Por Javier Mariscal C. El 12 Dic. 2019

 

Uno de los animales más extremos de la naturaleza es la ballena azul. Sus magníficas dimensiones y las características que hacen único a este animal siempre despiertan interés. Es el mamífero más grande del mundo. Por eso, un equipo de investigación decidió medir su frecuencia cardíaca por primera vez. Los sorprendentes resultados confirman que la ballena azul tiene dos latidos por minutos, una frecuencia que luego adapta a otro ritmo.

La ballena azul tiene dos latidos por minuto en inmersiones profundas.

Un metabolismo lento

La biología de la ballena azul –Balaenoptera musculus- ha fascinado a los fisiólogos. Y es que a pesar de las altas demandas energéticas que exige un cuerpo de tan magnánimas dimensiones, estos animales cuentan con unas tasas metabólicas muy bajas. Las cuales, en parte, ahora creen los científicos que podrían estar motivadas por las bajas frecuencias cardíacas apreciables en estos gigantes de los océanos.

Así, por primera vez los investigadores han medido la frecuencia cardíaca del mamífero más grande del mundo en la naturaleza. Los datos han resultado extremos. Los resultados recogidos en el artículo titulado Extreme bradycardia and tachycardia in the world’s largest animal han sido publicados recientemente en PNAS.

El tamaño del corazón de una ballena azul es el de un automóvil.

La ballena azul tiene dos latidos por minuto… a veces

De este modo, un equipo de la Universidad de Standford liderado biólogo de la Estación Marina de Hopkins J. A. Goldbogen iniciò la investigación. Conectó con ventosas varios monitores de frecuencia cardíaca a una ballena azul durante su actividad alimenticia, cuando el coloso se lanzaba con la boca abierta a través de los bancos de krill de los que se alimenta. «En nuestro estudio utilizamos una etiqueta de registro de profundidad de electrocardiograma llamada ECG. Mide las frecuencias cardíacas de las ballenas azules durante las inmersiones de alimentación de hasta 184 metros y hasta durante 16 minutos y medio» explica Goldbogen.

Después de grabar durante casi 9 horas, el equipo descubrió que la frecuencia cardíaca de la ballena se desplomó a un mínimo que sorprendía. La ballena azul tiene dos latidos por minuto cuando se sumerge profundamente. Y luego se dispara nuevamente cuando la ballena reaparece en superficie, alcanzando un máximo de 37 latidos por minuto.

Un corazón que se adapta

El secreto de esta gran capacidad de ahorro energético podría encontrarse en un corazón único y altamente adaptado. «Estas dinámicas de frecuencia cardíaca explican el diseño hemodinámico único en las ballenas rorcuales, que consiste en un arco aórtico elástico de gran diámetro y gran conformidad que permite que la aorta acomode la sangre expulsada por el corazón y mantenga el flujo sanguíneo durante las largas y variables pausas entre los latidos del corazón» explican los investigadores en el artículo, quienes se sorprenden a su vez, de una frecuencia cardíaca tan lenta dada la cantidad de energía que las ballenas gastan para alimentarse. Esta baja tasa probablemente permite a las ballenas redistribuir temporalmente el oxígeno a los músculos de todo el cuerpo a medida que se lanzan a por su alimento.

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28/02/2024