El informe Índice Planeta Vivo 2020 revela que la biodiversidad en los bosques tropicales de Sudamérica se redujo un 94 por ciento, la subregión más crítica del mundo. WWF propone la creación de un nuevo acuerdo global encaminado hacia un desarrollo sostenible y saludable.

 

El más reciente informe sobre la biodiversidad planetaria plasma el desangre de los recursos naturales. Fotos: ©naturepl.com (Alex Mustard – David Fleetham / WWF).

En los últimos 50 años, el planeta ha palidecido drásticamente por la explosión del comercio global, consumo, crecimiento desenfrenado de la población humana y la expansión urbanística, actividades que están provocando una destrucción y degradación acelerada en la biodiversidad mundial.

Estamos en un planeta con una sobreexplotación de los recursos naturales a un ritmo sin precedentes. Las últimas áreas realmente vírgenes que aún nos quedan están en unos pocos países, y como resultado de esto, el mundo natural se transforma más rápido que nunca”, revela el informe Índice Planeta Vivo (IPV) 2020, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que es presentado cada dos años.

Uno de los principales hallazgos de este estudio es que entre 1970 y 2016, las poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces en el planeta registraron un desplome de casi el 70 por ciento, un claro indicador del lamentable estado de la salud global que padecen los ecosistemas del mundo.

El cambio en el uso del suelo está desangrando los recursos naturales planetarios. Foto: Adriano Gambarini (WWF-Brasil).

“El IPV hace un seguimiento de la abundancia de casi 21.000 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en todo el planeta. Con datos de 4.392 especies, el índice global 2020 muestra un descenso medio del 68 por ciento de las poblaciones a lo largo de 46 años. Este cambio porcentual no representa el número de individuos muertos, sino el cambio proporcional de las magnitudes de las poblaciones animales estudiadas”, cita en informe.

Marco Lambertini, director general WWF Internacional, informó que mientras el mundo se tambalea por la alteración global más profunda de su vida, el Informe Planeta Vivo de este año proporciona una evidencia inequívoca de que la naturaleza se está desmoronando y que el planeta está mostrando claras señales de advertencia.

“La destrucción de la naturaleza por parte de la humanidad está teniendo impactos catastróficos tanto para las poblaciones de fauna y flora salvajes como para la salud humana. La covid-19 es una clara manifestación de nuestra relación rota con la naturaleza y destaca la profunda interconexión entre la salud de las personas y el planeta”, precisa Lambertini.

 

Los animales son los principales damnificados de la crisis ambiental del planeta. Foto: David Fleetham (WWF).

Sin embargo, el informe indica que aún es posible revertir la curva de la pérdida de biodiversidad, al igual que detener y cambiar la tendencia provocada por la alteración en los usos del suelo. “Necesitamos lograr la transición a una sociedad y un sistema económico que valore la naturaleza y reequilibrar nuestra relación con el planeta para preservar la diversidad de vida y permitir una sociedad justa, saludable y próspera”, expresó Lambertini.

El Índice Planeta Vivo plantea que los líderes del mundo deben embarcarse en un nuevo acuerdo global para la naturaleza y las personas encaminado en un desarrollo general sostenible y saludable. “Para lograrlo será necesario un liderazgo sólido y que todos pasemos a la acción”.

El director general de WWF manifestó que ese futuro comienza con las decisiones que toman hoy los gobiernos, empresas y personas. «Los líderes mundiales deben tomar medidas urgentes para proteger y restaurar la naturaleza como base para una sociedad sana y una economía próspera. El compromiso debe ser detener y revertir la pérdida de la naturaleza para el 2030”.

 

El planeta aún está a tiempo de revertir la curva de pérdida de biosiversidad. Foto: Jonathan Caramanus (Green Renaissance – WWF-UK).

El nuevo estudio afirma que las catástrofes recientes, como los incendios, plagas de langostas y la pandemia del coronavirus, demuestran que la conservación de la biodiversidad debe convertirse en una inversión estratégica no negociable destinada a preservar la salud, recursos y seguridad.

“2020 estaba llamado a convertirse en esa clave, pues la comunidad internacional iba a empezar a desarrollar planes ambiciosos con importantes reuniones sobre cambio climático, biodiversidad y desarrollo sostenible. Pero debido a la covid-19, la mayoría de estos encuentros han tenido que posponerse hasta 2021”.

Lambertini considera que el reciente informe de WWF, publicado en medio de un periodo de turbulencias, volatilidad y cambios, “puede servir para inspirar las actuaciones necesarias que aborden los retos ecológicos, sociales y económicos globales. Es hora que respondamos al SOS de la naturaleza. Ignorarla no sólo pone en juego la diversidad sino el futuro de casi 8.000 millones de personas”.

 

El calentamiento global está afectando los comportamientos de los animales. Foto: ©naturepl.com (Andy Rouse – WWF).

Sudamérica, en saldos rojos

Aunque entre 1970 y 2016 la abundancia de animales en el mundo se redujo un 68 por ciento, el último análisis de la biodiversidad muestra algunos puntos positivos, como casi 400 especies nuevas y 4.870 nuevas poblaciones. “Desde la publicación del Índice Planeta Vivo en 2018, el número de especies incluidas ha aumentado en la mayoría de las regiones y grupos taxonómicos”, dice el IPV.

Sin embargo, el análisis muestra que la disminución en la biodiversidad es distinta en cada una de las regiones del planeta, siendo las especies tropicales de Sudamérica las que están sufriendo un mayor declive. “El resultado más impactante a escala planetaria es la reducción del 94 por ciento del índice de las subregiones tropicales del continente americano”.

Esta reducción fue del 65 por ciento en África, 45 por ciento en Asia y Oceanía, 33 por ciento en Norteamérica y 24 por ciento en Europa. “La alteración de praderas, sabanas, bosques y humedales, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas, constituyen las principales amenazas”, afirma WWF.

La Amazonia hace parte de la subregión que más ha perdido su vasta biodiversidad. Foto: James Morgan (WWF).

Otras cifras alarmantes del Índice Planeta Vivo es que el 75 por ciento de la superficie terrestre no cubierta por hielo ya fue alterada, 85 por ciento de los humedales ya desaparecieron y la mayoría de los mares están contaminados.

“Desde la revolución industrial, las actividades humanas han ido degradando y destruyendo los bosques, praderas, humedales y otros ecosistemas importantes. Los cambios de uso del suelo son el principal factor que ha provocado la mayor pérdida de la biodiversidad en los sistemas terrestres durante las últimas décadas, que han convertido hábitats autóctonos originales en tierras de cultivo”, revela el IPV.

Para WWF, a escala global el cambio climático aún no es la causa más importante de pérdida de biodiversidad, pero prevé que en las próximas décadas alcance la misma importancia o será aún mayor. “La pérdida de biodiversidad no es una mera cuestión ambiental, sino un auténtico desafío para la economía, desarrollo y seguridad global, y un grave problema ético y moral. Es una cuestión de autoprotección”.

 

Las especies de Sudamérica, como la nutria gigante, están entre las más amenazadas del planeta. Foto: ©naturepl.com (Nick Garbutt – WWF).

Acechados por el calentamiento

Una de cada cinco especies en el planeta está en peligro de extinción debido exclusivamente al cambio climático, mientras que en los puntos calientes para la biodiversidad se prevén algunas de las tasas de pérdida más elevadas.

“Hace 30 años, los impactos del cambio climático en las especies eran extremadamente raros, pero ahora son algo muy común. Algunas están relativamente protegidas frente a estos cambios, como los peces de aguas profundas, pero hay otras que están afrontando presiones climáticas muy importantes, como las que habitan el Ártico y la tundra”, dice el IPV.

Entre las afectaciones derivadas del cambio climático a las especies están el estrés fisiológico directo, pérdida de sus hábitats, perturbaciones en las interacciones como la polinización o relaciones entre depredadores y presas o el cambio en las migraciones, crianza o brotadura de las hojas.

 

Los cambios en las temperaturas han afectado a varias especies de la fauna mundial. Foto: Ola Jennersten (WWF-Sweden).

“Los recientes impactos del cambio climático sobre los zorros voladores o los melomys de Cayo Bramble (Australia), nos muestran lo rápido que el cambio climático puede producir descensos poblacionales drásticos. También nos advierte sobre posibles daños nunca antes vistos en especies menos conspicuas”.

El Melomys rubicola de Cayo Bramble es el primer mamífero en extinguirse como resultado directo del cambio climático. Este animal saltó a los titulares en 2016, cuando fue declarado oficialmente extinguido tras una intensa indagación en el cayo coralino de cinco hectáreas del estrecho australiano de Torres. “Este tipo de roedor ha desaparecido, pero ha quedado inmortalizado como una llamativa advertencia de que debemos actuar inmediatamente contra el cambio climático”, anota WWF.

Por su parte, los zorros voladores (género Pteropus) no pueden soportar físicamente temperaturas superiores a los 42 grados centígrados. “A partir de esta temperatura, sus estrategias habituales de supervivencia resultan insuficientes para mantener su temperatura corporal y comienzan a agolparse entre ellos, en un desesperado intento de escapar del calor”.

A medida que van cayendo de los árboles, muchos de estos mamíferos quedan atrapados y mueren. “Se piensa que entre 1994 y 2007 han muerto más de 30.000 zorros voladores de por lo menos dos especies diferentes, de una población total de menos de 100.000, debido a sucesivas olas de calor”, informa el IPV.