Las verrugas son lesiones benignas e indoloras de la piel que se achacan a la infección de las células epiteliales por el llamado papilomavirus humano. Son muy frecuentes entre niños y adolescentes aunque en realidad es un problema prácticamente universal ya que se calcula que el 40% de la población mundial tiene o ha tenido verrugas en alguna ocasión. Los expertos dicen que si las verrugas no molestan es mejor ni tocarlas pues en un alto porcentaje de casos acaban desapareciendo espontáneamente. Ahora bien, si no puede o no quiere esperar sepa que hay distintas posibilidades para eliminarlas.

Para quien las sufre son un auténtico calvario, no porque sean dolorosas sino porque -dependiendo de su localización y especialmente si afean la cara- pueden provocar inseguridades y complejos. Y es que la verruga es uno de los defectos estéticos con los que tradicionalmente más se ha ensañado la sociedad. De hecho, incluso la literatura ha colocado feas verrugas en los rostros de quienes se consideran seres monstruosos. ¿O quién no tiene en la mente la imagen de un horrible bulto rugoso en la nariz de ciertas mujeres -también horribles- con puntiagudo sombrero negro y escoba voladora? Afortunadamente en la actualidad se sabe que en un gran porcentaje de casos las verrugas acaban secándose y cayendo solas pocos meses después de haber aparecido. Pero para quienes esa espera pueda ser excesivamente larga existen distintos procedimientos terapéuticos para desterrarlas durante mucho tiempo.

¿QUÉ SON LAS VERRUGAS?

Las verrugas son, en suma, tumores epiteliales hiperqueratósicos, benignos e indoloros –generalmente de la piel – que aparecen cuando las células epidérmicas son infectadas por el papiloma, virus humano del que existen más de cien subtipos diferentes. Externamente se caracterizan por un engrosamiento de las capas de la epidermis que forman una tumoración redonda u oval, dura, áspera y rugosa que se levanta sobre la piel. Por lo general -luego veremos la particularidad de las verrugas genitales- no suponen un problema médico pues ni afectan a órganos internos ni degeneran en enfermedades más graves como el cáncer de piel. Son muy frecuentes en la infancia y la adolescencia si bien pueden desarrollarse a cualquier edad, tanto en hombres como en mujeres. De hecho se las considera un problema prácticamente universal ya que se estima que alrededor del 40% de la población mundial tiene o ha tenido una verruga en alguna ocasión. Y es que al ser de origen vírico es relativamente sencillo el contagio tanto entre personas – especialmente en el caso de las verrugas genitales o plantares, como explicaremos a continuación- como a otras zonas del propio cuerpo del afectado. A este respecto es importante saber que desde el contagio del virus hasta la manifestación visible de la verruga pueden transcurrir meses -incluso años- y que cuando aparecen pueden confundirse con callosidades (si están en el pie o las manos) o con lesiones cutáneas más graves. De ahí que para salir de dudas y obtener un diagnóstico claro lo mejor sea acudir a un dermatólogo que establezca qué tipo de lesión es, cuál es su origen y cómo debe desarrollarse el tratamiento.

Sepa en cualquier caso que el curso clínico de una infección de este tipo es poco predecible ya que una vez aparecidas las primeras verrugas éstas pueden desaparecer, estabilizarse o crecer de forma variable. En muchos casos, y sin que aún se tenga explicación médica para este fenómeno, las verrugas desaparecen sin más, sin ningún tratamiento, especialmente en los niños. Y se le ha puesto cifras a este fenómeno: un 30% de las lesiones se secan y se caen en los primeros seis meses y hasta un 65% en los primeros dos años desde su aparición. Son muy pocas las verrugas que permanecen más de 5 años sobre la piel.

Por otro lado, hay que señalar que existen varios tipos de verrugas. Lo común a todas ellas es que son causadas por uno o varios de los más de 100 genotipos diferentes del papiloma virus humano que se han descrito. Así, algunos de estos virus -que tienen ADN- tienden a causar verrugas en la piel mientras que otros las provocan en los genitales o en el área rectal. La apariencia, tamaño y grado de molestia funcional o estética que provocan depende de dónde se encuentren y del grado de irritación y de trauma que sufran.

Pues bien, una vez descritas las características comunes de las verrugas detallemos los rasgos de sus tipos más frecuentes. Son éstos:

1) Verrugas comunes.

Son de superficie rugosa, consistencia firme y coloración similar a la piel con tendencia a adoptar una forma redondeada. En general su tamaño oscila entre 1 mm. y 1 cm. pero no es raro que confluyan varias formando placas. No suelen causar molestias a menos que estén en áreas de fricción o de presión repetitiva. Generalmente crecen en los dedos, alrededor de las uñas y en el dorso de la mano aunque pueden aparecer en cualquier otra zona del cuerpo, incluido el cuero cabelludo. Son más comunes donde la piel se ha lesionado. Por eso son tan frecuentes en las personas que se muerden las uñas o se arrancan los padrastros. Precisamente las verrugas alrededor o bajo las uñas son mucho más difíciles de curar.

Dentro de este grupo de las verrugas comunes se encuentran también las llamadas verrugas filiformes que son lesiones diminutas, largas y de escaso diámetro que aparecen en los párpados, la cara y el cuello.

Aunque la apariencia de las verrugas comunes es familiar para muchas personas lo conveniente es que sean diagnosticadas por un profesional para que éste descarte que podamos estar confundiendo una inofensiva verruga con otras dolencias más graves como la queratosis actínica o la seborreica, el carcinoma espinocelular (un tipo de tumor maligno), el queratoacantoma, el nevus melanocíticos verrucosos o los fibromas péndulos.

2) Verrugas plantares.

Generalmente aparecen en las plantas de los pies y su contagio suele deberse a caminar descalzo por piscinas o baños públicos. Pueden producirse aisladas o en grupo. En este caso se las llama «verrugas en mosaico». La mayoría de las verrugas plantares no sobresalen de la superficie de la piel como lo hacen las verrugas comunes porque la presión al caminar las aplasta y las empuja hacia el interior de la piel. Al caminar la persona afectada siente como si tuviera piedras en el zapato por lo que la situación puede resultar muy dolorosa. Son difíciles de tratar porque la mayor parte de la verruga se encuentra bajo la superficie de la piel.

3) Verrugas planas.

Son más pequeñas, lisas y suaves que otras verrugas. Por lo general crecen en grupos de entre 20 y 100 y en cualquier parte del cuerpo pero en los niños son más comunes en la cara. Este tipo de verruga le sale a los hombres comúnmente en el rostro -donde crece la barba- y a las mujeres en las piernas. Su contagio suele ser por autoinoculación.

4) Verrugas genitales.

Usualmente se encuentran en los órganos genitales, en el área púbica y entre los muslos pero pueden aparecer dentro de la vagina y del recto. También se las llama condilomas acuminados y provocan picor, irritación y leucorrea (exudado blanquecino por la vagina en la mujer). Son blandas y la superficie no es áspera como la de las verrugas comunes. Se extienden por contacto sexual y son        tan contagiosas que, de hecho, estos condilomas son la más común de las infecciones de transmisión sexual de los países desarrollados. Además, se consideran una de las principales causas de displasia del cuello uterino y de cáncer de útero y de pene.

En suma, las verrugas genitales son muy contagiosas. Las demás no suelen diseminarse de una persona a otra sino más bien contagiarse de una parte a otra del propio cuerpo. Por eso los médicos insisten en que la persona afectada no debe tocar o rascarse la verruga para evitar en lo posible que el virus se extienda. Como es obvio, tratar de cortar, romper, quemar o arrancar la verruga es una conducta tan estúpida como irresponsable. El afectado tampoco debe automedicarse o aplicarse remedios caseros porque puede estar tratando como verruga algo que no lo es. No lo dude pues: acuda a un dermatólogo y que sea él quien le ponga a tratamiento.

5) Antíviricos. Algunos productos han demostrado eficacia antivírica notable. Son los casos del Viusid y del Bio-Bac (actualmente comercializado como Renoven). Y no olvidemos las infusiones de anís estrellado, hipérico y equinácea así como la ingesta de própolis.

DISTINTOS TRATAMIENTOS

Ya hemos mencionado que un alto porcentaje de las verrugas desaparecen por sí mismas sin que se sepan exactamente los motivos. Pero las verrugas que no desaparecen de forma espontánea pueden ser eliminadas mediante distintos procedimientos lo cual significa que no hay tratamiento plenamente satisfactorio. Y es que, de hecho, no existe terapia antivírica específica para el virus del papiloma humano. Por tanto, optar entre una técnica u otra dependerá de distintos factores que tendrá que valorar el dermatólogo. Lo común es que se comience con procedimientos poco agresivos y se vaya aumentando la intensidad. Eso sí, como son lesiones benignas sólo se utilizarán terapias agresivas -incluido el láser y la cirugía- en contados casos. La máxima es: si las verrugas no molestan, mejor ni tocarlas porque es muy probable que desaparezcan por sí solas en unos pocos meses y algunos de los procedimientos para eliminarlas pueden dejar cicatrices o manchas en la piel.

Claro que cuando las verrugas sangran, duelen, se complican, crecen, están en zonas de roce constante, son de tipo genital, se multiplican rápidamente, cambian de color o de forma, su localización implica algún riesgo para los tejidos u órganos o, simplemente, molestan por razones estéticas lo conveniente es no esperar a que la verruga se seque sola. En estos casos se puede optar por distintos tratamientos:

-Los ácidos salicílico y láctico. Hacen desaparecer -o empequeñecer- el 70% de las verrugas sobre las que se aplican. Estos ácidos se utilizan para eliminar la porción más superficial de las verrugas comunes y destruyen lentamente las células epiteliales infectadas por el virus. El procedimiento – diario y durante al menos 3 meses- es el siguiente: se humedece la verruga con agua jabonosa, se raspa su superficie con una lija o con una piedra pómez y se aplica el ácido dejando que seque. El ácido penetra más profundamente y funciona mejor cuando se aplica sobre la piel húmeda. Al día siguiente, antes de ducharse, se vuelve a lijar la superficie muerta de la verruga y así se la va haciendo desaparecer poco a poco sin afectar al resto de los tejidos y sin que quede cicatriz. Éste es el único tratamiento para las verrugas del que se ha comprobado su eficacia mediante estudios controlados y muchos dermatólogos lo consideran más efectivo y menos lesivo que cualquiera de las otras técnicas.

De forma similar se utiliza también el nitrato de plata. Los resultados también son buenos pero la piel donde estaba la verruga queda teñida y, además, puede tardarse más de 3 meses en eliminarla. También funciona el gluteraldehido, un producto disponible en farmacias en forma de gel o de solución acuosa que se aplica sobre la verruga una vez al día. Antes de cada aplicación deberá lijarse el tejido necrótico para que el efecto sea mayor. Se utilizará hasta que desaparezca y a veces deja una hiperpigmentación marrón en la piel donde se encontraba la lesión.

Crioterapia: La aplicación de Crioterapia es también útil en el tratamiento de las verrugas. Generalmente se aplica cada semana hasta que desaparecen. Se utiliza nitrógeno líquido durante 15 a 30 segundos para coagular la verruga y destruirla luego mediante la congelación de las células infectadas. La congelación produce molestias pasajeras y en muchos casos una pequeña ampolla que desaparece a los pocos días. En cuanto al riesgo de que el tratamiento deje cicatriz éste es mínimo porque las fibras de colágeno son resistentes a la congelación. Eso sí, en algunas ocasiones pueden aparecer manchas porque los melanocitos son muy sensibles. El éxito de esta técnica se sitúa en el 70% tras unos cuatro meses de tratamiento regular.

Electrocirugía. Como nos explicara el doctor Luis García Cremades, director médico de la madrileña Clínica LongeBell Salud en la que se practica este tratamiento, «bajo anestesia local se coagula la verruga, se extrae y se cauteriza la base mediante un bisturí eléctrico«. Generalmente se requieren unas dos semanas para curar la herida que puede dejar cicatriz. Eso sí, incluso utilizando adecuadamente esta técnica un 20% de las verrugas recidivan -es decir, vuelven a parecer- al cabo de unos meses.

Inmunoterapia. Se trata de aprovechar el poder del sistema inmune. El método consiste en inducir en el paciente una reacción alérgica en la zona de las verrugas usando un agente químico que haga reaccionar rápidamente al sistema defensivo. Se logra así que las verrugas desaparezcan en poco tiempo. También se puede inyectar directamente interferón en ellas para ayudar al sistema inmune a combatir el virus que lo causa.

Otra buena opción es la Microinmunología que consiste en «potenciar el sistema inmune con un tratamiento especial de Homeopatía«. La practica el ya mencionado doctor García Cremades quien, según afirma, «permite eliminar por sí sólo el virus que provoca las verrugas«. Añadiendo: «Es especialmente útil en los casos de verrugas múltiples, como las filiformes, que suelen aparecer incluso por cientos y que aunque se eliminen con Electrocirugía o cualquier otra técnica vuelven a aparecer. En la mayoría de los casos la Microinmunología las hace desaparecer en un plazo de dos a cuatro meses sin que normalmente vuelvan a aparecer«.

Láser: puede ser utilizado en caso de verrugas que son difíciles de tratar con otras terapias. Uno de los más empleados es el láser de CO2. Así, el doctor Ángel Martín -director médico del madrileño Centro Clínico Menorca– nos contaría que la eliminación de verrugas con láser es un procedimiento quirúrgico ambulatorio para el que sólo se requiere anestesia local. «El láser-explica el doctor Martín- actúa puliendo suavemente las lesiones hasta alcanzar el nivel del resto de la piel respetando la total integridad de los tejidos que rodean la zona. No son necesarios ni el bisturí ni los puntos de sutura que dejarían una cicatriz estéticamente indeseable«. No obstante, los dermatólogos advierten de que esta técnica puede dejar alguna cicatriz más o menos visible. El tratamiento se lleva a cabo en una sola sesión aunque, según los casos, pueda ser necesario un retoque pasados 2 o 3 meses. «En cuanto a los cuidados posteriores al tratamiento -continuaría diciéndonos el doctor-bastará con aplicar una pomada cicatrizante dos o tres veces al días hasta alcanzar la formación de una pequeña costra que desaparecerá por sí sola al poco tiempo. También habrá que utilizar una crema de protección solar para evitar que esa zona tratada se hiperpigmente«.

Cirugía: es muy raro que se recomiende la extirpación quirúrgica de la verruga ya que en tal caso deja normalmente una cicatriz permanente sin producir mejores resultados que las anteriores técnicas.

En definitiva, ha de quedar claro que ningún tratamiento garantiza su total y permanente eliminación. Los mejores resultados se obtienen en las personas más jóvenes con menor tiempo de duración de la infección pero esos mismos resultados se obtendrían de forma natural sin tratamiento alguno. Lo común es que en un 35% de los pacientes -tratados o no- se produzcan recidivas o aparezcan nuevas verrugas en el primer año después del tratamiento, probablemente a causa de la persistencia de queratinocitos infectados porque las verrugas viejas contagiaran la piel circundante antes de ser tratadas. Por eso ante la alta probabilidad de recidivas se recomienda evitar en lo posible los tratamientos más agresivos o aquellos que puedan dejar manchas o cicatrices -incluso queloides- aunque sí se considera conveniente tratar las verrugas nuevas tan pronto como reaparezcan para intentar limitar la posibilidad de un nuevo contagio. Para evitarlo será necesaria la colaboración del propio afectado que deberá recordar no tocar las verrugas y no intentar librarse de ellas mediante peligrosos procedimientos caseros. Si quiere eliminarlas con seguridad, aunque sólo sea temporalmente, deje que lo haga un profesional.

L J.

Recuadro:

El tratamiento de las verrugas con ajo

«Uno de los factores que han ayudado a que el ajo se convierta en una estrella de las medicina natural es su gran poder corrosivo y necrosante sobre las verrugas«. Eso es, al menos, lo que plantea Juan T. Copán en su libro La salud por el ajo y la cebolla. Según el autor basta con partir un diente de ajo por la mitad y untarlo todos los días -preferiblemente por la mañana o antes de la ducha- sobre la zona afectada. «La verruga -explica- primero se ablandará, después se secará y finalmente desaparecerá o se caerá por sí sola«. Añadiendo: «El tratamiento es largo pero efectivo ya que evita la nueva formación de verrugas o bien que éstas se reproduzcan una vez finalizado el tratamiento«.

Y termina con un consejo: «Si la aplicación del ajo resulta molesta, picante o irritante se puede aplicar junto a una cucharada de aceite de oliva o de almendras para evitar escozores«.

Acuda a un profesional

Las verrugas se pueden confundir con otro tipo de lesiones más graves como la queratosis actínica, la queratosis seborreica, el carcinoma espinocelular, el queratoacantoma, el nevus melanocíticos verrucosos o los fibromas péndulos, entre otras. O con un simple e inofensivo callo. Por tanto, para estar seguros lo adecuado es acudir a un dermatólogo. Y también deberá acudir al médico si se presenta alguna de estas situaciones:

-Un cambio del color o de apariencia de la verruga.

-Dolor asociado a la verruga.

-Si existen signos de infección como pus, fiebre, secreción, etc.

-Si las verrugas no desaparecen por sí solas y el paciente quiere extirpárselas.

-Si las verrugas empiezan a sangrar de forma significativa o si el sangrado no se detiene con una simple presión ligera.

-Si la persona tiene diabetes o el sistema inmune debilitado.

 

Fuente; Revista Discovery Salud. Número 91 – Febrero 2007

 9/05/2024