida que el patrullaje sin vehículos tendría algunos efectos positivos, como la mejora en la relación entre los agentes y la comunidad. Quedaba la duda de si se notaría en el balance de criminalidad y, de ser así, cuál sería ese impacto.

Los resultados —relata la organización de medios NPR— resultaron ser esclarecedores. Al comparar uno y otro grupo de calles, los agentes constataron que en los barrios vigilados a pie los delitos violentos habían descendido un 23% en comparación con las restantes calles.

Al margen de los porcentajes, aquello se tradujo en resultados con consecuencias más que palpables. “Lo que obtuvimos fue un beneficio neto al final de los tres meses: 53 personas que no habían sido asesinadas, no sufrieron disparos ni robos”, explica el profesor Jerry Ratcliffe.

“Si la policía está todo el tiempo moviéndose rápidamente debido a lo que está sucediendo en la calle, realmente se está creando una especie de policía con visión de túnel en la que el único trabajo policial es el que implica responder a una llamada telefónica. Ese es el modelo estándar que hay que abandonar”, aboga Lawrence Sherman, profesor de criminología de la Universidad de Cambridge.

Las conclusiones de Filadelfia arrojaron una nueva perspectiva a un campo que ya habían abordado antes —con resultados dispares— otros estudios, como el de controles preventivos de Kansas City en 1973 o incluso otro realizado también con patrullas a pie en Newark, New Jersey. Entonces los investigadores constataron una mejora en la relación con los ciudadanos e incluso en la propia percepción de seguridad de los residentes, pero sin un descenso de criminalidad.

Una de las peculiaridades del experimento de Filadelfia fue que adoptó una perspectiva más científica y centró parte de su estrategia en “puntos calientes”, zonas conflictivas. “Descubrimos que en el 3% de las direcciones se producía más de la mitad de los delitos”, recuerda Sherman.

El de Filadelfia no ha sido el único estudio que ha indagado en el impacto que tiene la visibilidad de la policía para reducir las tasas de criminalidad, incluida la apuesta por los controles sin vehículos. Como detalla el College of Policing de Reino Unido, un organismo dependiente del Ministerio de Interior británico, a lo largo de los últimos años se ha estudiado las mejores estrategias.

“Se ha demostrado que los controles aleatorios o reactivos, que involucran a oficiales que patrullan lugares con independencia de la tasa de delincuencia o que pasan por una zona en ruta para atender una llamada ciudadana, no tienen ningún efecto en la reducción de delincuencia”, zanja el organismo británico, citando varios estudios, y abunda: “Sin embargo, el patrullaje policial visible puede reducir el crimen, pero solo si se dirige a pequeñas ubicaciones geográficas, los puntos críticos”.

Los informes que cita apuntan un descenso del 31% en los delitos contra la propiedad en las zonas por las que se patrulló con vehículos policiales distinguibles. Los resultados son también interesantes para el control a pie. El College of Policing recuerda que un estudio de 2016 constató que el aumento de agentes circulando por las zonas críticas logró reducir la violencia, aunque, eso sí, matiza que el efecto se percibió principalmente durante los primeros 30 días de la prueba.

La pregunta del millón es: ¿Esos datos muestran un descenso de criminalidad o que esta se desplaza a otros barrios? “Es importante destacar que las revisiones sistemáticas han demostrado que el desplazamiento de la delincuencia tiende a no ocurrir con la actividad policial focalizada en lugares de alta criminalidad. Los beneficios de la reducción de delincuencia pueden incluso extenderse a zonas inmediatamente circundantes a los lugares seleccionados”, abunda.

Otro estudio realizado en EEUU y centrado en 83 puntos críticos seleccionados de forma aleatoria constató también el efecto positivo de un mayor control de los agentes a pie. Una vez se retiraron, sin embargo, se percibió que la delincuencia volvía a aumentar. Y lo hacía además antes que en puntos en los que se había optado por una estrategia distinta: la resolución de problemas.

“Esta pauta de resultados sugiere que un enfoque combinado podría ser una estrategia eficaz: utilizar la patrulla a pie específica para reducir la delincuencia inicialmente junto con la resolución de problemas para tener un impacto más duradero”, concluye el College of Policing.

Imágenes: King’s Church International (Unsplash) y Phil Hearing (Unsplash)

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