23 noviembre, 2018

 

El Australopithecus es el homínido más antiguo que se conoce. Australopithecus quiere decir “simio sudafricano” y se estima su antigüedad hasta en 4 millones de años.

La alimentación del hombre prehistórico dependía básicamente de la recolección de plantas, tubérculos y otros vegetales, así como de la ingestión de insectos, huevecillos de insectos y animales pequeños.

Una o más subespecies del Homo erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens, un nuevo tipo físico. Los restos más antiguos del Homo sapiens tienen una edad entre 250 mil y 50 mil años. En sentido estricto se le denomina homo sapiens neanderthalis: el hombre de Neanderthal.

Los neanderthales estaban más capacitados y eran mentalmente más avanzados que ningún otro ser que hubiera habitado en la Tierra anteriormente.

El hombre de Neanderthal desapareció bruscamente, su lugar fue ocupado por los hombres modernos, hace unos 35 mil años.

Después del Neanderthal vino el Homo sapiens sapiens, que es la especie a la cual pertenecemos los seres humanos modernos. La supervivencia de la humanidad durante el Paleolítico se logró en gran medida a la vida comunitaria, el ingenio, los descubrimientos técnicos y la capacidad social que desarrolló para comunicar y guardar la memoria de su cultura.

Lo que dio al hombre moderno su control sobre la Tierra no fueron sus aptitudes físicas, sino su capacidad de aprovechar y transmitir a sus descendientes la información cultural aprehendida por medio de su inteligencia.

Luego de muchos miles de años de evolución, podríamos decir que el ser humano ha avanzado mucho tecnológicamente, aunque no ha podido hacerlo al mismo ritmo, ni emocional ni espiritualmente.

No hemos podido hacer que primen en nuestra conducta los actos de bondad, de solidaridad y de amor y mucho menos erradicar males de nuestra sociedad como las guerras, la depredación de los recursos naturales, los odios étnicos o religiosos.

Llegamos posiblemente al momento menos racional de nuestra historia, al más violento, más injusto y con mayor diferencia entre ricos y pobres; tenemos la mayor capacidad destructiva y estamos cada vez más sometidos a la caprichosa voluntad de grupos cada vez más pequeños.

Sin embargo y en contraposición, tenemos también la mayor cantidad de conocimientos acumulados sobre la naturaleza, sobre biología, medicina, astronomía y todas las ramas de la ciencia. Tenemos los conocimientos necesarios para modificar desde el ADN hasta el clima del planeta entero.

Nuestra especie está en un momento de su historia en el que debe decidir si seguirá el camino de la civilización o la barbarie, el de la violencia o el amor, el de la depredación o la sustentabilidad.

Es la primera vez que debemos decidir universalmente, como especie, a nivel global. Pero es una decisión que definitivamente no podemos dejar en manos de los pocos que vienen rigiendo los caminos que ha tomado la humanidad en los últimos decenios, porque si la decisión es incorrecta, también es muy posible que sea la última.
Decidir correctamente significa Acción. Significa luchar por los derechos humanos en su acepción más amplia. Los del pasado, los del presente y los de las generaciones futuras. Contra la deforestación y por la redistribución de la riqueza. Contra las guerras y porque haya acceso al agua potable para todos. Contra los transgénicos y los agrotóxicos y por la paz en el mundo y por la libertad de los cinco. Contra la explotación del hombre por el hombre y por el acceso a la salud, educación, vivienda y trabajo. Contra el hambre en el mundo y por el fin de la sociedad de consumo. No importa en cual frente de lucha nos encontremos, si su fin último es lograr un ambiente sano y una vida digna para todos y todas, es que estamos en el mismo camino, uno que nos garantiza la supervivencia de la humanidad.

Ricardo Natalichio
Director
www.ecoportal.net

https://www.ecoportal.net/temas-especiales/4-millones-de-anos-de-evolucion-para-llegar-a-esto/

26/09/2020