Nada más antiguo que el instinto de supervivencia. La naturaleza carece de moral, pero el castigo al que sometemos al planeta acentúa necesidades como la de devorar a un hijo.

 

Por Juán José Millás

Por más que el canibalismo se disfrace de comunión, constituye, al contrario que ésta, un acto íntimo al que nos asomamos con el  reparo con el que miraríamos por el ojo de la cerradura. Así es como venía yo observando esta foto desde que la recorté del periódico. En mi casa había conejos. Una vez, al levantar la tapa del cajón en el que una hembra acababa de parir, la sorprendí devorando a una de sus crías. Según me explicaron los adultos, sólo se comían aquellas cuyas posibilidades de supervivencia eran escasas, para aprovechar sus proteínas. Dada mi constitución, pensé que de haber nacido conejo habría sido devorado por mi madre, lo que no me pareció mal destino; volver a un lugar tan confortable por un agujero distinto a aquel por el que había sido expulsado. Una vida breve y circular, sin tensiones.

Años más tarde descubrí a una madre hámster dando cuenta de uno de sus hijos. Lo había tomado entre las patas delanteras, comenzando a comérselo por la cabeza. Comprendí oscuramente que todas las madres desean comerse a sus vástagos, aunque también desean que salgan adelante. De ahí que no se zampen a todos, sólo a los que más quieren.

Parece indiscutible que venimos al mundo a comer o a ser comidos (además de las evidentes, hay otras muchas formas de canibalismo). El oso de la fotografía es un macho que tenía hambre, sin más, por culpa del cambio climático.

Enciende uno la calefacción en su casa de Madrid y un plantígrado se come a su hijo en Canadá. Sorprende el modo en que observa al fotógrafo, como diciéndole: tío, que esto es una cosa muy privada.

Unas imágenes tomadas por Reuters a finales de noviembre y publicadas. Ahora han impactado en la Cumbre de Copenhague. En ellas, un oso polar macho arrastra los restos de un cachorro arrebatado a su madre, lo desmiembra y lo devora.

Las impactantes fotografías fueron tomadas al norte de Canadá. El calentamiento global está derritiendo los terrenos de caza del Ártico y reduciendo la población de osos polares, según un estudio de científicos estadounidenses sobre los impactos del cambio climático. Muchos de estos osos, mueren ahogados por el deshielo.

Según algunos activistas, el cambio climático sería también el culpable de que la especie se estuviera viendo empujada al canibalismo para sobrevivir.

Sin embargo, el verdadero motivo que lleva a los osos polares macho a devorar a sus crías es otro.

Según explica el profesor José Luis Tellería, catedrático de Zoología de la Universidad Complutense de Madrid, «este comportamiento lo llevan a cabo los osos machos para inducir el celo de las hembras».

El oso macho ataca a sus crías para que la hembra vuelva a querer aparearse

«El oso macho ataca a sus crías para que la hembra vuelva a querer aparearse», explica. «Esto también ocurre en la población de los osos cantábricos y con cierta frecuencia, es un proceso natural por cruel que parezca», afirma Tellería.

Los oseznos pueden llegar a pasar hasta dos años pegados a su madre, junto a la que aprenden también a protegerse de los machos adultos que en ocasiones quieren matarlos para poder volver a aparearse con la hembra.

El profesor añade que «no hay que negar que los osos polares están pasando una muy mala racha y la destrucción de su hábitat les lleva a tener más hambre». Sin embargo, Telledía duda de que se pueda dar un cambio en su comportamiento de manera espontánea hacia el canibalismo «antes morirían por debilidad y otras enfermedades».

Otras especies que practican el caníbalismo por instinto

El canibalismo se da también en otras especies animales. Como explica el experto en zoología es habitual en las rapaces. Estas aves «incuban sus huevos desde el principio, por eso unas crías nacen antes y otras después, y el pollo mayor se puede comer al más pequeño si no hay suficiente comida para sobrevivir».

Tellería pone también como ejemplo a los tiburones. Sus huevos se desarrollan dentro del tracto genital femenino, por lo que si algún embrión eclosiona antes que los demás, los pequeños tiburones devoran a sus hermanos.


  Fuentes: El País semanal y rtve.es

 

https://tudeudaconelplaneta.es.tl/Conducta-animal.htm