A pesar de que gobierno y estudiantes estaban enfrentados, nadie sospechó que se estaba preparando la llamada Operación Galeana, que culminaría con la trágica matanza que comenzó la tarde del 2 de octubre. “Estábamos prevenidos de persecuciones, detenciones y eventualmente alguna acción de violencia con resultados fatales. Pero no de una acción militar de esa magnitud”, afirmaría años después Raúl Álvarez Garín, un dirigente del Consejo Nacional de Huelga.
El día anterior, se celebraron dos asambleas en las que los estudiantes reafirmaron su decisión de no volver a las clases mientras no fueran atendidas sus demandas, invitando a todos los interesados a un mitin en la plaza de las Tres Culturas que tendría lugar la tarde siguiente. Cumpliendo el programa, el mitin comenzó sobre las 15:30 horas de aquel 2 de octubre.
Menos de tres horas más tarde, un helicóptero que sobrevolaba la plaza lanzó unas bengalas verdes. Fue la señal para que diera comienzo la Operación Galeana, por la que el Ejército bloqueó todos los accesos a la plaza y disparó contra los presentes, según contaron testigos de la matanza en el documental Tlatelolco: las claves de la masacre. Una de las testigos, citada por la escritora Elena Poniatowska en su libro La noche de Tlatelolco, describiría así la escena: “Los gritos, los lamentos de dolor, los lloros, las plegarias y el continuo y ensordecedor ruido de las armas hacían de la plaza de las Tres Culturas un infierno de Dante”.
Una escena terrorífica
El tiroteo cesa sobre las 19:00 h (aunque se reanudaría más tarde). Durante las siguientes horas, el Ejército ocupa varios edificios de la zona, en una operación que se calcula que fue ejecutada por centenares de soldados armados. Los detenidos son puestos contra la pared, desnudos, hasta que llegan los camiones que conducirán a la mayoría de ellos al campo militar número 1. Las armas no dejan de disparar definitivamente hasta entrada la noche.
Las tropas del Ejército mexicano hicieron registros en los edificios cercanos a la plaza de la Tres Culturas, en busca de estudiantes que se habían refugiado en ellos. Foto: Associated Press.
Además de decenas de cadáveres, hay cientos de heridos y los centros sanitarios quedan desbordados. Los vecinos de los edificios colindantes que se atreven a mirar por la ventana aseguran que la escena parecía algo irreal. A pesar de que aquella noche llovía, fueron necesarias varias mangueras de bomberos para limpiar de sangre la plaza de las Tres Culturas.
Al día siguiente, el periódico Excelsior titulaba: “Recio combate al dispersar el Ejército un mitin de huelguistas. 20 muertos, 75 heridos y 400 presos”. Por su parte, el diario Novedades decía en su portada: “El Ejército mantiene la tranquilidad y se informa oficialmente de 29 muertos”. La misma línea siguió el resto de la prensa nacional, con titulares como “24 civiles muertos y más de 500 heridos” o “Barrió el Ejército con un foco de subversión en Tlatelolco”.
El presidente Gustavo Díaz Ordaz no habla sobre la masacre hasta once meses después, cuando dice reconocer “íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica por las acciones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”. No hablará de cifras ni valorará si fue una acción acertada o no hasta ocho años más tarde, cuando culpabilice a los propios estudiantes de lo ocurrido asegurando, en una rueda de prensa, que dispararon contra los soldados y contra sus propios compañeros y ratificándose en que no hubo centenares de muertos: “Tengo entendido que pasaron de treinta y no llegaron a cuarenta”.
Más de 500 heridos fueron atendidos aquella noche de octubre de 1968. En la foto, un lesionado es trasladado por la Cruz Roja. Foto: Associated Press.
Sin embargo, las cifras que manejaron algunos periódicos extranjeros fueron muy distintas. El periodista John Rodda, presente en la plaza de las Tres Culturas, publicó en The Guardian la cifra de 500 muertos, aunque una investigación realizada posteriormente por el mismo medio fijó el número final en 325. Esa cifra es la que a día de hoy se maneja como la más probable. En cuanto a los heridos, se habla de miles, igual que los detenidos, que fueron más de 2.000 según el documental Tlatelolco: las claves de la masacre. El Ejército se mantuvo en la plaza de Tlatelolco hasta el 9 de octubre, cuando se había cumplido una semana de la matanza.
Diez días después de la masacre, se celebró la gran ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, que transcurrió sin altercados. La XIX Olimpiada fue aprovechada por dos atletas estadounidenses, Tommie Smith y John Carlos, para protestar por la segregación racial. Tras ganar el oro y el bronce en la carrera de 200 metros, alzaron el puño enfundado en un guante negro mientras sonaba el himno estadounidense, como gesto de apoyo al Black Power (Poder Negro).
Inauguración de los XIX Juegos Olímpicos en Ciudad de México. Foto: Associated Press.
Las consecuencias de la matanza
Sin embargo, ninguna delegación se retiró de los Juegos Olímpicos por la masacre de Tlatelolco y pocas voces se alzaron en contra de lo ocurrido, aunque sí hubo algunas relevantes. Mientras James Hines hacía Historia en la final de los 100 metros lisos, al convertirse en el primer hombre en lograr un tiempo de menos de 10 segundos en unos Juegos Olímpicos, y Bob Beamon lograba un récord en salto de longitud alcanzando 8,9 metros que tardarían 22 años en batirse, el poeta Octavio Paz, embajador de México en la India, renunciaba a su puesto tras lo ocurrido.
Otra voz que sonó con fuerza tras la masacre fue la de la periodista italiana Oriana Fallaci, que se encontraba en la plaza de las Tres Culturas la tarde del 2 de octubre y fue una de las víctimas de la intervención militar. Convalecía en el Hospital Francés recuperándose de los tres balazos recibidos cuando aseguró no haber visto, ni siquiera en la guerra, una matanza de tales magnitudes. Su asombro alcanzaba también a la cobertura informativa de aquella atrocidad. Tal fue su indignación contra unos medios de comunicación que, según la periodista, ocultaban la verdad y contra un gobierno silencioso que atemorizaba a la sociedad, que llegó a prometer que no volvería nunca a México.
La periodista italiana Oriana Fallaci, mientras se recupera en el hospital, recibe al embajador italiano en México, Enrico Guastone Belcredi. Foto: Associated Press.
El 27 de octubre, tres semanas después de la matanza de Tlatelolco, concluían los Juegos Olímpicos de México. Un mes y medio más tarde, los estudiantes regresaban a las aulas donde todo había comenzado.
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19/03/2025